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José M. ARNAIZ, SM
Delo caso al alba reflexiones sobre la refundacion

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VI. ¿Cómo llevar a cabo una refundación y con qué disposiciones?

Esta claro que hay grupos que buscan y quieren esta dinámica de la revitalización profunda. Pero no saben cómo empezar y cómo seguir. No es un camino muy andado ni muy repetido. No podemos olvidar que es un camino del Espíritu y no hay señales que marcan con precisión la ruta. Por eso, algunos consejos pueden venir bien; sobre todo si se refieren a las actitudes con las que se debe hacer este trabajo.

1. Concentrarse
El silencio no es tanto ausencia de ruido, que nos dispersa mucho, como ausencia del ego que nos paraliza porque nos corta la verdadera fuente de la vitalidad. La dispersión no es buena para los días o, mejor aún, para los tiempos de revitalización profunda. Tampoco el "pensamiento débil" ayuda a avanzar. Se tiene que apuntar a concentrar fuerzas en lo poco y en lo primordial; y a juntar todo lo que está disperso y quizás separado. Se necesita unir las fuerzas de las personas y de los grupos. Puede ser que cuando se piensa en refundación se sueñe en saltos en el vacío, en cambios en 24 horas y transformaciones copernicanas hechas sin una propuesta de proceso. Sin embargo, el espíritu de una refundación debe estar acompañado de una propuesta general clara, amplia - para dejar lugar a los soplos del Espíritu - encarnada en realizaciones sencillas e inspiradoras, personales y estructurales que permitan transparentar la acción del Espíritu.

El concentrarse debe darse, también, a nivel de misión. Los Institutos han nacido escuchando a la gente y para responder a sus necesidades y se renuevan y refundan respondiendo a reales necesidades de las personas. Cuando esas necesidades han cambiado se debe cambiar el ministerio o el modo de ejercerlo. No se puede hacer todo pero sí lo más oportuno y del modo más adecuado.

2. Descentrarse
La armonía y la fuerza que se busca no se consigue a base de control sino de entrega y generosidad. Para hacer bien una refundación hay que salir de si mismo; y la VC tiene que salir de si misma y de su mundo, de lo que la protege y a veces la esteriliza; y dar forma a un proyecto que responda a las necesidades de la Iglesia y de la sociedad de hoy en fidelidad al reino del Padre, a las intuiciones de los Fundadores y a lo que necesitan los preferidos del Señor, los pobres y marginados de la tierra. Con facilidad, y a veces sin darse cuenta, se puede vivir fuera de la realidad y las consecuencias de esto pueden ser muy serias.

En un proceso de revitalización profunda hay que mirar y prestar mucha atención a los márgenes, a las periferias, a las fronteras y a las personas que están en esos lugares y que nos piden desestabilizarnos y salir de nosotros mismos. Quizás ahí ya comenzó una verdadera refundación y de ahí lleguen criterios muy concretos y precisos. No se puede esperar de todos la misma capacidad de reacción. Pero algunos ofrecerán mucho. Con ellos se puede encontrar la levadura que haga fermentar la masa. En estos procesos hay que contar con una realidad muy humana como es la diversidad. En ellos se puede poner en evidencia la división que ya existe en una Provincia. Conviene que no la aumenten.

3. Centrarse
Centrarse en el Señor. Una vida religiosa revitalizada busca un espíritu y una estructura que corresponda a una forma de vida centrada en el Señor y a una dimensión teologal reforzada e intensificada. Esta disposición se verá en la distribución del tiempo, del espacio, de las energías y en la calidad de las opciones y decisiones. Solo de ahí nace la radicalidad requerida y sólo así se hace significativa la presencia del Señor. La contemplación es la gran fuerza de todo proceso de refundación que pide muchas horas de adoración al Santísimo, de súplica sencilla a María y de oración silenciosa y al mismo tiempo de ayuno y de las diversas expresiones de ascesis. De esta contemplación se saldrá con una intuición muy dinamizadora: pertenece a lo esencial de la VC y de su misión proclamar el amor de Dios y conseguir que la caridad esté en el centro. Ello hace que sean más urgentes los signos de comunión que los servicios. Sólo una sociedad fraterna puede ser una sociedad justa y una sociedad sin pobres ni marginados.

Podemos concluir esta apartado diciendo que todo proceso de revitalización es un proceso de discernimiento. Nos pide que en todo momento prestemos atención a los movimientos que advertimos en nosotros y que veamos si vienen del Espíritu. Él es el que nos recordará que cuando toca refundar hay que hacerlo a tiempo y bien; que el nuevo paradigma en un primer momento no pasa de ser una intuición; que no se está obligado a ver el final de un proceso de refundación pero lo que no puede faltar es sentir la urgencia de comenzarlo; que los obstáculos serán grandes; que no conviene distraerse mucho con los pequeños problemas; que es necesario que en la revitalización profunda de un grupo cuenten los jóvenes; que en algunos casos es indispensable comenzar y echar a andar como insinúa la canción popular: "Despertar cantores; acaben los ecos, empiecen las voces"; que todo lo que se haga para refundar se inspire en la lógica del amor...





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