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Derechos del Niño IntraText CT - Texto |
11. Educar para la solidaridad, la justicia social y la paz
Para terminar, todo lo que acaba de decirse no tendría ningún sentido si no se propusiera en nuestros centros una auténtica educación a la solidaridad, a la justicia y a la paz10. La educación a la solidaridad representa el corolario de toda pedagogía centrada en la acogida a los jóvenes más desfavorecidos: en efecto, ¿de qué serviría prestar atención especial a los pobres si no se educara, al mismo tiempo, al conjunto de los alumnos que acogemos a la solidaridad para con ellos? La atención particular a los pobres y el servicio educativo hacia ellos, la promoción de los Derechos del Niño y el respeto de su dignidad no deben inscribirse en una estructura vertical de intercambio que sólo corresponda a una forma de paternalismo superado. Debemos intentar continuamente un intercambio horizontal. Este intercambio horizontal significa que si nuestra atención está atraída por alguna pobreza, debe al mismo tiempo ser atraída por la solidaridad a la que educamos. La pobreza no constituye únicamente una realidad objetiva mensurable, es también y ante todo objeto de combate, de lucha para que este mal desaparezca de forma perdurable.
¿Qué programas y procesos educativos desarrollamos en nuestros centros? ¿Qué proyectos solidarios proponemos a los jóvenes con los que nos encontramos? En estos aspectos, el trabajo desarrollado por grupos de intercambio interdistritales (Francia, Gran Bretaña, USA con Asia, África, América Central) da frutos prolongados en las mentalidades de jóvenes y adultos que se han beneficiado.