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José M. ARNAIZ, SM
Delo caso al alba reflexiones sobre la refundacion

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II. ¿Qué es la refundación de un Instituto o comunidad religiosa?

La palabra refundación en lengua castellana lleva a pensar en fundación y nos remite a la creación y a los fundamentos de algo. Ese algo que una vez se surgió por la acción del Espíritu del Señor y que si así fue no debe desaparecer. Más aún, tendrá que re-aparecer si se ocultó. El prefijo "re" nos lo sugiere . La experiencia fundante se debe proseguir en lugares y tiempos concretos ya que tiene una fuerza dinámica que convierte la fidelidad en creatividad y la creatividad en fidelidad. Corresponde llevarla a cabo en nuevas circunstancias y ello, de tal forma, que en esas nuevas situaciones y condiciones el carisma tenga la misma vitalidad para rebrotar y nacer, la misma fuerza y vigor para crecer y la misma gratuidad y fecundidad para multiplicarse que tuvo en un comienzo. La historia y la geografía de la VC están hechas de refundaciones sucesivas. Todo nuevo candidato a un Instituto, en parte, está exigiendo una recreación del mismo ya que en cada uno de sus miembros se encarna la fuerza del Espíritu de un modo original y diverso. La teología de la VC poner de relieve que en ella la creatividad es más significativa que la institución.

1. Vino nuevo
Para ahondar en el sentido de la revitalización me voy a servir la parábola evangélica del vino y de los odres. Bastantes Institutos han visto que la dinámica y los objetivos de la renovación no les bastaban. No bastaban las batallas, se necesita ganar la guerra. No bastaba con reavivar el espíritu se necesita recrear las estructuras. Estoy convencido que el espíritu de la mayor parte de los religiosos es bueno; hay buena voluntad y buenos deseos; con frecuencia se intenta y se busca lo mejor; no falta la generosidad. No son días para hacer una reforma. Sin embargo, sigue faltando algo y sigue escuchándose que hay algo que no va.

Se necesita más intensidad para vivir el espíritu y la gracia recibida de tal forma que se llegue a recrear los odres y la VC. tenga un corazón y una mente tales que deje con nuevo rostro y con las manos más puestas en la masa, con mejores presencias y con los pies en buenos pasos. En una palabra, se necesita intensidad en la vida, la acción y el compromiso. Se necesita entrar en la dinámica evangélica del "perder para ganar". Sólo desde esta intensidad se saca fuerza para hacer las tan suspiradas y urgentes decisiones que cambiarán, para bien, el rumbo de la historia de bastantes Institutos.

Esa es la reacción espontánea que uno experimenta cuando ve el caminar de algunos de ellos en este momento ya sea en Francia o en África, en India o en Chile. Creo que el buen espíritu que los diversos programas de renovación han llegado a despertar en las personas fue vino bueno; intentaron poner a Cristo en el centro de nuestras vidas . Tomó la forma de un gran deseo e incluso de una sana nostalgia de lo mejor, del ideal. Pero las personas, llenas de buena voluntad, se encontraron en 48 horas en unas estructuras de comunidad o ministerio que no respiraba lo mismo y con un con un contxto cultural muy desafiante y ahí terminó la historia que bien había comenzado.

A veces, cuando la comunidad logró entrar en sus conjunto o en su mayoría por un espíritu renovado y consiguió los necesarios cambios de estructuras de oración o de diálogo que ya la Regla propone fue a nivel de Provincia o de Instituto que se apagó el fuego porque faltó la leña de las nuevas estructuras para mantener, reavivar y renovar el fuego. El vino era bueno; faltaron los odres adecuados.

2. Odres nuevos
En muchas partes se han dado, como decíamos en el apartado anterior, pasos importantes para avanzar en los procesos de renovación. Ahora la urgencia de la renovación pide cambio de método y de perspectiva . No se puede vivir un carisma y una misión sin unas estructuras adecuadas; éstas deben estar al servicio del carisma y de la misión y por tanto tienen que ser estructuras carismáticas, en sí mismas evangelizadoras, fraternas, sencillas, comunicativas, claras y transparentes.

Espíritu y estructuras se deben encontrar. Con el paso del tiempo algunas estructuras, que en un momento determinado nos servían, quedaron obsoletas y dejaron de responder y evocar el verdadero espíritu; más bien lo ocultaron o lo hicieron desaparecer. Esta es una de las razones por las que la refundación debe llegar de una vez a ser una realidad. Se refunda un Instituto cuando se reaviva el espíritu y cuando se da con las estructuras que van a favorecer el vivir un carisma y ello de un modo lúcido.

La urgencia que tienen los grupos religiosos de reestructuración interna y externa es grande. Estos necesitan de las adecuadas estructuras para encarnar , sostener y proyectar el espíritu. Odres nuevos para el vino nuevo y vino nuevo para los odres nuevos (Mc. 2, 22). Así se puede expresar evangélicamente el desafío y la urgencia de la revitalización. Así se llega, sin traumas y a veces por etapas sucesivas, al nuevo paradigma de vida religiosa de un grupo concreto. Paradigma que suele costar poder describir con mucho detalle y proponer con precisión pero que está ya surgiendo como el alba nueva y está llegando con fruto de la noche, que es buena consejera, y del sufrimiento de la espera que está en el origen de la verdadera fecundidad y es siempre de fuerza renovada.

Toda verdadera refundación parte de la tensión entre el carisma y las estructuras, tensión vivida al nivel de las formas de vida y también de la misión. Carisma y estructuras no se pueden anular entre si ni se pueden excluir. Entre ellos tiene que haber interacción.

3. Vino nuevo y odres nuevos para un hombre y una mujer nuevos
Todos nos estamos acostumbrando al lenguaje de la computación. Me voy a servir de una imagen que nos viene de ese mundo para seguir describiendo la revitalización. Refundar un Instituto es cambiar de programa; es meter un nuevo programa que procese los datos del carisma, nuestro estilo de vida y nuestra misión y lo haga de un modo distinto; de un modo más evangélico. Es como pasar del DOS al Windows 95. No basta con cambiar la información y los datos para llegar a la meta a la que estamos apuntando; hay que ir más lejos y más al fondo. No es cambiar la rueda del auto cuando se pincha; es pensar en un nuevo medio de transporte que no tenga ese riesgo y no sólo en sustituir la rueda; es ver aparecer el invento de un nuevo medio de transporte, el avión. Los programas de renovación nos han ofrecido una nueva visión y una nueva propuesta. Pero, cuando han caído en manos de gente que no ha cambiado el programa, y que por tanto han "tratado" los datos como antes, al final el resultado que se esperaba, el que sólo puede producir un nuevo programa, nunca ha llegado.

La motivación para hacer esos cambios nos la da el Evangelio y el carisma fundante. La forma de hacer estos cambios nos la inspira el destinatario de los mismos. Ese destinatario de nuestra propuesta de vida o de nuestra misión es un hombre y mujer que piensa y siente al ritmo de la cultura actual. La inculturación del mensaje y de la vida pide la refundación. No podemos negar la realidad de una interacción dinámica entre el Evangelio y el mundo que vivimos para que la VC sea significativa para sus habitantes y lo transforme con los valores de Cristo. Para que esa transformación se dé se necesita aprender a bendecir y a criticar. El religioso, cuando es fiel a las exigencias de la refundación está donde están los verdaderos problemas de la humanidad. La VC durante mucho tiempo ha tenido una cultura universal propia. Ahora le toca inculturar su carisma en la cultura ambiente y de ella recibir y a ella dar sentido, forma, mensaje, presencia y acción. De hecho la VC se está alejando de la experiencia espiritual y cultural del hombre de hoy. Por ello, una vez más no basta con renovar; hay que acertar a llegar hasta las mismas raíces carismáticas y acercarse con un corazón lleno de misericordia al hombre de hoy y aceptar y acertar a que él se acerca a nosotros. Eso es refundar.





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