Índice: General - Obra | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
José M. ARNAIZ, SM
Delo caso al alba reflexiones sobre la refundacion

IntraText CT - Texto

Anterior - Siguiente

Pulse aquí para activar los vínculos a las concordancias

VIII. ¿Qué frutos se pueden esperar de la refundación?

Esos frutos se deberían poder advertir en tres niveles diferentes. Pero antes de entrar en la descripción de cada uno de ellos es importante recordar que no se llega a ver brotar donde no se haya sembrado, ni se verá crecer donde nada haya brotado; ni conviene que madure lo que no ha crecido ni que se recoja fruto más que cuando ya haya madurado. Esta seguidilla nos recuerda que la refundación es un proceso y se trata de acompañarlo para que dé sus frutos en los niveles mas diversos . Si se quiere un futuro hay que pagar un precio para tenerlo.

1. En cada persona
En cada religioso de un Instituto que quiere vivir una refundación en un momento determinado tiene que sembrarse algo. Conviene que todos tengan un momento adecuado para recibir la semilla. Semilla que brotará con fuerza de primavera; que supondrá el gran deseo de volver al amor primero y recordará la fuerza de las raíces que se empeñan en engancharse con la tierra para recibir sabia, agua y buena substancia. En las personas hay que sembrar grandes deseos; esto es fundamental.

Lo que brota de esta "nueva primavera" (Juan XXIII) será ganas de conversión y se traducirá en búsqueda de la sencillez, la oración, la pobreza, la fraternidad, el celo apostólico, la cercanía a las personas y la solidaridad. Así se reavivará la llamada recibida y se evocará la vocación personal engarzada en el carisma del propio Instituto y en el corazón del carisma evangélico. Así se conseguirá la consistencia necesaria para la fidelidad propia de un religioso y su vida personal comenzará a ser creíble. Este despertar primero y personal se consigue con determinados programas de renovación que son un paso indispensable pero insuficiente para la refundación. Cuando no se va más allá los frutos que se pueden esperar son limitados. Por ello algunos han hablado, como ya hemos indicado, de una renovación pendiente. Lo que se ha reavivado y lo que se ha revitalizado necesita hacerse significativo y afirmarse en un otro contexto; en el comunitario. Estos años del postconcilio nos permiten hacer un balance y ver aquello que ha renovado a las personas y lo que no ha producido ese fruto. Ha renovado a las personas, sobre todo:

el redescubrimiento personal de la Biblia
la cercanía y el servicio a los pobres
la vuelta a las fuentes del propio Instituto
los procesos vividos de inculturación
el partir a misiones
un nuevo ministerio
una comunidad fraterna y misionera
En torno a estas personas renovadas a veces han surgido verdaderos centros de vitalidad de un Instituto donde se ha visto y se ve que el Espíritu está a la obra y que Dios los quiere en esa forma de vida.

2. En comunidad
El religioso es miembro de una comunidad; es ahí donde está plantado y donde ha surgido su vocación y donde deberá crecer esa semilla que ya brotó, ese espíritu que ya tocó el corazón y la mente. Un persona renovada necesita comunidades refundadas; comunidades que en su ambiente y en su estructura transparenten el espíritu que antes describíamos. Ha habido religiosos que hicieron muy bien el primer paso. Buscaron un grupo para vivir lo que habían redescubierto y no lo encontraron. Tuvieron que luchar demasiado para poder rezar, dialogar, acoger, compartir, ser pobres... y vivir la Regla de vida. A veces concluyeron que podían ser ellos los equivocados al pedir tanto a la comunidad y se volvieron al camino de antes. Llegaron a comunidades que agostaron esa planta que comenzaba a brotar o apagaron ese fuego que ya empezaba a dar calor.

Las personas renovadas que no tienen comunidades que las sostengan, apoyen y den consistencia y significación, y en un cierto sentido, "dimensión pública" al espíritu que las anima difícilmente duran. Por otra parte, los Institutos cuya renovación no ha sido "corporativa", comunitaria, pública... dan la impresión que su fuerza carismática es reducida ya que no llega a mover el grupo ni hacer visible la opción del conjunto. La refundación, en cierto modo, comienza con la dimensión comunitaria y pública, con la dimensión misionera y testimonial colectiva. ¿Cómo es una comunidad que potencia a las personas con deseo y a veces con nostalgia de vivir la Regla y el Evangelio y con ganas de ser feliz? ¿Cómo es una comunidad en la que las personas se ven reforzadas en su espíritu religioso?.

Es importante decir que no todas las comunidades de un Instituto o de una Provincia estarán en esta honda. Pero no podemos dejar de afirmar que hay que asegurar que hay algunas sí lo estén . En ellas estructuralmente se armonizarán y reconciliarán bien las exigencias de la realización personal, de la fraternidad solidaria y la misión; de la hospitalidad y la soledad. Los intereses de las personas con los de la convivencia de la comunidad religiosa y los que vienen de la misión de cada uno de los integrantes con los de la misma comunidad. Eso se expresará en un proyecto comunitario apostólico hecho para ser vivido por personas que están afectadas por el virus del individualismo y que buscan liberarse del mismo. Este nuevo modelo pide, en algunos casos, entrar en un proceso de refundación.

3. En cada Provincia o Instituto
Hay comunidades revitalizadas, enmarcadas en Provincias o Institutos que en su conjunto o como grupo no han decidido andar el camino de la refundación. Estas comunidades son como islas dentro de ese conjunto. Al Instituto o la Provincia no dan nada del espíritu que les anima y casi nada reciben de ella. En algunos casos comienzan a buscarlo fuera; a veces llegan a separarse del grupo y originan un nuevo grupo de VC. ¿Cómo es un Instituto en refundación? ¿Cómo es una Provincia que responde a las fuertes aspiraciones de renovación de las personas y de las comunidades?

Comencemos por la perspectiva negativa. Al Instituto que no hizo esta opción le obsesiona el pasado, pone su energía en los edificios, concentra sus fuerzas en las instituciones u obras, parte de los documentos y de los papeles no de la vida, mantiene vivo lo que toca morir, optó por la supervivencia; pretende ser igual que todo el mundo sin ninguna originalidad o aire de familia, tiene respuestas pobres frente a grandes inquietudes...

Pero al mirar a un Instituto o Provincia en camino de refundación se advierte que no le preocupa la subsistencia; le interesa mirar, sobre todo, lo que emerge y es fuente de vida. Optar seriamente por la fidelidad creativa es recrear y reforzar y no tanto rechazar ni destruir. Sólo así podrán impulsar a los religiosos y religiosas del grupo a querer y a poder asumir y sostener una forma de vida que recupere la radicalidad de la experiencia de Dios y encuentre su misión en la inserción en las alegrías y las penas y en las esperanzas y las tristezas de la gente. Para ello, cada religioso miembro de un Instituto religioso, posee el derecho de hablar, vivir, trabajar, distribuir su tiempo con un grupo que se ve claro que tiene a Jesús en el centro de su vida.

En esos Institutos hay tres direcciones claras:

A medida que avanzamos en la reflexión vemos con más claridad que la refundación tiene que ver con la conversión; pero un conversión que atraviesa lo personal e invade lo comunitario, estructural, institucional y ambiental. Bien podemos decir, como lo han intuido los religiosos y religiosas de Brasil en su última Asamblea, que la verdadera refundación pide mística evangélica, misión inculturada y presencia solidaria .

Y llegamos ahora a un punto crucial y en algunos casos primordial: las obras. Hablemos de los ministerios y de las presencias. Las obras tienen que ser reconvertidas y la misión, en algunos casos, también . El peso institucional de la VC suele ser excesivo para el número de sus miembros y para el ejercicio de su misión. Puede llegar a ahogar el vigor del carisma. En la mayor parte de los Instituto se vive con la impresión de ser pocos para mucho. La solución es exigente. Pide desplazamientos geográficos, cambios en los destinatarios de la misión, del estilo de la misma, de la espiritualidad que la alimenta y de los medios que se emplean. La revitalización, a este nivel pasa por asumir, como ya lo hemos dicho antes, que la vida viene de los lugares fronteras y sólo con la inspiración que nos llega desde ahí todo un conjunto y sus diversos grupos podrán recuperar el ritmo de la historia.

Para que la refundación se de a nivel de misión es necesario que los pobres sean no sólo destinatarios preferenciales de nuestro trabajo sino criterio de nuestra misión, es decir que la justicia y la caridad estén en el origen de nuestras decisiones en el campo de la acción. Sin un real éxodo de algunos lugares será dificil recomenzar bien. Otra manera o camino de refundación en este campo está siendo el compartir la misión con los otros miembros de la Iglesia y de modo especial con los laicos. Los Institutos no fueron fundadados para hacer las cosas que nadie hacía. Ya había maestros cuando los religiosos educadores surgieron. Nacieron, más bien, para ser testigos del Evangelio en medio de una sociedad que necesitaba el signo de la presencia y de la acción del Señor, una señal en la tierra de lo que es el cielo. En la mayor parte de los casos no eran tanto las obras lo que les movía sino el porqué las hacían.





Anterior - Siguiente

Índice: General - Obra | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License