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Jean Lorrain La princesa de las azucenas rojas Concordancias (Hapax Legomena) |
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1 7 | digital besada una herida abierta, una llaga ensanchada que 2 7 | quitando la vida en un abrazo, fúnebre ayuda de campo 3 2 | Era un lugar severo, al abrigo de las rutas y del paso 4 7 | sabía purificada por la absolución; además, los campos de batalla 5 7 | confesión de sus faltas y la absolvía; pues las faltas de las 6 8 | un desgraciado fugitivo acababa de derrumbarse con un grito 7 9 | del convento, donde los acogería la indolente caridad de 8 10 | la princesa Audovère se adelantó y se puso lentamente a deshojar 9 3 | seria y pensativa, como agobiada bajo el peso de un profundo 10 10 | misma tarde, al herido que agonizaba en la cripta. Él levantó 11 9 | pensamiento la obsesionaba: este agonizante era, sin duda, algún enemigo 12 7 | forajidos y los mendigos, agradan al orgullo de las vírgenes: 13 1 | dieciséis años, ojos grises de águila bajo altaneras cejas y tan 14 8 | polvo, y su pobre cuerpo agujereado sangraba por siete heridas. 15 | ahí 16 10 | innumerables renacían las flores. Ahora todo era un campo de altas 17 10 | auténtico ejército de picas y alabardas transformadas a la luz de 18 8 | noche (¿cómo había podido alcanzar aquel claustro ignorado?) 19 4 | con el corazón pleno de alegría esperanzada, como otra mujer 20 | alguna 21 9 | debía haberse librado en los alrededores, más cerca de lo que sospechaban 22 1 | ojos grises de águila bajo altaneras cejas y tan blanca que habríase 23 3 | los antiguos cálices del altar.~ ~ 24 9 | muñones, rodearía de aquí al amanecer el recinto del convento, 25 3 | con un bajo bordado con amplios tréboles de oro, se arrastraba 26 7 | ante la sangre el horror angustiado de las madres -las madres 27 3 | bermejo algo pálido de los antiguos cálices del altar.~ ~ 28 10 | desgarrando, marchitando, aplastando todo ante ella, cuando una 29 9 | podido verlo cruzar el jardín apoyado en el brazo de dos viejas 30 11 | azucenas entre las manos y apretadas sobre el corazón. Yacía 31 5 | que se ensangrentaban de arcilla y hojas muertas en otoño; 32 5 | abril como en octubre, en el ardiente junio como en noviembre, 33 3 | amplios tréboles de oro, se arrastraba tras sus pasos, y un círculo 34 10 | Era pleno julio y largos arriates de azucenas embalsamaban 35 6 | enfermizo de sus labios se asemejaba al púrpura avinado de las 36 10 | Audovère proseguía su obra asesina decapitando sin piedad, 37 | Así 38 8 | niño a la puerta del santo asilo; estaba negro de sudor y 39 3 | Al atardecer, la princesa salía a veces 40 3 | ligero velo de gasa azul que atenuaba el color de sus cabellos. 41 10 | sus sienes y la princesa, aterrorizada, reconoció al desgraciado 42 11 | sobre el corazón. Yacía atravesada en una avenida a la entrada 43 10 | un deletéreo incienso. Y aunque desfallecida, encarnizada 44 1 | Era una austera y fría hija de reyes; apenas 45 10 | hostiles bajo sus pasos, un auténtico ejército de picas y alabardas 46 6 | besaba con frecuencia como automáticamente, mientras que sus dedos 47 11 | Yacía atravesada en una avenida a la entrada del jardín, 48 6 | se asemejaba al púrpura avinado de las flores y, cosa extraña, 49 7 | vida en un abrazo, fúnebre ayuda de campo y misterioso verdugo 50 8 | bendita con un crucifijo, para ayudarle a pasar de la vida a la 51 7 | hermosos dedos lentos. Cada azucena deshojada era un cuerpo 52 3 | sienes un ligero velo de gasa azul que atenuaba el color de 53 10 | altas, una transparencia azulada, un cadáver humano emergió. 54 10 | través de los altos tallos bañados por el claro de luna que 55 7 | del convento, un anciano barnabita ciego, recibía la confesión 56 10 | corona de espinas manchaba de barro y sanie el entorno de sus 57 4 | pensamientos eran pensar en las batallas, en los peligros de los 58 8 | helada para que pudiera beber y un hisopo mojado en agua 59 7 | masacrando sin piedad las bellas azucenas candorosas, dando 60 8 | un hisopo mojado en agua bendita con un crucifijo, para ayudarle 61 3 | polen de las azucenas y el bermejo algo pálido de los antiguos 62 7 | la batalla, cada digital besada una herida abierta, una 63 7 | candorosas, dando la muerte en un beso, quitando la vida en un 64 7 | hechizo, iba prodigando sus besos a las venenosas flores rojas, 65 7 | El anciano rey lo sabía bien. Y mantenía lejos de la 66 7 | temerosas por sus hijos bienamados -; y además, Audovère era 67 8 | muerte, pues daba ya sus bocanadas con el pecho oprimido por 68 5 | su vestido de lana blanca bordada con tréboles de oro, en 69 3 | lana blanca con un bajo bordado con amplios tréboles de 70 2 | debilitada a través de la bóveda tupida formada por las hojas 71 9 | el jardín apoyado en el brazo de dos viejas hermanas y 72 10 | humano emergió. Con los brazos extendidos en cruz, los 73 3 | atenuaba el color de sus cabellos. Audovère era rubia como 74 10 | transparencia azulada, un cadáver humano emergió. Con los 75 7 | pueblos, y el olor de los cadáveres es incienso al pie del trono 76 10 | carne; en un momento, algo cálido le cayó sobre las manos 77 2 | Sólo el rey conocía el camino hacia él y la princesa no 78 7 | absolución; además, los campos de batalla y las noches 79 7 | piedad las bellas azucenas candorosas, dando la muerte en un beso, 80 7 | su padre. Cada noche el capellán del convento, un anciano 81 10 | deshojando sin descanso cálices y capullos; pero mientras más destrozaba 82 10 | ofrecían resistencias y caricias de carne; en un momento, 83 9 | los acogería la indolente caridad de las hermanas.~ ~ 84 10 | resistencias y caricias de carne; en un momento, algo cálido 85 10 | momento, algo cálido le cayó sobre las manos que ella 86 1 | de águila bajo altaneras cejas y tan blanca que habríase 87 8 | emocionadas, regresaron a sus celdas y el convento se sumió en 88 1 | dicho que sus manos eran de cera y sus sienes de perlas. 89 | cerca 90 6 | supieron más tarde) una ceremonia de sombra y sangre.~ ~ 91 7 | convento, un anciano barnabita ciego, recibía la confesión de 92 7 | enarbolados hacia el rojizo cielo, los príncipes, los forajidos 93 3 | arrastraba tras sus pasos, y un círculo de plata labrada sujetaba 94 10 | altos tallos bañados por el claro de luna que se erguían en 95 6 | cogidas en la linde de los claros del bosque; y el color rosa 96 6 | digitales de color violeta cogidas en la linde de los claros 97 9 | después de algún horroroso combate. La batalla debía haberse 98 1 | lejanas conquistas cuando no combatía en la frontera, había crecido 99 8 | el pecho oprimido por un comienzo de agonía. A las nueve, 100 | cómo 101 7 | virginidad funesta. La princesa cómplice lo sabía también: de ahí 102 7 | faltas de las reinas sólo condenan a los pueblos, y el olor 103 7 | barnabita ciego, recibía la confesión de sus faltas y la absolvía; 104 1 | primera infancia había sido confiada a unas religiosas: la princesa 105 1 | siempre ocupado en lejanas conquistas cuando no combatía en la 106 7 | la princesa Audovère no contaba ya sus lejanas victorias. 107 10 | insípido y pesado, con sus copas repletas de un deletéreo 108 7 | paso a la sangre de los corazones; y la princesa Audovère 109 10 | sus manos sangrantes; una corona de espinas manchaba de barro 110 6 | realizaba algún oscuro rito correspondiendo a través de los espacios 111 6 | avinado de las flores y, cosa extraña, no deshojaba jamás 112 10 | oscuridad la herida de su costado izquierdo y de sus manos 113 6 | grandes azucenas blancas crecidas en el jardín del convento, 114 1 | combatía en la frontera, había crecido en un claustro, en medio 115 10 | extendidos en cruz, los pies crispados uno sobre otro, mostraba 116 8 | mojado en agua bendita con un crucifijo, para ayudarle a pasar de 117 6 | las azucenas. Una sonrisa cruel entreabría entonces sus 118 10 | en cuádruples pétalos y, cruelmente fatigada, pero presa de 119 10 | los brazos extendidos en cruz, los pies crispados uno 120 9 | Apenas había podido verlo cruzar el jardín apoyado en el 121 10 | transformadas a la luz de la luna en cuádruples pétalos y, cruelmente fatigada, 122 7 | lejanas victorias. Desde hacía cuatro años que conocía el hechizo, 123 5 | abril, los altos taludes se cubrían de prímulas, que se ensangrentaban 124 7 | bellas azucenas candorosas, dando la muerte en un beso, quitando 125 2 | la luz del sol y además debilitada a través de la bóveda tupida 126 10 | proseguía su obra asesina decapitando sin piedad, deshojando sin 127 10 | sus copas repletas de un deletéreo incienso. Y aunque desfallecida, 128 6 | del convento, y era tan delgada y blanca ella misma que 129 5 | y siempre fría y pálida dentro de su vestido de lana blanca 130 8 | la cripta de las tumbas. Depositaron junto a él una jarra de 131 7 | batalla y las noches de derrota donde están en los estertores 132 8 | desgraciado fugitivo acababa de derrumbarse con un grito de niño a la 133 10 | sin piedad, deshojando sin descanso cálices y capullos; pero 134 10 | jardín; la princesa Audovère descendió al mismo. Y, a través de 135 10 | deletéreo incienso. Y aunque desfallecida, encarnizada en su trabajo, 136 10 | destructiva, la princesa seguía desgarrando, marchitando, aplastando 137 9 | otros fugitivos, de otros desgraciados sangrando y gimiendo; y 138 6 | flores y, cosa extraña, no deshojaba jamás las digitales sino 139 7 | dedos lentos. Cada azucena deshojada era un cuerpo de príncipe 140 10 | decapitando sin piedad, deshojando sin descanso cálices y capullos; 141 10 | adelantó y se puso lentamente a deshojar las flores. Pero, ¡oh misterio! 142 7 | cuando besaba las digitales y despedazaba las azucenas entre sus hermosos 143 6 | parecían experimentar placer al despedazar las azucenas. Una sonrisa 144 9 | escapado de la masacre, último despojo varado en aquel convento 145 | después 146 10 | capullos; pero mientras más destrozaba más innumerables renacían 147 10 | presa de vértigo, de rabia destructiva, la princesa seguía desgarrando, 148 10 | cuando una extraña visión la detuvo. De un manojo de flores 149 11 | Al día siguiente encontraron a 150 8 | el herido la oración de difuntos; las religiosas, algo emocionadas, 151 7 | herido en la batalla, cada digital besada una herida abierta, 152 10 | tumefacto y con tono de reproche dijo: «¿Por qué me has golpeado? ¿ 153 1 | tumbas de los reyes de su dinastía, y desde su primera infancia 154 7 | incienso al pie del trono de Dios. Y la princesa Audovère 155 9 | Sólo Audovère no dormía y pensaba en el fugitivo. 156 9 | este agonizante era, sin duda, algún enemigo de su padre, 157 4 | su pasatiempo y sus más dulces pensamientos eran pensar 158 6 | alguna obra lejana, y era en efecto (los pueblos lo supieron 159 10 | sus pasos, un auténtico ejército de picas y alabardas transformadas 160 4 | en los peligros de los ejércitos y en los príncipes masacrados 161 10 | largos arriates de azucenas embalsamaban el jardín; la princesa Audovère 162 10 | azulada, un cadáver humano emergió. Con los brazos extendidos 163 8 | difuntos; las religiosas, algo emocionadas, regresaron a sus celdas 164 7 | agonía, con infames muñones enarbolados hacia el rojizo cielo, los 165 10 | Y aunque desfallecida, encarnizada en su trabajo, Audovère 166 11 | Al día siguiente encontraron a la princesa Audovère tendida, 167 9 | agonizante era, sin duda, algún enemigo de su padre, algún fugitivo 168 6 | bosque; y el color rosa enfermizo de sus labios se asemejaba 169 7 | herida abierta, una llaga ensanchada que daba paso a la sangre 170 5 | cubrían de prímulas, que se ensangrentaban de arcilla y hojas muertas 171 | entonces 172 10 | manchaba de barro y sanie el entorno de sus sienes y la princesa, 173 11 | atravesada en una avenida a la entrada del jardín, pero a su alrededor 174 6 | azucenas. Una sonrisa cruel entreabría entonces sus labios y habríase 175 6 | de las azucenas. En otoño eras las digitales las que llevaba 176 10 | el claro de luna que se erguían en la noche como húmedas 177 | es 178 9 | su padre, algún fugitivo escapado de la masacre, último despojo 179 3 | se paseaba a paso lento, escoltada por dos filas de religiosas. 180 10 | la cripta. Él levantó con esfuerzo un párpado tumefacto y con 181 6 | correspondiendo a través de los espacios a alguna obra lejana, y 182 4 | regreso de su prometido, ella esperaba en el claustro el retorno 183 4 | como otra mujer habría esperado el regreso de su prometido, 184 4 | corazón pleno de alegría esperanzada, como otra mujer habría 185 10 | sangrantes; una corona de espinas manchaba de barro y sanie 186 | están 187 | estar 188 | estas 189 | este 190 7 | derrota donde están en los estertores de la agonía, con infames 191 10 | misterio! he aquí que se exhalan suspiros y quejas y que 192 6 | mientras que sus dedos parecían experimentar placer al despedazar las 193 10 | emergió. Con los brazos extendidos en cruz, los pies crispados 194 10 | cuádruples pétalos y, cruelmente fatigada, pero presa de vértigo, 195 9 | una humanidad sufriente, fea de sanie y de muñones, rodearía 196 3 | lento, escoltada por dos filas de religiosas. Iba seria 197 | FIN 198 11 | eran rojas. No volverían a florecer blancas en el futuro. Así 199 7 | cielo, los príncipes, los forajidos y los mendigos, agradan 200 2 | través de la bóveda tupida formada por las hojas de los robles.~ ~ 201 6 | sino que las besaba con frecuencia como automáticamente, mientras 202 8 | recogieron y lo instalaron al fresco, más por terror que por 203 1 | cuando no combatía en la frontera, había crecido en un claustro, 204 3 | la princesa salía a veces fuera del recinto del claustro 205 9 | estas horas lleno de otros fugitivos, de otros desgraciados sangrando 206 7 | quitando la vida en un abrazo, fúnebre ayuda de campo y misterioso 207 7 | ignorado, a aquella virginidad funesta. La princesa cómplice lo 208 11 | a florecer blancas en el futuro. Así murió la princesa Audovère 209 3 | sienes un ligero velo de gasa azul que atenuaba el color 210 7 | A cada gesto de la princesa virgen se 211 9 | desgraciados sangrando y gimiendo; y toda una humanidad sufriente, 212 2 | rutas y del paso de los gitanos, y nada penetraba en él 213 10 | reproche dijo: «¿Por qué me has golpeado? ¿Qué te había hecho yo?».~ ~ 214 6 | solía llevar en la mano grandes azucenas blancas crecidas 215 1 | apenas dieciséis años, ojos grises de águila bajo altaneras 216 8 | acababa de derrumbarse con un grito de niño a la puerta del 217 11 | la princesa Audovère por haber respirado las azucenas nocturnas 218 7 | lejanas victorias. Desde hacía cuatro años que conocía 219 7 | de la princesa virgen se hallaban ligados el sufrimiento y 220 | has 221 10 | flores. Pero, ¡oh misterio! he aquí que se exhalan suspiros 222 7 | cuatro años que conocía el hechizo, iba prodigando sus besos 223 10 | golpeado? ¿Qué te había hecho yo?».~ ~ 224 8 | junto a él una jarra de agua helada para que pudiera beber y 225 8 | agujereado sangraba por siete heridas. Las religiosas lo recogieron 226 6 | podría haberse dicho que era hermana de las azucenas. En otoño 227 7 | despedazaba las azucenas entre sus hermosos dedos lentos. Cada azucena 228 7 | siempre temerosas por sus hijos bienamados -; y además, 229 8 | para que pudiera beber y un hisopo mojado en agua bendita con 230 7 | sufrimiento y la muerte de un hombre. El anciano rey lo sabía 231 9 | bosque debía estar a estas horas lleno de otros fugitivos, 232 7 | sienten ante la sangre el horror angustiado de las madres - 233 9 | convento después de algún horroroso combate. La batalla debía 234 10 | flores rígidas, levantadas hostiles bajo sus pasos, un auténtico 235 9 | sangrando y gimiendo; y toda una humanidad sufriente, fea de sanie 236 10 | transparencia azulada, un cadáver humano emergió. Con los brazos 237 10 | erguían en la noche como húmedas hojas de lanza, la princesa 238 9 | convento, donde los acogería la indolente caridad de las hermanas.~ ~ 239 7 | estertores de la agonía, con infames muñones enarbolados hacia 240 1 | dinastía, y desde su primera infancia había sido confiada a unas 241 10 | mientras más destrozaba más innumerables renacían las flores. Ahora 242 10 | cambiado, cambiado en algo insípido y pesado, con sus copas 243 8 | religiosas lo recogieron y lo instalaron al fresco, más por terror 244 10 | la herida de su costado izquierdo y de sus manos sangrantes; 245 8 | Depositaron junto a él una jarra de agua helada para que 246 7 | cuerpo de príncipe o de joven guerrero herido en la batalla, 247 5 | octubre, en el ardiente junio como en noviembre, la princesa 248 | junto 249 3 | pasos, y un círculo de plata labrada sujetaba sobre sus sienes 250 10 | manos que ella tomó por lágrimas y el olor de las azucenas 251 10 | noche como húmedas hojas de lanza, la princesa Audovère se 252 3 | a morir a no tardar. Un largo vestido de lana blanca con 253 10 | Era pleno julio y largos arriates de azucenas embalsamaban 254 | le 255 6 | los espacios a alguna obra lejana, y era en efecto (los pueblos 256 7 | lo sabía bien. Y mantenía lejos de la vista, en aquel claustro 257 10 | Audovère se adelantó y se puso lentamente a deshojar las flores. Pero, ¡ 258 3 | claustro y se paseaba a paso lento, escoltada por dos filas 259 7 | entre sus hermosos dedos lentos. Cada azucena deshojada 260 10 | de altas flores rígidas, levantadas hostiles bajo sus pasos, 261 10 | agonizaba en la cripta. Él levantó con esfuerzo un párpado 262 9 | La batalla debía haberse librado en los alrededores, más 263 7 | princesa virgen se hallaban ligados el sufrimiento y la muerte 264 3 | sujetaba sobre sus sienes un ligero velo de gasa azul que atenuaba 265 6 | color violeta cogidas en la linde de los claros del bosque; 266 7 | una herida abierta, una llaga ensanchada que daba paso 267 1 | sus sienes de perlas. La llamaban Audovère. Hija de un anciano 268 9 | debía estar a estas horas lleno de otros fugitivos, de otros 269 6 | eras las digitales las que llevaba entre sus dedos, digitales 270 6 | En verano, a veces, solía llevar en la mano grandes azucenas 271 10 | suspiros y quejas y que lloran las plantas. Las flores, 272 1 | Audovère había perdido a su madre al nacer.~ ~ 273 10 | sangrantes; una corona de espinas manchaba de barro y sanie el entorno 274 8 | refectorio, la superiora mandó rezar por el herido la oración 275 6 | veces, solía llevar en la mano grandes azucenas blancas 276 10 | visión la detuvo. De un manojo de flores más altas, una 277 7 | anciano rey lo sabía bien. Y mantenía lejos de la vista, en aquel 278 10 | princesa seguía desgarrando, marchitando, aplastando todo ante ella, 279 4 | ejércitos y en los príncipes masacrados sobre los que triunfaba 280 7 | venenosas flores rojas, masacrando sin piedad las bellas azucenas 281 9 | fugitivo escapado de la masacre, último despojo varado en 282 2 | visto jamás otro rostro masculino que el de su padre. Era 283 | me 284 1 | crecido en un claustro, en medio de las tumbas de los reyes 285 7 | príncipes, los forajidos y los mendigos, agradan al orgullo de las 286 | mismo 287 10 | deshojar las flores. Pero, ¡oh misterio! he aquí que se exhalan 288 7 | fúnebre ayuda de campo y misterioso verdugo del rey, su padre. 289 8 | pudiera beber y un hisopo mojado en agua bendita con un crucifijo, 290 10 | caricias de carne; en un momento, algo cálido le cayó sobre 291 3 | se habría dicho que iba a morir a no tardar. Un largo vestido 292 10 | crispados uno sobre otro, mostraba en la oscuridad la herida 293 11 | princesa Audovère tendida, muerta, con los ojos vueltos, con 294 5 | ensangrentaban de arcilla y hojas muertas en otoño; y siempre fría 295 4 | alegría esperanzada, como otra mujer habría esperado el regreso 296 11 | blancas en el futuro. Así murió la princesa Audovère por 297 1 | había perdido a su madre al nacer.~ ~ 298 | nada 299 8 | del santo asilo; estaba negro de sudor y polvo, y su pobre 300 8 | derrumbarse con un grito de niño a la puerta del santo asilo; 301 7 | campos de batalla y las noches de derrota donde están en 302 11 | haber respirado las azucenas nocturnas de un claustro, en un jardín 303 5 | el ardiente junio como en noviembre, la princesa Audovère pasaba 304 8 | comienzo de agonía. A las nueve, en el refectorio, la superiora 305 9 | hermanas y un pensamiento la obsesionaba: este agonizante era, sin 306 5 | de oro, en abril como en octubre, en el ardiente junio como 307 1 | anciano rey guerrero siempre ocupado en lejanas conquistas cuando 308 10 | flores, bajo sus dedos, ofrecían resistencias y caricias 309 10 | deshojar las flores. Pero, ¡oh misterio! he aquí que se 310 8 | sus bocanadas con el pecho oprimido por un comienzo de agonía. 311 8 | mandó rezar por el herido la oración de difuntos; las religiosas, 312 7 | los mendigos, agradan al orgullo de las vírgenes: las vírgenes 313 10 | sobre otro, mostraba en la oscuridad la herida de su costado 314 6 | dicho que realizaba algún oscuro rito correspondiendo a través 315 | otra 316 3 | azucenas y el bermejo algo pálido de los antiguos cálices 317 6 | mientras que sus dedos parecían experimentar placer al despedazar 318 10 | levantó con esfuerzo un párpado tumefacto y con tono de 319 5 | noviembre, la princesa Audovère pasaba siempre silenciosa al pie 320 8 | crucifijo, para ayudarle a pasar de la vida a la muerte, 321 4 | retorno de su padre; y su pasatiempo y sus más dulces pensamientos 322 3 | recinto del claustro y se paseaba a paso lento, escoltada 323 8 | ya sus bocanadas con el pecho oprimido por un comienzo 324 4 | en las batallas, en los peligros de los ejércitos y en los 325 2 | paso de los gitanos, y nada penetraba en él sino la luz del sol 326 9 | Sólo Audovère no dormía y pensaba en el fugitivo. Apenas había 327 9 | dos viejas hermanas y un pensamiento la obsesionaba: este agonizante 328 4 | pasatiempo y sus más dulces pensamientos eran pensar en las batallas, 329 4 | dulces pensamientos eran pensar en las batallas, en los 330 3 | religiosas. Iba seria y pensativa, como agobiada bajo el peso 331 1 | princesa Audovère había perdido a su madre al nacer.~ ~ 332 1 | de cera y sus sienes de perlas. La llamaban Audovère. Hija 333 10 | cambiado en algo insípido y pesado, con sus copas repletas 334 3 | pensativa, como agobiada bajo el peso de un profundo secreto y 335 10 | de la luna en cuádruples pétalos y, cruelmente fatigada, 336 10 | un auténtico ejército de picas y alabardas transformadas 337 10 | extendidos en cruz, los pies crispados uno sobre otro, 338 6 | dedos parecían experimentar placer al despedazar las azucenas. 339 10 | quejas y que lloran las plantas. Las flores, bajo sus dedos, 340 3 | sus pasos, y un círculo de plata labrada sujetaba sobre sus 341 8 | negro de sudor y polvo, y su pobre cuerpo agujereado sangraba 342 6 | y blanca ella misma que podría haberse dicho que era hermana 343 3 | Audovère era rubia como el polen de las azucenas y el bermejo 344 8 | estaba negro de sudor y polvo, y su pobre cuerpo agujereado 345 10 | cruelmente fatigada, pero presa de vértigo, de rabia destructiva, 346 7 | remordimiento ni tristeza. En primer lugar, se sabía purificada 347 1 | su dinastía, y desde su primera infancia había sido confiada 348 5 | altos taludes se cubrían de prímulas, que se ensangrentaban de 349 7 | deshojada era un cuerpo de príncipe o de joven guerrero herido 350 7 | conocía el hechizo, iba prodigando sus besos a las venenosas 351 3 | agobiada bajo el peso de un profundo secreto y tan pálida, que 352 4 | esperado el regreso de su prometido, ella esperaba en el claustro 353 10 | en su trabajo, Audovère proseguía su obra asesina decapitando 354 8 | de agua helada para que pudiera beber y un hisopo mojado 355 8 | con un grito de niño a la puerta del santo asilo; estaba 356 7 | En primer lugar, se sabía purificada por la absolución; además, 357 6 | sus labios se asemejaba al púrpura avinado de las flores y, 358 10 | Audovère se adelantó y se puso lentamente a deshojar las 359 10 | que se exhalan suspiros y quejas y que lloran las plantas. 360 7 | dando la muerte en un beso, quitando la vida en un abrazo, fúnebre 361 10 | pero presa de vértigo, de rabia destructiva, la princesa 362 6 | labios y habríase dicho que realizaba algún oscuro rito correspondiendo 363 7 | anciano barnabita ciego, recibía la confesión de sus faltas 364 10 | al desgraciado fugitivo recogido aquella misma tarde, al 365 8 | heridas. Las religiosas lo recogieron y lo instalaron al fresco, 366 10 | princesa, aterrorizada, reconoció al desgraciado fugitivo 367 8 | agonía. A las nueve, en el refectorio, la superiora mandó rezar 368 8 | religiosas, algo emocionadas, regresaron a sus celdas y el convento 369 4 | mujer habría esperado el regreso de su prometido, ella esperaba 370 7 | pues las faltas de las reinas sólo condenan a los pueblos, 371 7 | princesa Audovère no sentía ni remordimiento ni tristeza. En primer lugar, 372 10 | destrozaba más innumerables renacían las flores. Ahora todo era 373 10 | y pesado, con sus copas repletas de un deletéreo incienso. 374 10 | tumefacto y con tono de reproche dijo: «¿Por qué me has golpeado? ¿ 375 10 | el olor de las azucenas repugnaba, singularmente cambiado, 376 10 | bajo sus dedos, ofrecían resistencias y caricias de carne; en 377 11 | princesa Audovère por haber respirado las azucenas nocturnas de 378 4 | esperaba en el claustro el retorno de su padre; y su pasatiempo 379 8 | refectorio, la superiora mandó rezar por el herido la oración 380 10 | un campo de altas flores rígidas, levantadas hostiles bajo 381 6 | que realizaba algún oscuro rito correspondiendo a través 382 9 | fea de sanie y de muñones, rodearía de aquí al amanecer el recinto 383 7 | muñones enarbolados hacia el rojizo cielo, los príncipes, los 384 5 | silenciosa al pie de los robles rojizos o verdes.~ ~ 385 6 | claros del bosque; y el color rosa enfermizo de sus labios 386 2 | no había visto jamás otro rostro masculino que el de su padre. 387 3 | sus cabellos. Audovère era rubia como el polen de las azucenas 388 2 | severo, al abrigo de las rutas y del paso de los gitanos, 389 3 | Al atardecer, la princesa salía a veces fuera del recinto 390 8 | pobre cuerpo agujereado sangraba por siete heridas. Las religiosas 391 9 | fugitivos, de otros desgraciados sangrando y gimiendo; y toda una humanidad 392 10 | izquierdo y de sus manos sangrantes; una corona de espinas manchaba 393 8 | de niño a la puerta del santo asilo; estaba negro de sudor 394 3 | bajo el peso de un profundo secreto y tan pálida, que se habría 395 2 | el silencio de un bosque secular. Sólo el rey conocía el 396 10 | destructiva, la princesa seguía desgarrando, marchitando, 397 7 | la princesa Audovère no sentía ni remordimiento ni tristeza. 398 3 | filas de religiosas. Iba seria y pensativa, como agobiada 399 2 | de su padre. Era un lugar severo, al abrigo de las rutas 400 1 | su primera infancia había sido confiada a unas religiosas: 401 7 | vírgenes: las vírgenes no sienten ante la sangre el horror 402 8 | agujereado sangraba por siete heridas. Las religiosas 403 11 | Al día siguiente encontraron a la princesa 404 2 | situado a la sombra y en el silencio de un bosque secular. Sólo 405 5 | Audovère pasaba siempre silenciosa al pie de los robles rojizos 406 10 | las azucenas repugnaba, singularmente cambiado, cambiado en algo 407 2 | años de su vida, estaba situado a la sombra y en el silencio 408 2 | penetraba en él sino la luz del sol y además debilitada a través 409 6 | En verano, a veces, solía llevar en la mano grandes 410 9 | alrededores, más cerca de lo que sospechaban las religiosas, y el bosque 411 8 | santo asilo; estaba negro de sudor y polvo, y su pobre cuerpo 412 8 | convento se sumió en el sueño.~ ~ 413 9 | gimiendo; y toda una humanidad sufriente, fea de sanie y de muñones, 414 7 | virgen se hallaban ligados el sufrimiento y la muerte de un hombre. 415 3 | círculo de plata labrada sujetaba sobre sus sienes un ligero 416 8 | celdas y el convento se sumió en el sueño.~ ~ 417 8 | nueve, en el refectorio, la superiora mandó rezar por el herido 418 6 | en efecto (los pueblos lo supieron más tarde) una ceremonia 419 10 | he aquí que se exhalan suspiros y quejas y que lloran las 420 10 | Y, a través de los altos tallos bañados por el claro de 421 5 | alrededor, en abril, los altos taludes se cubrían de prímulas, 422 | también 423 3 | dicho que iba a morir a no tardar. Un largo vestido de lana 424 | te 425 7 | madres -las madres siempre temerosas por sus hijos bienamados -; 426 11 | encontraron a la princesa Audovère tendida, muerta, con los ojos vueltos, 427 8 | instalaron al fresco, más por terror que por piedad, en la cripta 428 [Título]| Texto~ ~ 429 | toda 430 | todas 431 10 | sobre las manos que ella tomó por lágrimas y el olor de 432 10 | párpado tumefacto y con tono de reproche dijo: «¿Por 433 10 | desfallecida, encarnizada en su trabajo, Audovère proseguía su obra 434 4 | Y aquella era su vida. Tranquila y con el corazón pleno de 435 10 | ejército de picas y alabardas transformadas a la luz de la luna en cuádruples 436 10 | de flores más altas, una transparencia azulada, un cadáver humano 437 3 | tréboles de oro, se arrastraba tras sus pasos, y un círculo 438 7 | sentía ni remordimiento ni tristeza. En primer lugar, se sabía 439 4 | masacrados sobre los que triunfaba el rey.~ ~ 440 7 | cadáveres es incienso al pie del trono de Dios. Y la princesa Audovère 441 10 | con esfuerzo un párpado tumefacto y con tono de reproche dijo: «¿ 442 2 | debilitada a través de la bóveda tupida formada por las hojas de 443 9 | escapado de la masacre, último despojo varado en aquel 444 | unas 445 10 | cruz, los pies crispados uno sobre otro, mostraba en 446 9 | masacre, último despojo varado en aquel convento después 447 3 | sobre sus sienes un ligero velo de gasa azul que atenuaba 448 7 | prodigando sus besos a las venenosas flores rojas, masacrando 449 6 | En verano, a veces, solía llevar en 450 5 | de los robles rojizos o verdes.~ ~ 451 7 | ayuda de campo y misterioso verdugo del rey, su padre. Cada 452 9 | fugitivo. Apenas había podido verlo cruzar el jardín apoyado 453 10 | fatigada, pero presa de vértigo, de rabia destructiva, la 454 7 | no contaba ya sus lejanas victorias. Desde hacía cuatro años 455 9 | apoyado en el brazo de dos viejas hermanas y un pensamiento 456 6 | dedos, digitales de color violeta cogidas en la linde de los 457 7 | cada gesto de la princesa virgen se hallaban ligados el sufrimiento 458 7 | claustro ignorado, a aquella virginidad funesta. La princesa cómplice 459 10 | ella, cuando una extraña visión la detuvo. De un manojo 460 7 | Y mantenía lejos de la vista, en aquel claustro ignorado, 461 2 | él y la princesa no había visto jamás otro rostro masculino 462 2 | claustro en el que había vivido los dieciséis años de su 463 11 | azucenas eran rojas. No volverían a florecer blancas en el 464 11 | tendida, muerta, con los ojos vueltos, con azucenas entre las 465 11 | apretadas sobre el corazón. Yacía atravesada en una avenida 466 | yo