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Fr. Camilo Maccise, OCD
Caminos de ref. del carisma en la vivencia de la espirit. de hoy

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I. ETAPAS

1. Examen de la situación social, eclesial, de vida consagrada y carmelitana
El primer paso en el itinerario de "refundación" del carisma que hemos seguido en mi Instituto, a partir de la vivencia de la espiritualidad actual, ha sido el análisis de la realidad cambiante. Inmediatamente después del Concilio y a la luz de sus enseñanzas, comenzamos a tomar conciencia de la realidad de un mundo diferente del que había sido el marco en el que había surgido y se expresaba el carisma. Otro tanto nos sucedió en relación a la Iglesia que adquiría cada día con más fuerza un rostro del Tercer Mundo al ir creciendo numéricamente sus miembros fuera de Europa. El mismo fenómeno se daba en relación a la Orden. Esto trajo como consecuencia la constatación de que muchos elementos que se vivían y transmitían como esenciales al carisma eran solamente fruto de una época, de una cultura y de un modelo de Iglesia. Otro tanto sucedió con la espiritualidad que sostenía y alimentaba la vida consagrada en general y la de cada Instituto.

2. Regreso a la fuentes
Las orientaciones del magisterio de la Iglesia señalaron de muchas maneras la necesidad de redescubrir los orígenes de la vida consagrada y de cada Instituto en particular. Apareció entonces con claridad meridiana que en la Orden, el lugar de las experiencias y escritos de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz lo habían ocupado en buena parte interpretaciones posteriores, una visión legalista de la vida religiosa (las Constituciones eran exclusivamente normativas) y una "standardización" de la formación. En la gran mayoría de los Institutos se usaban los mismos libros para la formación en los noviciados. Desde el punto de vista de la espiritualidad se constató la ausencia de una espiritualidad bíblica que estaba a la base de los orígenes del Carmelo que, en su Regla, invitaba a "meditar día y noche en la ley del Señor y a velar en la oración". El regreso a las fuentes se insertó dentro de las corrientes nuevas de espiritualidad que se iban delineando: espiritualidad más encarnada, más vital, más eclesial, menos dicotómica. Eso llevó a revisar los programas de formación.

3. Reformulación de los aspectos fundamentales del carisma y de la espiritualidad
A la luz de las orientaciones de la Iglesia se fue logrando, poco a poco, una reformulación del carisma y espiritualidad, en medio de no pocas polémicas originadas en diversas perspectivas de acercamiento a esas dos realidades. Esto supuso una profundización doctrinal significativa, un análisis del marco histórico de la refundación realizada en el Carmelo por Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, y una toma de conciencia de los desafíos que presentaba el momento social y eclesial de transformaciones rápidas y profundas (GS 4-11).

4. Esfuerzos de inculturación
A partir de los años ochenta, con el crecimiento numérico de los miembros de la Orden fuera del continente europeo, comenzó a plantearse con fuerza la exigencia de la inculturación del carisma y de la espiritualidad.

En un primer momento se pensaba en la línea de una simple adaptación. Más adelante aparecieron los verdaderos desafíos: un enfoque nuevo de la experiencia de Dios y de la oración que respondiera a las circunstancias vitales del Carmelo en cada región: en Europa había que vivir la experiencia de Dios y la oración como un testimonio de los valores trascendentales frente a un materialismo y ateísmo prácticos; en América Latina, como fuente de servicio y compromiso y como camino para conservar la esperanza en medio de las dificultades de los caminos de liberación integral; en Asia, como diálogo con las experiencias oracionales y místicas de las religiones orientales; en Africa, en conexión con la religiosidad popular como medio de inculturación.

5. Aceptación de la unidad en la diversidad
Consecuencia de todo este proceso ha sido la lenta pero segura aceptación de un pluralismo en la unidad dentro del Carmelo, con los riesgos y la riqueza que esto implica. Riesgo de convertir el pluralismo en una ruptura; riqueza de la complementariedad de encarnaciones del mismo carisma que despliega, de este modo, toda su potencialidad. También ha sido un factor decisivo en esta evolución la nueva visión del laico en la Iglesia que nos llevó a considerar a los miembros de la llamada "Tercera Orden", como personas que viven y encarnan el carisma y la espiritualidad del Carmelo a partir de su realidad laical y no tratando de ser "religiosos y religiosas en el mundo".





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