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| Thomas J. Ascheman, SVD Redef. la presencia en nuevas realidades… IntraText CT - Texto |
Conclusión
Para concluir me gustaría hacer tres observaciones que surgen de estas experiencias de un grupo misionero en Mozambique y de muchas otras situaciones misioneras del mundo. En primer lugar, me siento animado al ver que hay muchos cuestionamientos sobre nuestro compromiso como misioneros ad gentes, hoy. Las cuestiones no son nuevas, pero el lugar desde donde se plantean es bastante nuevo. Hace 20 o 25 años la cuestión de la naturaleza de la misión ad gentes era más bien una cuestión académica que experiencial. Ahora los interrogantes se plantean más que todo en las parroquias, en las escuelas, en los hospitales, etc, donde los misioneros cumplen su servicio. Las cuestiones son esencialmente las mismas que guiaron el Capítulo general de 1993 de los Misioneros CICM (Scheut). Y son las siguientes:
Ambas son preguntas excelentes que es bueno plantearse a nivel de base. En segundo lugar, la historia de la actividad misionera ad gentes en el Mozambique de hoy o en cualquier otra parte del mundo no cuenta con una serie de hazañas heroicas. Si éste parece el camino, es sólo porque la caridad nos suplica que discretamente omitamos muchos episodios que reflejan la locura y hasta el pecado de aquellos a quienes Jesús ha llamado a las fronteras de la Iglesia y del reino. Jesús mismo eligió a gente muy normal para seguirle. Lo mismo ocurre hoy. Los misioneros somos gente muy normal, con nuestras virtudes y con nuestros defectos. Nos tambaleamos, intentamos encontrar un camino para hacer bien, pero San Pablo nos anima con su certeza: "Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que aparezca claro que esta pujanza extraordinaria viene de Dios y no de nosotros." (2 Cor 4,7). En tercer lugar, podemos sentirnos animados siempre al reconocer que, después de todo, lo que intentamos realizar es la misión de Dios y no la nuestra. Es Dios quien hace que el Reino irrumpa en nosotros. Nuestra planificación, edificación, envío no es que un pequeño testimonio de la enorme transformación que Dios cumple en el mundo. En momentos de desaliento y en momentos de éxito, busquemos ratos para reflexionar y contemplar sobre esta invitación sorprendente que hemos recibido de formar parte del camino hacia el Reino. Y pongamos toda nuestra confianza en Dios. Así podemos esperar ser lo suficientemente sabios para compartir inmensos tesoros de Dios que son nuevos y viejos a la vez.