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Algunos criterios para la elección de los Capitulares:
Parece ser que hace años, el hecho de ser elegido capitular podía significar
un signo de gratitud y reconocimiento por parte de los Hermanos de la
Provincia. Hoy, todos somos conscientes de que no se trata de premiar a nadie,
sino que es un servicio que se confía a los delegados.
En las elecciones no basta respetar la legislación vigente; es más
importante que el voto se inspire en un serio discernimiento espiritual. Tengo fe en los Hermanos. La seriedad y
madurez que habéis mostrado en las consultas encaminadas al nombramiento de
vuestros respectivos provinciales me permiten esta confianza. Pero, aún
así, me permito brindaros algunas sugerencias de cara a vuestro discernimiento
para realizar la elección de vuestros capitulares:
1. Doy por supuesto que los delegados que elegiréis tienen calidad
espiritual y adhesión al Instituto. Un Capitulo General no es una instancia de
poder humano y menos aún de manejos políticos en donde se pueden conseguir beneficios
para la Provincia o Región. Tengo la impresión de que el número o la
procedencia de capitulares (o de los Consejeros generales) ya no lo
consideramos como expresión de fuerza ni prestigio de la vida marista en un
país o en una región del mundo. Hay un sentir común de que la Asamblea
capitular se vive como experiencia de fe y que ha de impulsar la vitalidad
del carisma. Eso es lo importante y para ello necesitamos Hermanos
que tengan una serie de cualidades y capacidades y, por supuesto, estén identificados
con nuestro carisma fundacional y lo amen de veras.
2. Los capitulares necesitan una capacidad de escucha, especialmente
a los Hermanos, para percibir sus inquietudes y esperanzas sobre los
horizontes de la vida marista en el futuro, a nivel de Provincia, continente o
del mundo. Esta misma capacidad de escucha es necesaria en las Asambleas
capitulares. El Hno. Charles Raphaël escribía a este respecto: "los
espíritus abiertos están siempre dispuestos a escuchar con simpatía las ideas
de los demás y de este modo favorecen la unidad de espíritu y de corazón… El
diálogo resulta imposible si no hay una búsqueda conjunta de la verdad con
sinceridad" (cf. Circulares, vol. XXIII, pag. 537ss).
3.Abiertos al Espíritu:
Capacidad de escucha también al Espíritu. "La fidelidad a
nuestra misión exige atención continua a los signos de los tiempos, a las
llamadas de la Iglesia y a las necesidades de la juventud. Esta atención… nos
impulsa a tomar decisiones valientes, a veces inéditas" (Cons.168). Esta
apertura al Espíritu no la identifico con el ser expertos en la conducción de
procesos de discernimiento. Significa estar abiertos a buscar a Dios. Si
queremos "optar por la vida" necesitamos hermanos de fe y de
esperanza que no tengan miedo de ser audaces en el Espíritu.
Esta docilidad al Espíritu requiere apertura y escucha del mundo, de la
Iglesia y de los jóvenes. En 1993 el Hermano Charles nos invitó a los
capitulares a vivir una peregrinación de solidaridad para tomar conocimiento de
realidades no muy conocidas, experimentarlas personalmente y abrirnos a
horizontes que enriquecieran nuestra experiencia capitular. Fue una invitación
para todos y estimo que fue muy positiva.
4. Creatividad. En los últimos capítulos la metodología de trabajo ha
consistido en elegir cuatro o cinco temas mayores, formar las comisiones para
estudiarlos, elaborar un documento o un informe de comisión y proponer las
recomendaciones oportunas.
Tengo serias dudas sobre la validez de ese proceso para este próximo
Capítulo. Mi impresión es que hemos de ser más creativos y acaso desarrollar
otro estilo de Asamblea Capitular. ¡De corazón deseo que sea un Pentecostés
para el Instituto! Estamos confrontados a temas nucleares que pueden requerir
otra forma de afrontarlos y que no los resolveremos con documentos bonitos,
sino por la unidad y cohesión de los criterios, por la voluntad de tomar
opciones significativas y por la inspiración y entusiasmo que la Asamblea
transmita al Instituto: a Hermanos, a seglares maristas y a la juventud.
5.Ser testigos y
animadores capaces de promover vida marista, antes, durante y después del
Capítulo. Un Capítulo es una escuela de formación permanente y de
renovación personal y congregacional. La misión de los delegados no termina con
la clausura del Capítulo, es entonces cuando se inicia una parte importante:
ser testigo de lo que se ha vivido, asumiendo personalmente las orientaciones
capitulares y transmitiéndolas a sus Hermanos. Las experiencias de fe no se guardan ocultas. Si son verdaderos
encuentros con Dios, se hacen necesariamente comunicativas y participativas.
Basta recordar los encuentros de los discípulos con el Cristo resucitado:
tienen prisa por ir a encontrar al grupo para contarle lo que han visto y para
compartir su entusiasmo.
6. Pensar en el postcapítulo: Terminado el XX Capítulo General habrá que
nombrar Hermanos Provinciales porque varios de ellos concluirán seis o siete
años de mandato. En los dos últimos Capítulos he observado un hecho que no
consigo entender. Hubo Provincias que, recién terminado el Capítulo General
tuvieron que realizar el proceso de consulta para la elección de Provincial, y
propusieron como provincial a un Hermano que no habían elegido como delegado al
Capitulo. ¿No creen que esa forma de proceder priva a la Provincia de la
transmisión y del dinamismo que genera una Asamblea capitular? ¿Qué mejor
oportunidad para preparar al Hermano que durante seis años ha de animar la
provincia que la de participar en un Capítulo General?
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