negrita = Texto principal
    Capitulogris = Texto de comentario

1 Txt| dos piedras que caen al abismo, que chocan una vez al bajar 2 Txt| vio a Paolo y Francesca abrazados en el aire, arrastrados 3 Txt| hombre envuelto en un amplio abrigo de verano, que chupa un 4 Txt| cigarro, estaba prohibido abrir el balcón a tal hora, a 5 Txt| indiferencia, negocio por acciones, dirección por contrata 6 Txt| pluma blanda y suave para acercarnos juntos a la muerte, pensando 7 Txt| 36 que la tos del 32 le acompañaba como una hermana que vela; 8 Txt| triste, monótono rumor, acompañado del ruido de la mar que 9 Txt| soledad y el silencio. «Así se acompañarán las almas del purgatorio 10 Txt| vela; parecía toser para acompañarle.~ ~Poco a poco, entre dormido 11 Txt| que jamás hubiera vuelto a acordarse de la tos del dúo.~ ~La 12 Txt| presentando a la vida su acreedor, la muerte. Ya no entraban 13 | además 14 Txt| delirando, venía como a adivinar.~ ~«¿Eres joven? Yo también. ¿ 15 Txt| en no siendo digna de la Agencia Fabra, ¡qué poco le importa 16 Txt| hora, a pesar de que corría agosto y no corría ni un soplo 17 Txt| sombra. En la obscuridad el agua toma la palabra y brilla 18 Txt| enorme sombra sobre las aguas dormidas de la dársena. 19 Txt| El gran hotel del Águila tiende su enorme sombra 20 | ahí 21 Txt| pensó; y hasta sintió cierta alarma del pudor, como si aquello 22 Txt| peregrino del sepulcro, cada albergue que el azar le ofrecía le 23 Txt| encontrar alguna ciudad o aldea en que la gente amase a 24 Txt| en fonda; pero la habían alejado de sus discípulas. Naturalmente. 25 Txt| hubo reloj que repitió el alerta.~ ~Pasó media hora más. 26 | algunos 27 | allí 28 Txt| naciera una sonrisa. Mi alma lo pide; la tuya también. 29 Txt| Así se acompañarán las almas del purgatorio.» Por una 30 Txt| tabaco brilla en aquella altura como un gusano de luz. A 31 Txt| mirada en mis ojos...»~ ~Amaneció. En estos tiempos, ni siquiera 32 Txt| nos conociéramos! ¡Si nos amáramos! Yo podría ser tu amparo, 33 Txt| o aldea en que la gente amase a los desconocidos enfermos.~ ~ 34 Txt| negro que la obscuridad ambiente, del matiz de las gabarras 35 Txt| un cigarro apoyándose con ambos codos en el hierro frío 36 Txt| chispa triste se mueve, se amortigua, desaparece, vuelve a brillar.~ ~« 37 Txt| esta tos!... ¡Ayúdame, ampárame, consuélame! Tu mano sobre 38 Txt| amáramos! Yo podría ser tu amparo, tu consuelo. ¿No conoces 39 Txt| un hombre envuelto en un amplio abrigo de verano, que chupa 40 Txt| derecha un efecto melancólico análogo al que produjera antes el 41 Txt| bastante dinero para poder andar algún tiempo sola por el 42 Txt| bulto del 36 siente una angustia en la soledad del silencio 43 Txt| de viajeros, cooperación anónima de la indiferencia, negocio 44 Txt| palabras. Su propia tos se le antojó menos dolorosa apoyándose 45 Txt| después que pasó.~ ~«Se ha apagado el foco del Puntal», piensa 46 Txt| hombres sufren y mueren sin aprender a sufrir y a morir. El 32 47 Txt| rigor, todavía no había aprendido a toser, como la mayor parte 48 Txt| brilla un poco, cual una aprensión óptica, como un dejo de 49 Txt| sigue pensando la mujer, que aprieta contra un busto delicado, 50 | aquellas 51 | aquello 52 Txt| Francesca abrazados en el aire, arrastrados por la bufera infernal.~ ~ 53 Txt| había hecho salir de aquel asilo; le habían dado bastante 54 Txt| del purgatorio.» Por una asociación de ideas, natural en una 55 Txt| le ofrecía le presentaba aspecto de hospital. Su vida era 56 Txt| ofrecido de buena fe; y aun despierta, a la luz del 57 | aún 58 Txt| la tos... ¡esta tos!... ¡Ayúdame, ampárame, consuélame! Tu 59 Txt| vagas formas, necesitan ayudar para que se vislumbre lo 60 Txt| esto muy frío, el cielo azul muy triste, un desierto. 61 Txt| Quién sería? ¿Cómo sería? ¡Bah! Como tantos otros príncipes 62 Txt| abismo, que chocan una vez al bajar y nada se dicen, ni se ven, 63 | bajo 64 Txt| pueblo, de comerciantes y bañistas, duerme; la casa duerme.~ ~ 65 Txt| aquel asilo; le habían dado bastante dinero para poder andar 66 Txt| precaria un nido de pluma blanda y suave para acercarnos 67 Txt| el timbre, estaban unas botas de hombre elegante».~ ~De 68 Txt| a resonar, como bajo la bóveda de una cripta, una tos rápida, 69 Txt| amortigua, desaparece, vuelve a brillar.~ ~«Algún viajero que fuma», 70 Txt| no corría ni un soplo de brisa. «¡Adentro, adentro!» ¡A 71 Txt| aire, arrastrados por la bufera infernal.~ ~La idea de la 72 Txt| pueblo, como bulto perdido, buscando aire sano para un pecho 73 Txt| No pensó ni un momento en buscar realidad que correspondiera 74 Txt| mujer, que aprieta contra un busto delicado, quebradizo, un 75 Txt| enfermo, pero soy un galán, un caballero; sé mi deber; allá voy. 76 Txt| protegerías! Somos dos piedras que caen al abismo, que chocan una 77 Txt| estaba haciendo una gran calaverada, una locura. ¡Aquel cigarro! 78 Txt| a España por hambre, en calidad de institutriz en una casa 79 Txt| aquí más solo que en la calle, tan solo como en el desierto», 80 Txt| cárcel horrible, al 36, a la cama, al nicho!»~ ~Y el 36, sin 81 Txt| levantarme a llamar a la camarera, que no oía el timbre, estaban 82 Txt| dirección por contrata que cambia a menudo, veinte criados 83 Txt| cantaron la hora; solemnes campanadas precedidas de la tropa ligera 84 Txt| trágica también. «Estamos cantando un dúo», pensó; y hasta 85 Txt| tres relojes de la ciudad cantaron la hora; solemnes campanadas 86 Txt| repetida tres veces como canto dulce de codorniz madrugadora, 87 Txt| A la sepultura, a la cárcel horrible, al 36, a la cama, 88 Txt| murió entre Hermanas de la Caridad, que algo la consolaron 89 Txt| pensando en otra cosa, en el cariño? ¡Qué solo estás! ¡Qué sola 90 Txt| buena, delicada, discreta, casera, que haría de la vida precaria 91 Txt| la dársena. Es un inmenso caserón cuadrado, sin gracia, de 92 Txt| entraban en las lujosas celdas, horribles con su lujo uniforme 93 Txt| más en el 32, desapareció, cerró el balcón con triste rechino 94 Txt| delicado, quebradizo, un chal de invierno, tupido, bien 95 Txt| de luz. A veces aquella chispa triste se mueve, se amortigua, 96 Txt| amplio abrigo de verano, que chupa un cigarro apoyándose con 97 Txt| parecía esto muy frío, el cielo azul muy triste, un desierto. 98 Txt| cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, falansterio del azar, 99 Txt| aquello fuera indiscreto, una cita en la noche. Tosió porque 100 Txt| repente desapareció una claridad lejana, produciendo el efecto 101 Txt| esperaba nadie; además, el clima de España era más benigno. 102 Txt| veces como canto dulce de codorniz madrugadora, que suena a 103 Txt| cigarro apoyándose con ambos codos en el hierro frío de un 104 Txt| lechuza.~ ~El pueblo, de comerciantes y bañistas, duerme; la casa 105 Txt| dicen, ni se ven, ni se compadecen... ¿Por qué ha de ser así? ¿ 106 Txt| los periódicos encontraba compasión. Ya había pasado el romanticismo 107 Txt| más dolorosas por no ser completas, parece que la idea de luz, 108 Txt| pobre tísico, del pobre condenado a muerte del que no han 109 Txt| vislumbre lo poco y muy confuso que se ve allá abajo. Las 110 Txt| buena psicología nos hace conjeturar que alguna noche, en sus 111 Txt| sólo conoces por libros y conjeturas. Allá voy, allá voy... si 112 Txt| docenas de huéspedes que no se conocen, que se miran sin verse, 113 Txt| soledad? También a mí. ¡Si nos conociéramos! ¡Si nos amáramos! Yo podría 114 Txt| lástima y le inspiró simpatía. Conoció pronto que era trágica también. « 115 Txt| ratificaba su intención; hubiera consagrado el resto, miserable resto 116 Txt| siquiera los tísicos son consecuentes románticos. El número 36 117 Txt| que había tenido alguna consideración con los tísicos. El mundo 118 Txt| la Caridad, que algo la consolaron en la hora terrible. La 119 Txt| Ayúdame, ampárame, consuélame! Tu mano sobre mi pecho, 120 Txt| Naturalmente. Se temía el contagio. No se quejaba. Pensó primero 121 Txt| cigarro! Aquella triste contemplación de la noche al aire libre. ¡ 122 Txt| pero bien se esforzó por contener el primer golpe de tos.~ ~ 123 Txt| acciones, dirección por contrata que cambia a menudo, veinte 124 Txt| varias tristes señales pudo convencerse de que en el 36 ya no dormía 125 Txt| azar, hospicio de viajeros, cooperación anónima de la indiferencia, 126 Txt| momento en buscar realidad que correspondiera a la ilusión de una noche, 127 Txt| muerte, pensando en otra cosa, en el cariño? ¡Qué solo 128 Txt| como el desierto. De pronto creyó oír como un eco lejano y 129 Txt| cambia a menudo, veinte criados que cada ocho días ya no 130 Txt| como bajo la bóveda de una cripta, una tos rápida, enérgica, 131 Txt| dársena. Es un inmenso caserón cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, 132 | cuando 133 Txt| por medio; luego es en el cuarto número 36. A la puerta, 134 Txt| de la tropa ligera de los cuartos, menos lúgubres y significativos. 135 Txt| miserable resto de su vida, a cuidar aquella tos de hombre... ¿ 136 Txt| Qué sola estoy! ¡Cómo te cuidaría yo! ¡Cómo tú me protegerías! 137 Txt| de aquel asilo; le habían dado bastante dinero para poder 138 Txt| pasó al infierno, al del Dante, y vio a Paolo y Francesca 139 Txt| galán, un caballero; sé mi deber; allá voy. Verás qué delicioso 140 Txt| huéspedes. A poco, todo debía morir. Ya no había testigos; 141 Txt| el mismo piso. Y un pecho débil, de mujer, respira como 142 Txt| parecía entender lo que decía, como se entiende vagamente 143 Txt| que en efecto le quería decir la tos del 32 al 36 no estaba 144 Txt| Allá voy, allá voy... si me deja la tos... ¡esta tos!... ¡ 145 Txt| demás. A los pocos días dejaba también el pueblo. No paró 146 Txt| aprensión óptica, como un dejo de la luz desaparecida, 147 Txt| de toser que soy buena, delicada, discreta, casera, que haría 148 Txt| aprieta contra un busto delicado, quebradizo, un chal de 149 Txt| deber; allá voy. Verás qué delicioso es, entre lágrimas, con 150 Txt| con algo de fiebre; casi deliraba también; también trasportó 151 Txt| ser lo mismo que el 36, delirando, venía como a adivinar.~ ~«¿ 152 | demás 153 Txt| De tarde en tarde hacia dentro, en las escaleras, en los 154 Txt| se mueve, se amortigua, desaparece, vuelve a brillar.~ ~«Algún 155 Txt| rayos de luz que giraban y desaparecían.~ ~Dos o tres relojes de 156 Txt| como un dejo de la luz desaparecida, en la retina, fosforescencia 157 Txt| antes el bulto que fumaba la desaparición del foco eléctrico del Puntal.~ ~« 158 Txt| que la gente amase a los desconocidos enfermos.~ ~La tos del 36 159 | desde 160 Txt| semejante a lo que el 36 deseaba y pensaba:~ ~Sí, allá voy; 161 Txt| años, familiarizado con la desesperación, solo en el mundo, sin más 162 Txt| perdidos allá en lontananzas de desgracias y errores, y una sentencia 163 Txt| discreta, una tos que no quería despertar a nadie. El 36, en rigor, 164 Txt| románticos. El número 36 despertó, olvidado del sueño, del 165 Txt| ofrecido de buena fe; y aun despierta, a la luz del día, ratificaba 166 Txt| a poco, entre dormido y despierto, con un sueño un poco teñido 167 Txt| despierta, a la luz del día, ratificaba su intención; 168 Txt| vagamente lo que la música dice.~ ~La mujer del 32 tenía 169 Txt| una vez al bajar y nada se dicen, ni se ven, ni se compadecen... ¿ 170 Txt| muy mal, de repente; si diera una voz para no morirme 171 Txt| del prójimo, en no siendo digna de la Agencia Fabra, ¡qué 172 Txt| media hora más. También lo dijeron los relojes.~ ~«Enterado, 173 Txt| le habían dado bastante dinero para poder andar algún tiempo 174 Txt| enfermos.~ ~La tos del 36 le dio lástima y le inspiró simpatía. 175 Txt| indiferencia, negocio por acciones, dirección por contrata que cambia 176 Txt| pero su tos era... ¿cómo se diría? Más poética, más dulce, 177 Txt| la habían alejado de sus discípulas. Naturalmente. Se temía 178 Txt| propia tos se le antojó menos dolorosa apoyándose en aquella varonil 179 Txt| aquellas tinieblas, más dolorosas por no ser completas, parece 180 | donde 181 Txt| convencerse de que en el 36 ya no dormía nadie. Estaba vacío como 182 Txt| enorme sombra sobre las aguas dormidas de la dársena. Es un inmenso 183 Txt| acompañarle.~ ~Poco a poco, entre dormido y despierto, con un sueño 184 Txt| en sus tristes insomnios, echó de menos el dúo de la tos; 185 Txt| la desaparición del foco eléctrico del Puntal.~ ~«Sola del 186 Txt| estaban unas botas de hombre elegante».~ ~De repente desapareció 187 | ello 188 Txt| presa.~ ~En efecto; en el 36 empezó a resonar, como bajo la 189 Txt| folletines de los periódicos encontraba compasión. Ya había pasado 190 Txt| toser. Esperaba locamente encontrar alguna ciudad o aldea en 191 Txt| cripta, una tos rápida, enérgica, que llevaba en sí misma 192 Txt| una casa de la nobleza. La enfermedad la había hecho salir de 193 Txt| amase a los desconocidos enfermos.~ ~La tos del 36 le dio 194 Txt| hotel del Águila tiende su enorme sombra sobre las aguas dormidas 195 Txt| en música, y le parecía entender lo que decía, como se entiende 196 Txt| entender lo que decía, como se entiende vagamente lo que la música 197 Txt| infinito, ni se ven ni se entienden.~ ~Después de algunos minutos, 198 Txt| parte. Contra quien sentía envidia y cierto rencor sordo el 199 Txt| piensa un bulto, un hombre envuelto en un amplio abrigo de verano, 200 Txt| venía como a adivinar.~ ~«¿Eres joven? Yo también. ¿Estás 201 Txt| no es ésta la palabra. ¡Eros! El amor sano, pagano ¿qué 202 Txt| lontananzas de desgracias y errores, y una sentencia de muerte 203 Txt| tarde hacia dentro, en las escaleras, en los pasillos, resonaban 204 Txt| pudo menos; pero bien se esforzó por contener el primer golpe 205 Txt| algunos minutos, perdida la esperanza de que el 36 volviera al 206 Txt| los de la víspera.~ ~«Se está aquí más solo que en la 207 | ésta 208 Txt| camarera, que no oía el timbre, estaban unas botas de hombre elegante».~ ~ 209 Txt| como si fuera un formidable estallido, le hace temblar una tos 210 Txt| que era trágica también. «Estamos cantando un dúo», pensó; 211 Txt| podía salir la fiera; ya estaría a solas con su presa.~ ~ 212 Txt| de sensiblerías, o iban éstas por otra parte. Contra quien 213 | esto 214 | estos 215 Txt| Qué solo estás! ¡Qué sola estoy! ¡Cómo te cuidaría yo! ¡ 216 Txt| semejante a la que se hacen dos estrellas que nosotros vemos, desde 217 Txt| de mujer.» Y el del 36 se estremece, se acuerda de sí mismo; 218 Txt| La del 32 casi parecía un estribillo de una oración, un miserere, 219 Txt| tenía veinticinco años, era extranjera; había venido a España por 220 Txt| siendo digna de la Agencia Fabra, ¡qué poco le importa al 221 Txt| pegada al pecho, como una factura de viaje a un bulto en un 222 Txt| gracia, de cinco pisos, falansterio del azar, hospicio de viajeros, 223 Txt| hombre de treinta años, familiarizado con la desesperación, solo 224 Txt| muerto que en forma de fuego fatuo respira la fragancia de 225 Txt| había ofrecido de buena fe; y aun despierta, a la luz 226 Txt| de viaje a un bulto en un ferrocarril.~ ~Iba por el mundo, de 227 Txt| testigos; ya podía salir la fiera; ya estaría a solas con 228 Txt| ya entre sábanas; y se figuraba que la hora, sonando con 229 Txt| solemnidad, era como la firma de los pagarés que iba presentando 230 Txt| tenía lástima. Ni en los folletines de los periódicos encontraba 231 Txt| también; como un muerto que en forma de fuego fatuo respira la 232 Txt| recomponiendo las vagas formas, necesitan ayudar para que 233 Txt| pronto, como si fuera un formidable estallido, le hace temblar 234 Txt| desaparecida, en la retina, fosforescencia que padece ilusión de los 235 Txt| de fuego fatuo respira la fragancia de la noche y se vuelve 236 Txt| del Dante, y vio a Paolo y Francesca abrazados en el aire, arrastrados 237 Txt| teñido de fiebre, el 36 fue transformando la tos del 238 Txt| produjera antes el bulto que fumaba la desaparición del foco 239 Txt| la noche al aire libre. ¡Fúnebre orgía! Estaba prohibido 240 Txt| un enfermo, pero soy un galán, un caballero; sé mi deber; 241 Txt| vemos, desde aquí, juntas, gemelas, y que allá en lo infinito, 242 Txt| ciudad o aldea en que la gente amase a los desconocidos 243 Txt| vulgar, rayos de luz que giraban y desaparecían.~ ~Dos o 244 Txt| esforzó por contener el primer golpe de tos.~ ~La del 32 también 245 Txt| inmenso caserón cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, falansterio 246 Txt| en aquella altura como un gusano de luz. A veces aquella 247 Txt| muerte del que no han de hablar los periódicos. La muerte 248 Txt| compañía semejante a la que se hacen dos estrellas que nosotros 249 | hacer 250 Txt| poco más a su patria. No hacía más que eso, cambiar de 251 Txt| había olvidado que estaba haciendo una gran calaverada, una 252 Txt| había venido a España por hambre, en calidad de institutriz 253 Txt| condenado a muerte del que no han de hablar los periódicos. 254 Txt| delicada, discreta, casera, que haría de la vida precaria un nido 255 | Hay 256 Txt| La enfermedad la había hecho salir de aquel asilo; le 257 | hemos 258 Txt| 32 le acompañaba como una hermana que vela; parecía toser 259 Txt| a la fonda; murió entre Hermanas de la Caridad, que algo 260 Txt| apoyándose con ambos codos en el hierro frío de un balcón, en el 261 Txt| triste rechino metálico, que hizo en el bulto de la derecha 262 Txt| compañía que los recuerdos del hogar paterno, perdidos allá en 263 Txt| como la mayor parte de los hombres sufren y mueren sin aprender 264 Txt| tierra.~ ~Pasaron una, dos horas. De tarde en tarde hacia 265 Txt| la sepultura, a la cárcel horrible, al 36, a la cama, al nicho!»~ ~ 266 Txt| entraban en las lujosas celdas, horribles con su lujo uniforme y vulgar, 267 Txt| el mundo? Yo también. ¿Te horroriza la muerte en la soledad? 268 Txt| pisos, falansterio del azar, hospicio de viajeros, cooperación 269 Txt| significativos. También en la fonda hubo reloj que repitió el alerta.~ ~ 270 Txt| cambiar de dolor, había huido de aquella fonda, en la 271 Txt| pagaba de sensiblerías, o iban éstas por otra parte. Contra 272 Txt| Por una asociación de ideas, natural en una institutriz, 273 Txt| parece que la idea de luz, la imaginación recomponiendo las vagas 274 Txt| lo lejos suena, como para imponer silencio, con voz de lechuza.~ ~ 275 Txt| Agencia Fabra, ¡qué poco le importa al mundo!~ ~Y tosía, tosía, 276 Txt| un vago consuelo por el indeciso placer de aquella inesperada 277 Txt| cooperación anónima de la indiferencia, negocio por acciones, dirección 278 Txt| lúgubre de la fonda dormida, indiferente como el desierto. De pronto 279 Txt| pudor, como si aquello fuera indiscreto, una cita en la noche. Tosió 280 Txt| indeciso placer de aquella inesperada compañía en la soledad y 281 Txt| arrastrados por la bufera infernal.~ ~La idea de la pareja, 282 Txt| del purgatorio pasó al infierno, al del Dante, y vio a Paolo 283 Txt| gemelas, y que allá en lo infinito, ni se ven ni se entienden.~ ~ 284 Txt| dormidas de la dársena. Es un inmenso caserón cuadrado, sin gracia, 285 Txt| alguna noche, en sus tristes insomnios, echó de menos el dúo de 286 Txt| del 36 le dio lástima y le inspiró simpatía. Conoció pronto 287 Txt| luz del día, ratificaba su intención; hubiera consagrado el resto, 288 Txt| quebradizo, un chal de invierno, tupido, bien oliente.~ ~« 289 | jamás 290 Txt| como a adivinar.~ ~«¿Eres joven? Yo también. ¿Estás solo 291 Txt| nosotros vemos, desde aquí, juntas, gemelas, y que allá en 292 Txt| qué delicioso es, entre lágrimas, con perspectiva de muerte, 293 Txt| imponer silencio, con voz de lechuza.~ ~El pueblo, de comerciantes 294 Txt| desapareció una claridad lejana, produciendo el efecto de 295 Txt| pronto creyó oír como un eco lejano y tenue de su tos... Un 296 Txt| madrugada, cuando tuve que levantarme a llamar a la camarera, 297 Txt| así? ¿Por qué no hemos de levantarnos ahora, unir nuestro dolor, 298 Txt| contemplación de la noche al aire libre. ¡Fúnebre orgía! Estaba 299 Txt| que tú sólo conoces por libros y conjeturas. Allá voy, 300 Txt| campanadas precedidas de la tropa ligera de los cuartos, menos lúgubres 301 Txt| cuando tuve que levantarme a llamar a la camarera, que no oía 302 Txt| Tal vez de la unión de dos llantos naciera una sonrisa. Mi 303 Txt| refugiarse en la mujer.~ ~Llegó a notar el 36 que la tos 304 Txt| ahora, unir nuestro dolor, llorar juntos? Tal vez de la unión 305 Txt| pobre enferma, pero no era loca, no era necia. No pensó 306 Txt| pueblo y toser. Esperaba locamente encontrar alguna ciudad 307 Txt| una gran calaverada, una locura. ¡Aquel cigarro! Aquella 308 Txt| paterno, perdidos allá en lontananzas de desgracias y errores, 309 Txt| Hay un balcón por medio; luego es en el cuarto número 36. 310 Txt| tosía, tosía, en el silencio lúgubre de la fonda dormida, indiferente 311 Txt| ligera de los cuartos, menos lúgubres y significativos. También 312 Txt| celdas, horribles con su lujo uniforme y vulgar, rayos 313 Txt| la puerta entraban en las lujosas celdas, horribles con su 314 Txt| puerta, en el pasillo, esta madrugada, cuando tuve que levantarme 315 Txt| canto dulce de codorniz madrugadora, que suena a la derecha, 316 Txt| tristeza.~ ~«Si me sintiera muy mal, de repente; si diera una 317 Txt| ampárame, consuélame! Tu mano sobre mi pecho, tu voz en 318 Txt| acompañado del ruido de la mar que a lo lejos suena, como 319 Txt| obscuridad ambiente, del matiz de las gabarras de abajo. « 320 Txt| ello era amor, amor de matrimonio antiguo, pacífico, compañía 321 Txt| aprendido a toser, como la mayor parte de los hombres sufren 322 Txt| repitió el alerta.~ ~Pasó media hora más. También lo dijeron 323 Txt| de la derecha un efecto melancólico análogo al que produjera 324 Txt| tos... Un eco... en tono menor. Era la del 32. En el 34 325 Txt| por contrata que cambia a menudo, veinte criados que cada 326 Txt| balcón con triste rechino metálico, que hizo en el bulto de 327 | mientras 328 Txt| se mueven poco más que el minutero de un gran reloj; pero de 329 Txt| entienden.~ ~Después de algunos minutos, perdida la esperanza de 330 Txt| dos balcones más allá. Mira el del 36, y percibe un 331 Txt| pecho, tu voz en mi oído, tu mirada en mis ojos...»~ ~Amaneció. 332 Txt| que no se conocen, que se miran sin verse, que siempre son 333 Txt| en mi oído, tu mirada en mis ojos...»~ ~Amaneció. En 334 Txt| hubiera consagrado el resto, miserable resto de su vida, a cuidar 335 Txt| estribillo de una oración, un miserere, era una queja tímida, discreta, 336 | misma 337 | mismos 338 Txt| en la institutriz cierto misticismo erótico; ¡erótico!, no es 339 Txt| era necia. No pensó ni un momento en buscar realidad que correspondiera 340 Txt| no sería en los últimos momentos, que son tan solemnes. O 341 Txt| chocan, con tenue, triste, monótono rumor, acompañado del ruido 342 Txt| si diera una voz para no morirme sola, ese que fuma ahí me 343 Txt| panzudas gabarras sujetas al muelle, al pie del hotel, parecen 344 Txt| de los hombres sufren y mueren sin aprender a sufrir y 345 Txt| retiró también; como un muerto que en forma de fuego fatuo 346 Txt| aquella chispa triste se mueve, se amortigua, desaparece, 347 Txt| allá abajo. Las gabarras se mueven poco más que el minutero 348 Txt| todo, ya verás cómo ni te mueves ni me muevo.»~ ~Y la enferma 349 Txt| cómo ni te mueves ni me muevo.»~ ~Y la enferma del 32 350 Txt| la unión de dos llantos naciera una sonrisa. Mi alma lo 351 | nada 352 Txt| alejado de sus discípulas. Naturalmente. Se temía el contagio. No 353 Txt| recomponiendo las vagas formas, necesitan ayudar para que se vislumbre 354 Txt| pero no era loca, no era necia. No pensó ni un momento 355 Txt| anónima de la indiferencia, negocio por acciones, dirección 356 Txt| y percibe un bulto más negro que la obscuridad ambiente, 357 Txt| que padece ilusión de los nervios. En aquellas tinieblas, 358 Txt| haría de la vida precaria un nido de pluma blanda y suave 359 Txt| institutriz en una casa de la nobleza. La enfermedad la había 360 Txt| aquella compañía de la tos nocturna. Ella, eso sí, se había 361 Txt| desierto. Había subido hacia el Norte, que se parecía un poco 362 | nosotros 363 Txt| efecto de un relámpago que se nota después que pasó.~ ~«Se 364 Txt| refugiarse en la mujer.~ ~Llegó a notar el 36 que la tos del 32 365 Txt| la obscuridad de la noche nublada, el fuego del tabaco brilla 366 | nuestro 367 Txt| veinte criados que cada ocho días ya no son los mismos, 368 Txt| albergue que el azar le ofrecía le presentaba aspecto de 369 Txt| Ella, eso sí, se había ofrecido de buena fe; y aun despierta, 370 Txt| sobre mi pecho, tu voz en mi oído, tu mirada en mis ojos...»~ ~ 371 Txt| desierto. De pronto creyó oír como un eco lejano y tenue 372 Txt| sola, ese que fuma ahí me oiría», sigue pensando la mujer, 373 Txt| mi oído, tu mirada en mis ojos...»~ ~Amaneció. En estos 374 Txt| de invierno, tupido, bien oliente.~ ~«Hay un balcón por medio; 375 Txt| El número 32 acaso no lo olvidara; pero ¿qué iba a hacer? 376 Txt| poco, cual una aprensión óptica, como un dejo de la luz 377 Txt| parecía un estribillo de una oración, un miserere, era una queja 378 Txt| al aire libre. ¡Fúnebre orgía! Estaba prohibido el cigarro, 379 | otro 380 Txt| Volvió la noche. La del 32 no oyó toser. Por varias tristes 381 Txt| amor de matrimonio antiguo, pacífico, compañía en el dolor, en 382 Txt| retina, fosforescencia que padece ilusión de los nervios. 383 Txt| fonda, en la cual había padecido tanto... como en las demás. 384 Txt| tísicos. El mundo ya no se pagaba de sensiblerías, o iban 385 Txt| palabra. ¡Eros! El amor sano, pagano ¿qué tiene aquí que ver? 386 Txt| era como la firma de los pagarés que iba presentando a la 387 Txt| todos los ruidos tienen palabras. Su propia tos se le antojó 388 Txt| el pueblo. No paró hasta Panticosa, donde tuvo la última posada. 389 Txt| vapores de la dársena, las panzudas gabarras sujetas al muelle, 390 Txt| infierno, al del Dante, y vio a Paolo y Francesca abrazados en 391 Txt| dolorosas por no ser completas, parece que la idea de luz, la imaginación 392 Txt| muelle, al pie del hotel, parecen ahora sombras en la sombra. 393 Txt| infernal.~ ~La idea de la pareja, del amor, del dúo, surgió 394 Txt| dejaba también el pueblo. No paró hasta Panticosa, donde tuvo 395 Txt| encontraba compasión. Ya había pasado el romanticismo que había 396 Txt| se vuelve a la tierra.~ ~Pasaron una, dos horas. De tarde 397 Txt| número 36. A la puerta, en el pasillo, esta madrugada, cuando 398 Txt| en las escaleras, en los pasillos, resonaban los pasos de 399 Txt| pasillos, resonaban los pasos de un huésped trasnochador; 400 Txt| los recuerdos del hogar paterno, perdidos allá en lontananzas 401 Txt| una sentencia de muerte pegada al pecho, como una factura 402 Txt| Puntal», piensa con cierta pena el bulto del 36, que se 403 Txt| al nicho!»~ ~Y el 36, sin pensar más en el 32, desapareció, 404 Txt| allá. Mira el del 36, y percibe un bulto más negro que la 405 Txt| Después de algunos minutos, perdida la esperanza de que el 36 406 Txt| pueblo en pueblo, como bulto perdido, buscando aire sano para 407 Txt| recuerdos del hogar paterno, perdidos allá en lontananzas de desgracias 408 Txt| enfermo; de posada en posada, peregrino del sepulcro, cada albergue 409 Txt| es, entre lágrimas, con perspectiva de muerte, ese amor que 410 Txt| el balcón a tal hora, a pesar de que corría agosto y no 411 Txt| una sonrisa. Mi alma lo pide; la tuya también. Y con 412 Txt| gabarras sujetas al muelle, al pie del hotel, parecen ahora 413 Txt| me protegerías! Somos dos piedras que caen al abismo, que 414 Txt| cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, falansterio del azar, hospicio 415 Txt| consuelo por el indeciso placer de aquella inesperada compañía 416 Txt| vida precaria un nido de pluma blanda y suave para acercarnos 417 | pocos 418 Txt| dado bastante dinero para poder andar algún tiempo sola 419 Txt| Ya no había testigos; ya podía salir la fiera; ya estaría 420 Txt| conociéramos! ¡Si nos amáramos! Yo podría ser tu amparo, tu consuelo. ¿ 421 Txt| era... ¿cómo se diría? Más poética, más dulce, más resignada. 422 | porque 423 Txt| recordar que el cambiar de postura sólo es cambiar de dolor, 424 Txt| casera, que haría de la vida precaria un nido de pluma blanda 425 Txt| hora; solemnes campanadas precedidas de la tropa ligera de los 426 Txt| Murió en un hospital, que prefirió a la fonda; murió entre 427 Txt| ya estaría a solas con su presa.~ ~En efecto; en el 36 empezó 428 Txt| que el azar le ofrecía le presentaba aspecto de hospital. Su 429 Txt| firma de los pagarés que iba presentando a la vida su acreedor, la 430 Txt| esforzó por contener el primer golpe de tos.~ ~La del 32 431 Txt| contagio. No se quejaba. Pensó primero en volver a su patria. ¿ 432 Txt| Bah! Como tantos otros príncipes rusos del país de los ensueños. 433 Txt| del país de los ensueños. Procurar verle... ¿para qué?~ ~Volvió 434 Txt| desapareció una claridad lejana, produciendo el efecto de un relámpago 435 Txt| melancólico análogo al que produjera antes el bulto que fumaba 436 Txt| periódicos. La muerte del prójimo, en no siendo digna de la 437 Txt| número 36 era contra el proletariado, que se llevaba toda la 438 | propia 439 Txt| cuidaría yo! ¡Cómo tú me protegerías! Somos dos piedras que caen 440 Txt| en aquella varonil que la protegía contra las tinieblas, la 441 Txt| misma el quejido ronco de la protesta.~ ~«Era el reloj de la muerte», 442 Txt| resignada. La tos del 36 protestaba; a veces rugía. La del 32 443 Txt| hora terrible. La buena psicología nos hace conjeturar que 444 Txt| llevaba toda la lástima del público.~ ~-El pobre jornalero, ¡ 445 Txt| sintió cierta alarma del pudor, como si aquello fuera indiscreto, 446 Txt| contra un busto delicado, quebradizo, un chal de invierno, tupido, 447 Txt| La del 32 también se quedó medio dormida, y con algo 448 Txt| oración, un miserere, era una queja tímida, discreta, una tos 449 Txt| temía el contagio. No se quejaba. Pensó primero en volver 450 Txt| que llevaba en sí misma el quejido ronco de la protesta.~ ~« 451 | querer 452 | quien 453 | Quién 454 Txt| bóveda de una cripta, una tos rápida, enérgica, que llevaba en 455 Txt| despierta, a la luz del día, ratificaba su intención; hubiera consagrado 456 Txt| lujo uniforme y vulgar, rayos de luz que giraban y desaparecían.~ ~ 457 Txt| ni un momento en buscar realidad que correspondiera a la 458 Txt| cerró el balcón con triste rechino metálico, que hizo en el 459 Txt| idea de luz, la imaginación recomponiendo las vagas formas, necesitan 460 Txt| el enfermo del 36, sin recordar que el cambiar de postura 461 Txt| sin más compañía que los recuerdos del hogar paterno, perdidos 462 Txt| sufrido, sabio, que suele refugiarse en la mujer.~ ~Llegó a notar 463 Txt| produciendo el efecto de un relámpago que se nota después que 464 Txt| sentía envidia y cierto rencor sordo el número 36 era contra 465 Txt| huésped trasnochador; por las rendijas de la puerta entraban en 466 Txt| jornalero, ¡el pobre jornalero! -repetía, y nadie se acuerda del 467 Txt| hace temblar una tos seca, repetida tres veces como canto dulce 468 Txt| la fonda hubo reloj que repitió el alerta.~ ~Pasó media 469 Txt| poética, más dulce, más resignada. La tos del 36 protestaba; 470 Txt| escaleras, en los pasillos, resonaban los pasos de un huésped 471 Txt| efecto; en el 36 empezó a resonar, como bajo la bóveda de 472 Txt| luz desaparecida, en la retina, fosforescencia que padece 473 Txt| balcón, la mujer que tosía se retiró también; como un muerto 474 Txt| despertar a nadie. El 36, en rigor, todavía no había aprendido 475 Txt| compasión. Ya había pasado el romanticismo que había tenido alguna 476 Txt| tísicos son consecuentes románticos. El número 36 despertó, 477 Txt| llevaba en sí misma el quejido ronco de la protesta.~ ~«Era el 478 Txt| del 36 protestaba; a veces rugía. La del 32 casi parecía 479 Txt| monótono rumor, acompañado del ruido de la mar que a lo lejos 480 Txt| ensueños, en que todos los ruidos tienen palabras. Su propia 481 Txt| tenue, triste, monótono rumor, acompañado del ruido de 482 Txt| Como tantos otros príncipes rusos del país de los ensueños. 483 Txt| pensó el 36, ya entre sábanas; y se figuraba que la hora, 484 Txt| la última posada. No se sabe que jamás hubiera vuelto 485 Txt| dolor antiguo, sufrido, sabio, que suele refugiarse en 486 Txt| un galán, un caballero; mi deber; allá voy. Verás 487 Txt| le hace temblar una tos seca, repetida tres veces como 488 Txt| mujer, que, aún tosiendo, seguía allí, mientras hubiera aquella 489 Txt| toser. Por varias tristes señales pudo convencerse de que 490 Txt| mundo ya no se pagaba de sensiblerías, o iban éstas por otra parte. 491 Txt| desgracias y errores, y una sentencia de muerte pegada al pecho, 492 Txt| otra parte. Contra quien sentía envidia y cierto rencor 493 Txt| pero ¿qué iba a hacer? Era sentimental la pobre enferma, pero no 494 Txt| en posada, peregrino del sepulcro, cada albergue que el azar 495 Txt| Adentro, adentro!» ¡A la sepultura, a la cárcel horrible, al 496 | siempre 497 Txt| muerte del prójimo, en no siendo digna de la Agencia Fabra, ¡ 498 Txt| cuartos, menos lúgubres y significativos. También en la fonda hubo 499 Txt| que fuma ahí me oiría», sigue pensando la mujer, que aprieta 500 Txt| dio lástima y le inspiró simpatía. Conoció pronto que era 501 Txt| y la tristeza.~ ~«Si me sintiera muy mal, de repente; si 502 Txt| un dúo», pensó; y hasta sintió cierta alarma del pudor, 503 Txt| Amaneció. En estos tiempos, ni siquiera los tísicos son consecuentes 504 Txt| salir la fiera; ya estaría a solas con su presa.~ ~En efecto; 505 Txt| hora, sonando con aquella solemnidad, era como la firma de los 506 | Somos 507 Txt| se figuraba que la hora, sonando con aquella solemnidad, 508 Txt| dos llantos naciera una sonrisa. Mi alma lo pide; la tuya 509 Txt| agosto y no corría ni un soplo de brisa. «¡Adentro, adentro!» ¡ 510 Txt| envidia y cierto rencor sordo el número 36 era contra 511 Txt| un nido de pluma blanda y suave para acercarnos juntos a 512 Txt| triste, un desierto. Había subido hacia el Norte, que se parecía 513 Txt| antiguo, sufrido, sabio, que suele refugiarse en la mujer.~ ~ 514 Txt| mayor parte de los hombres sufren y mueren sin aprender a 515 Txt| arte del dolor antiguo, sufrido, sabio, que suele refugiarse 516 Txt| y mueren sin aprender a sufrir y a morir. El 32 tosía con 517 Txt| que en el 36.~ ~La fiebre sugería en la institutriz cierto 518 Txt| dársena, las panzudas gabarras sujetas al muelle, al pie del hotel, 519 Txt| pareja, del amor, del dúo, surgió antes en el número 32 que 520 Txt| de mujer, respira como suspirando, con un vago consuelo por 521 Txt| noche nublada, el fuego del tabaco brilla en aquella altura 522 | tanto 523 | tantos 524 Txt| formidable estallido, le hace temblar una tos seca, repetida tres 525 Txt| discípulas. Naturalmente. Se temía el contagio. No se quejaba. 526 Txt| el romanticismo que había tenido alguna consideración con 527 Txt| despierto, con un sueño un poco teñido de fiebre, el 36 fue transformando 528 Txt| frío de un balcón, en el tercer piso. En la obscuridad de 529 Txt| la consolaron en la hora terrible. La buena psicología nos 530 Txt| debía morir. Ya no había testigos; ya podía salir la fiera; 531 Txt| dinero para poder andar algún tiempo sola por el mundo, de fonda 532 Txt| Amaneció. En estos tiempos, ni siquiera los tísicos 533 Txt| El gran hotel del Águila tiende su enorme sombra sobre las 534 Txt| El amor sano, pagano ¿qué tiene aquí que ver? Pero en fin, 535 Txt| en que todos los ruidos tienen palabras. Su propia tos 536 Txt| la noche y se vuelve a la tierra.~ ~Pasaron una, dos horas. 537 Txt| camarera, que no oía el timbre, estaban unas botas de hombre 538 Txt| miserere, era una queja tímida, discreta, una tos que no 539 Txt| nadie se acuerda del pobre tísico, del pobre condenado a muerte 540 Txt| Sí, allá voy; a mí me toca; es natural. Soy un enfermo, 541 | toda 542 Txt| nadie. El 36, en rigor, todavía no había aprendido a toser, 543 | todos 544 Txt| de su tos... Un eco... en tono menor. Era la del 32. En 545 Txt| pensó la mujer, que, aún tosiendo, seguía allí, mientras hubiera 546 Txt| indiscreto, una cita en la noche. Tosió porque no pudo menos; pero 547 Txt| Conoció pronto que era trágica también. «Estamos cantando 548 Txt| teñido de fiebre, el 36 fue transformando la tos del 32 en voz, en 549 Txt| los pasos de un huésped trasnochador; por las rendijas de la 550 Txt| deliraba también; también trasportó la tos del 36 al país de 551 Txt| número 36, un hombre de treinta años, familiarizado con 552 Txt| compañía en la soledad y la tristeza.~ ~«Si me sintiera muy mal, 553 Txt| de hospital. Su vida era tristísima y nadie le tenía lástima. 554 Txt| campanadas precedidas de la tropa ligera de los cuartos, menos 555 Txt| quebradizo, un chal de invierno, tupido, bien oliente.~ ~«Hay un 556 Txt| esta madrugada, cuando tuve que levantarme a llamar 557 Txt| paró hasta Panticosa, donde tuvo la última posada. No se 558 | tuya 559 Txt| Panticosa, donde tuvo la última posada. No se sabe que jamás 560 Txt| tos; pero no sería en los últimos momentos, que son tan solemnes. 561 | unas 562 Txt| celdas, horribles con su lujo uniforme y vulgar, rayos de luz que 563 Txt| llorar juntos? Tal vez de la unión de dos llantos naciera una 564 Txt| hemos de levantarnos ahora, unir nuestro dolor, llorar juntos? 565 Txt| decía, como se entiende vagamente lo que la música dice.~ ~ 566 Txt| imaginación recomponiendo las vagas formas, necesitan ayudar 567 Txt| uno que se duerme.»~ ~Los vapores de la dársena, las panzudas 568 | varias 569 Txt| dolorosa apoyándose en aquella varonil que la protegía contra las 570 Txt| poco y muy confuso que se ve allá abajo. Las gabarras 571 Txt| contrata que cambia a menudo, veinte criados que cada ocho días 572 Txt| La mujer del 32 tenía veinticinco años, era extranjera; había 573 Txt| acompañaba como una hermana que vela; parecía toser para acompañarle.~ ~ 574 Txt| la noche. «Uno menos para velar; uno que se duerme.»~ ~Los 575 Txt| dos estrellas que nosotros vemos, desde aquí, juntas, gemelas, 576 Txt| mismo que el 36, delirando, venía como a adivinar.~ ~«¿Eres 577 Txt| años, era extranjera; había venido a España por hambre, en 578 Txt| pagano ¿qué tiene aquí que ver? Pero en fin, ello era amor, 579 Txt| envuelto en un amplio abrigo de verano, que chupa un cigarro apoyándose 580 Txt| de los ensueños. Procurar verle... ¿para qué?~ ~Volvió la 581 Txt| conocen, que se miran sin verse, que siempre son otros y 582 Txt| pecho, como una factura de viaje a un bulto en un ferrocarril.~ ~ 583 Txt| vuelve a brillar.~ ~«Algún viajero que fuma», piensa otro bulto, 584 Txt| falansterio del azar, hospicio de viajeros, cooperación anónima de 585 Txt| de la muerte», pensaba la víctima, el número 36, un hombre 586 Txt| infierno, al del Dante, y vio a Paolo y Francesca abrazados 587 Txt| necesitan ayudar para que se vislumbre lo poco y muy confuso que 588 Txt| cual toma por los de la víspera.~ ~«Se está aquí más solo 589 Txt| tos del dúo.~ ~La mujer vivió más: dos o tres años. Murió 590 Txt| quejaba. Pensó primero en volver a su patria. ¿Para qué? 591 Txt| la esperanza de que el 36 volviera al balcón, la mujer que 592 Txt| Procurar verle... ¿para qué?~ ~Volvió la noche. La del 32 no oyó 593 Txt| se sabe que jamás hubiera vuelto a acordarse de la tos del 594 Txt| horribles con su lujo uniforme y vulgar, rayos de luz que giraban
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