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José M. ARNAIZ, SM
Delo caso al alba reflexiones sobre la refundacion

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III. POR QUÉ hay que hacer un refundación?

Iniciar un proceso de renovación o darse cuenta que en él se está es dar un gran paso. Y precisa de la motivación adecuada. ¿Para qué se quiere llevar la fidelidad creativa hasta sus últimas consecuencias?

1. Para que la VC sea significativa para el hombre y la mujer de hoy
Siguiendo el pensamiento del párrafo anterior podemos hablar de una ruptura entre el modo de pensar, de sentir, de hablar, de proceder y de ser del hombre y la mujer contemporánea y el que sustenta y propone la VC. Esta nunca ha sido connatural con la cultura ambiente; ni se ha entrado en ella como por instinto. Pero pocas veces ha resultado su propuesta tan incomprensible a la cultura ambiente como lo es actualmente. En algunos lugares es combatida; en la práctica se precisa batirse para vivir esta forma de vida. En otros, ha dejado de tener importancia o ha pasado a ser objeto de inventario. Esto lo sabe la gente y son conscientes de ello algunos religiosos. Por supuesto quienes tienen esta conciencia viven un profundo malestar que a veces se transforma en angustia y en un ánimo bajo y se advierte en la vivencia de todas las dimensiones del comportamiento diario: votos, oración , vida comunitaria, relaciones interpersonales, trabajo... A veces esta angustia aumenta porque algunos religiosos se sienten responsables e incluso culpables de esta situación.

Siguiendo el proceso lógico, cuando estos hechos y estas situaciones no se aceptan o no se comprenden se entra en una crisis de identidad. Resulta difícil saber cómo ser y qué hacer para ser feliz y hacer bien a los demás. "Algo pasa" que hace que no se esté a gusto y que se de una cierta inconsistencia en las personas y una falta de fecundidad en su acción. Como alguno ha dicho esto está produciendo un caos. Y tomamos caos en el sentido bíblico, en el sentido más hondo. Y nos referimos a la falta de sentido y de luz y sabor, a la desorientación existencial, inseguridad personal, grupal e institucional, a la inconsistencia no querida ni buscada pero presente...

Cuando algunos Institutos en el pasado llegaron a este punto, el camino de su revitalización fue la refundación. Así de nuevo se hizo significativa para los que la vivían y la veían y compartían sus inquietudes y propuestas. La crisis que atraviesa la VC hoy se debe, en una gran medida, a la repercusión que ha tenido en los religiosos un conjunto de cambios sociales y culturales rápidos, profundos y de una dimensión mundial. Estos cambios han dejado descolocados a bastantes grupos de religiosos que buscan, sin lograrlo, recuperar la fuerza de lo que es auténtico y sencillo, carismático y profético.

2. Para redefinir las tareas o ministerios o determinados elementos importantes del estilo de VC Algunos de los representantes de la VC que en el pasado vivieron una refundación, sobre todo las grandes Órdenes religiosas, han expresado una cierta reticencia a que sea éste el dinamismo que se necesita en este momento. Creo que pueden tener razón. Ellos, frente al cuestionamiento que se ha hecho a la VC, se han encontrado con un modo de ser y proceder que tiene mucha tradición, más asimilado y sustentado en una fuerte espiritualidad; tienen testimonios en el pasado y consistentes puntos de referencia hacia dentro y hacia fuera en el presente; basta con evocarlos para reencontrarse con los principales valores evangélicos que están en el espíritu que les dio el ser y que pueden estar en el que anima, en lo más profundo, al hombre y la mujer de hoy. No les falta claridad en relación con los destinatarios de su misión y el modo de llevarla a cabo.

Para los Institutos nacidos en torno al siglo XIX-XX, fuertemente centrados en la identidad que dan las tareas o las obras apostólicas, la refundación es sentida como necesaria. Los servicios han cambiado y , en general, les ha hecho cambiar la cultura y realidad social.

El motivo principal por el que se debe proceder a una refundación no es la falta de fervor y las grandes infidelidades. Cuando lo anterior se da se debe proceder a una reforma. En nuestro caso se trata de volver a hacer significativo un carisma y unos consejos evangélicos en un contexto sociocultural en el que no lo son y de reestructurar las tareas, y renovar la manera de realizarlas.

En otras palabras, hay un modelo de VC en estos Institutos que está tocando a su fin y casi podemos afirmar que nosotros, la mayor parte de los que ahora estamos en la animación de la VC somos los últimos ejemplares de ese modelo. Son bastantes los religiosos y religiosas que con convicción siguen afirmando su aprecio por la VC y que no es la disciplina lo que más falta en ella.

Se precisa afirmar el espíritu y encontrar las estructuras que mantengan y consoliden este espíritu renovado. Los servicios a la Iglesia y a la sociedad tienen que cambiar. Los mismos religiosos de administradores de obras, que a veces han sido, tienen que convertirse, sobre todo, en inspiradores y transmisores de un carisma.

3. Para dar el paso que falta en el proceso de renovación iniciado
La VC es posible, conveniente y necesaria para la sociedad y para la Iglesia; y hace a bastantes hombres y mujeres felices. Santa Teresa llega a preguntarse: ¿qué sería del mundo si no existieran los religiosos? (Libro de su vida, c. 32, 11). Por eso hemos tratado de renovarnos, adaptarnos, volver a los orígenes, a las fuentes; en una palabra, hemos buscado mejorar y transformar la vida de nuestros Institutos. Pero todo ello nos ha mantenido en la espera de un fruto que no ha llegado: hacer la VC significativa hacia dentro y hacia fuera y dar consistencia a las personas religiosas y como consecuencia, conseguir el crecimiento y la fecundidad de los Institutos; y sobre todo, la felicidad visible de los religiosos .

La identidad de la VC seguirá radicando en su capacidad de ser un signo claro y visible del compromiso radical que es inherente a la vocación de todo cristiano. Para conseguirla, la dinámica de la refundación pide que el período de renovación iniciado sea más crítico, radical, realista y aterrizado. En otras palabras, una revitalización en profundidad es indispensable:

Todo el esfuerzo de renovación ha conseguido mejorar el espíritu; ha ocasionado y evitado salidas y depresiones; en una palabra, ha traído purificación. Ha supuesto una vuelta a las fuentes y a los Fundadores. Ha pasado por una adaptación, no fácil ni siempre bien entendida, a las cambiantes condiciones del mundo y de la Iglesia (PC 2).

Pero se tiene la impresión que algo ha quedado a medio camino; que hay un proceso iniciado pero no continuado y por tanto no terminado. Por ello la refundación se ve necesaria; es el trozo de camino que falta para llegar a la meta y es la dinámica y el método que puede ayudar a ello. La historia de la VC nos enseña que las grandes renovaciones de la misma se han realizado en los tiempos de crisis y cuando se toma conciencia de ese cierto vacío existente y de la posibilidad de poder llenarlo con algo nuevo y distinto, cuando la cultura ambiente provoca y al mismo tiempo ofrece pistas. Algunos religiosos preferirían la opción del morir viviendo el tiempo que queda en paz y dejando las cosas como están. Para otros la VC, en su conjunto, ha perdido su encanto y su misterio.

Es fuerte decirlo, pero en algunos contextos se procede en consecuencia. Se la considera como algo desechable; algo de lo que se puede prescindir ya que no tiene nada que ver con el sentido de la vida, con la orientación vital y con una fuerte y casi natural y necesaria referencia teologal de todo creyente. Para superar esa situación se precisa una revitalización. Es el momento para ello. La crisis de muchos Institutos ya se dió y en bastantes casos el desafío de vivir la nueva propuesta está por darse. Algunos se empeñan en seguir viendo el desafío como una crisis porque los resultados que se obtienen para nada corresponden a los esfuerzos que se hacen. La verdadera refundación es un camino de esperanza.

Pero para algunos, la refundación ni siquiera es conveniente; lo oportuno es seguir el proceso de renovación inacabado. Así se llegará un día, y como de un modo natural, a obtener los frutos siempre esperados y se conseguirá una VC significativa y capaz de inspirar esperanza y de testimoniar la Buena nueva en la Iglesia y en la sociedad actual. No es conveniente embarcarse en lo que no está claro. ¿Qué estructuras se quieren cambiar? ¿No habrá que comenzar por practicar o poner por obra aquello a lo que nos hemos comprometido o decidido?...

Los hay que van más lejos y se atreven a decir que no es posible. No se dan las condiciones para llevarla a cabo. De una u otra forma se afirma que estos pasos se reservan para los grandes cambios epocales y el nuestro no es uno de ellos; o se señala que faltan las personas que los pueden conducir; se llega a afirmar que el sentido democrático actual no permite entrar por estos caminos que suponen personas de fuertes convicciones y de clara dirección. En una refundación se reduce el espacio de la discusión y de lo negociable para ampliar el de la aceptación indiscutible de los principales aspectos de la nueva propuesta. La revitalización lleva a sus últimas consecuencias compromete mucho; supone un buen conocimiento de la cultura actual y a penas si nos estamos acercando a ella y no hemos hecho aún el discernimiento evangélico de sus tendencias, indispensable para entrar en una un proceso de fidelidad creativa. Hay quienes piensan que se debe esperar a que la sociedad y la cultura cambien y vuelvan a encontrar su justo punto y regresen a su cauce; estamos atravesando un etapa de tormenta y hay que cobijarse hasta que acampe para proseguir el camino.

Hay algo en lo que todos coinciden: es difícil. Se ha hecho poco camino hacia esta meta; los recorridos de renovación nos han dejado, como decíamos, a medio recorrido y en parte están desgastados. Se han cambiado muchas cosas pero a la larga no se ha acertado a cambiar nada; "la vida sigue igual" mientras los documentos han demostrado su ineficacia para producir transformaciones reales. Bastantes Institutos pueden afirmar lo mismo que decía G K Cesterton cuando respondía a ciertas acusaciones que se hacían al cristianismo.

El problema no está en que su carisma o sus documentos hayan fracasado; el problema es que todavía no se han experimentado. Una refundación es una realidad compleja que pide que las fuerzas vivas del conjunto de un Instituto se implique y que se asuman las consecuencias que se producen en el día a día. Los que en ella participan deberían coincidir en un mismo diagnóstico sobre el punto de partida pero con frecuencia no es ese el caso. La mayor parte de la VC ha nacido en un contexto de sociedad difícil; pero al fin creyente. Creía en la propuesta cristiana y en la VC. Ha servido a unos hombres y mujeres que la necesitaban y que ya les han manifestado su agradecimiento por lo que les daban o les exigían.

Ahora estamos en una sociedad en la que ser cristiano cuenta poco, tanto en oriente como en occidente y tanto en el sur como en el norte . Menos cuenta ser religioso; es una realidad al margen. En esta sociedad y en esta cultura hay que hacer significativa la VC. Para ella hay que formar y en ella hay que trabajar. En ella hay que rezar y anunciar el Evangelio y situar la misión. Ahí brotan las especiales necesidades del religioso y del creyente. En esas circunstancias habrá que buscar los "heridos" o "marginados" de la sociedad. Estas condiciones culturales llevan a un cambio de lenguaje y de método, en algunos casos a un cambio de destinatarios de la misión y en todos a un cambio de estilo y de método. Todo esto hace posible, conveniente y necesaria una seria revitalización que por supuesto pide una significativa reestructuración y que por tanto es difícil de llevar a cabo.





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