| Índice: General - Obra | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
| Amedeo Cencini, FDCC Caminos de ref. del carisma en los nuevos itin. formativos IntraText CT - Texto |
Se trata, en primer lugar, de permitir el paso de una cierta idea o interpretación del Cr en si mismo, antes de presentar su contenido y solicitar una reinterpretación.
1.1. - Significado psicodinámico
Es fundamental aclarar, en primer lugar, el llamado significado
psicodinámico del Cr, la función que desempeña en el marco del proceso de
autoidentificación de la persona. El joven, dicho con otras palabras, tiene que
entender que el Cr de su instituto constituye su identidad, su yo, el nombre
que Dios le ha dado, aquello que es y que tiene que llegar a ser, aquello que
le da positividad, y una positividad estable y radical, aquello que le hace
miembro de una nueva familia, parte de ella, el instituto de pertenencia. Si no
nace esta conciencia de muy poco sirve, más tarde, explicar los contenidos o
pedir la identificación con el Cr. Mientras que si en el Cr el joven aprende a
captar la revelación de su propio yo, entonces se despertará en él un interés
enorme y profundo e intentará implicarse personalmente en el intento de
entender, descubrir, actualizar ese Cr, individual y comunitariamente, en la
formación inicial y permanente.
1.2 - Forma y norma
Concebido así, el Cr se convierte en punto de referencia con autoridad en
la vida del joven, es decir que plasma su vivir, a todos los niveles (desde la
vida espiritual a la dinámica de las relaciones, desde el servicio apostólico
al sentido de pertenencia), es la norma del ser y del obrar. Por tanto, es algo
muy concreto y al mismo tiempo, central y normativo en la vida, algo que
necesita de una confrontación constante por parte del joven que cada día tiene
que actualizar y verificar la capacidad que el Cr tiene para iluminar lo
cotidiano, unificar la jornada, dar un sentido pleno y apetecible a las cosas,
acompañar toda la vida...: todas las operaciones que significan ya una actitud
creativa y personalizadora.
Si el Cr está en el centro de la vida y tiene autoridad sobre la vida del consagrado (es forma y norma de la vida misma), entonces será también objeto de un proceso continuo de recomprensión que lo mantiene joven y actual. Por el contrario, el religioso "perro-suelto" /o vagabundo, sin puntos de referencia o cuya regula vitae no se identifica con el carisma, no tendrá la disposición necesaria, y quizá tampoco el interés para volver a comprender y a refundar.
Hoy tenemos delante el problema muy serio de consagrados faltos de identidad, de un centro unificador, de algo que tenga autoridad en su vida, y, por consiguiente, consagrados que no concluyen, que no producen, o simples repetidores sin pasión ni fantasía, alegremente desobedientes o tranquilamente indiferentes hacia cualquier regla...
1.3 - Don y compromiso
Por último el Cr no es un bloque fijo monolítico, o un conjunto de valores
interpretable e interpretado una vez por todas, sino que es un don que procede
desde arriba, del Espíritu, que es la fantasía sumamente fantasiosa y suave de
Dios, que sigue "inspirando" aquel don, de por sí inagotable y
cargado de sentido.
El joven ha de entender que, gracias a su vocación religiosa, se le ha concedido comprender aquel don e interpretarlo, captando aspectos originales que sólo él podría captar en un cierto sentido. Al entrar en el Instituto el joven se pone en las manos de la familia religiosa y ésta se pone en sus manos; ahora la vitalidad del carisma depende también de él.
Los itinerarios educativos deben subrayar siempre esta responsabilidad general, e interpretativa en particular.
En una cultura que tiende cada vez más a mantener a los jóvenes en una situación de dependencia, convirtiéndolos en"consumidores" de un bienestar procurado por otros (hasta en el nivel espiritual, por muy extraño que sea), no siempre es fácil, pero más aún es indispensable, crear una mentalidad responsable y creativa en este sentido.