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Preocupaciones e interrogantes
Queridos hermanos si os comparto algunas de mis preocupaciones de cara al
futuro inmediato del Instituto, lo hago por el amor que os tengo a vosotros y a
mi familia religiosa. Aunque escribo desde mi visión personal y teniendo en
cuenta las intuiciones que percibo en la vida religiosa, he rezado con estas
reflexiones porque yo mismo me sigo planteando qué quiere Dios de nosotros. ¿Qué servicio de animación he de ofreceros
en esta etapa capitular?
Me planteo todos esos
interrogantes desde la esperanza y la calidad humana y religiosa de muchos de
vosotros. Estoy convencido de que el carisma que se inició en la comunidad de
La Valla sigue teniendo vigencia y es un don del Espíritu Santo para la Iglesia
y para el mundo una gracia siempre actual (cf. Cons. 164). La historia del
Instituto con sus luces y sombras la considero globalmente hermosa pero el
futuro inmediato depende de nosotros, somos mediación de Dios para realizar la
historia, porque si bien todo depende de El, se sirve de la pluma de las
personas para escribir la historia. Y esa pluma fue Marcelino,
Francisco, Lorenzo…y ahora cada uno de nosotros.
Tengo la convicción de que el
re-nacer de la Congregación requiere dejarnos guiar por el Espíritu y estar
dispuestos a vivir en cada Provincia procesos de refundación. En las etapas más
significativas de la vida religiosa hay unas constantes que han sido el motor
para resolver las crisis y el desgaste natural de la misma. Esos mismos
factores creo que hemos de tenerlos en cuenta hoy para impulsar la refundación
a que estamos abocados. Los recuerdo y añado uno muy particular para
nosotros:
·
La vuelta a las fuentes carismáticas y la lectura
actualizada del Fundador.
·
El retorno a la contemplación del Dios de Jesucristo.
·
Los pobres y
la pobreza como motores de cambio.
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Dar a María un espacio en nuestra vida personal y
comunitaria, para que podamos decir con verdad que "ésta es su obra y Ella
sigue haciéndolo todo entre nosotros"
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