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| Giacomo BINI, OFM Redefinir las presencias como fraternidad IntraText CT - Texto |
1. La Presencia de la Vida Consagrada en el Mundo
El término presencia indica y da por hecho que la VC tiene que estar presente y no ausente. Puede ser una presencia que no se percibe, sin calidad, que no es relevada ni es relevante. A veces la presencia de los consagrados apenas si se nota por aquel mínimo de servicios interesados que pueden ofrecer. Otras veces es una presencia activa, reconocida, pero con protagonismo. Y hay veces que la presencia es provocatoria: plantea interrogantes vitales a aquel que entra en contacto con ella; se trata de una presencia evangélica que tiene algo que decir, que es significativa, a pesar de que sea imposible medir los frutos con precisión.
La VC es una llamada a expresar, como signo y símbolo, el absoluto de Dios en nuestra vida (cfr. votos vividos). No puede dejar las cosas como están: tiene que provocar siempre como lo hace el Evangelio. Es una presencia que "dice" sin muchas palabras y explicaciones. En efecto, la radicalidad evangélica profesada y testimoniada califica y expresa nuestra vida y la manera de estar presentes. No es un determinado servicio el que define y expresa nuestra VC, sino un "modo de estar en ella" según el Evangelio.
Esta premisa es el fundamento, es la perspectiva desde la cual partir si queremos revisar el sentido de nuestras presencias. Más aún, es urgente volver a encontrar este centro prioritario y unificador para integrar interiormente nuestras experiencias y nuestras actividades en el mundo histórico en el que vivimos. Sin esta conversión corremos sólo el riesgo de "poner vino nuevo en odres viejos". Podemos ser eficientes, pero no evangélicos.