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| P. Michael F. Czerny, SJ Carismas bien puestos IntraText CT - Texto |
CARISMAS BIEN PUESTOS
Introducción
A media distancia entre los fundamentos teológicos presentados por el P. José María Arnaiz y las propuestas prácticas de Don Juan E. Vecchi, este trabajo considera el puesto que corresponde a nuestro carisma y las conexiones que deben hacerse entre la terminología teológica de nuestra vida religiosa y nuestras obras de testimonio y servicio.
El verbo italiano "ricollocare" contiene lo esencial de la tarea que tenemos delante: quiere decir poner de nuevo en su puesto, restablecer (rimettere a posto, mettere di nuovo a posto) y también poner otra vez, volver a colocar, desplazar, traducir (collocare di nuovo, mettere al nuovo posto). Tanto "poner de nuevo en su puesto" como "trasladar" se refieren implícitamente a una situación original, auténtica.
Si al pensar en nuestra vida religiosa, lo que más nos llama la atención es la experiencia de convulsión, desorientación, la aparente falta de puntos de referencia y de criterios, entonces podríamos preferir la intuición original como un faro que nos ayuda a navegar a través de los cambios que sobrevienen. Con "ricollocare" subrayamos el sentido de restauración, de poner de nuevo en su puesto.
Si lo que más nos impresiona son los cambios que están teniendo lugar con tan desconcertante velocidad, los constantes e imprevisibles cambios tanto locales como globales, entonces el contexto y sus desafíos parecen tener prioridad, y nuestra vida religiosa debe encontrar puestos nuevos, nuevas respuestas. En tal caso usamos "ricollocare" en el segundo sentido, el de mover del puesto actual a uno nuevo.
Con creativa fidelidad a lo fundamental, podemos escoger entre los dos sentidos de "ricollocare"; o, habiendo fijado una cierta proporción, podemos aceptar los dos; o puede haber alguna otra cosa que debamos descubrir y hacer para situar en su puesto correcto los carismas de la vida religiosa. Y estas mismas opciones descansan sobre un principio o significado o razón más profundos: ¿por qué nuestra congregación religiosa - fundada hace 50, 500 o 1500 años - tiene que poner su atención en su carisma o intuición fundacional?
Una respuesta falsa a estas preguntas consiste en otro significado de "ricollocare", como en la expresión peyorativa "arreglar de otro modo las tumbonas del Titanic" (to re-arrange the deck-chairs on the Titanic). Volver a arreglar, en aquel sentido, supone tal peligro a la vida religiosa que se tiene toda una Asamblea para evitarlo.
Una manera de explorar cómo se establecen, sufren cambio y por lo mismo requieren atención los significados y valores básicos de nuestra vida religiosa, es considerar algunas experiencias concretas y las reflexiones a que han dado lugar. Quisiera presentar tres, tomadas de la Compañía de Jesús, esperando que arrojen luz sobre lo que pueda interesar a nuestras varias Congregaciones.
La primera es una "parábola" para poner en claro nuestro punto de vista: dónde estamos situados y cómo escuchamos puede afectar, y aun determinar, dónde situamos nuestro carisma.
La segunda es sobre andar en bicicleta, con la esperanza de averiguar lo que quiere decir tener criterios, porque los válidos y útiles no se reducen a simples ideas que haya que descubrir sólo intelectualmente; son fruto de intuición, oración, experiencia, diálogo.
La tercera es un caso concreto, el mío como secretario del apostolado social.
Durante esta asamblea buscamos signos del espíritu humano y del Espíritu Divino. Inspirados y fortalecidos por el Espíritu, podemos hacer los cambios necesarios; o el Señor de la Historia puede hacerlos por nosotros con más o menos fuerza y nosotros podemos descubrir, gracias al Espíritu, que ha sido El quien los ha hecho. O los cambios pueden tener lugar sin que caigamos en la cuenta hasta que nos convirtamos en historia sin presente ni futuro. Esto no es ni pesimismo ni fatalismo; aunque doloroso, puede ser liberador: la venida y crecimiento del Reino no depende sólo de nosotros. El saberlo nos exime de hablar de estas cosas difíciles o problemáticas con una cierta paz, en espíritu de oración, y con la esperanza y determinación de cooperar con el Señor y con su Espíritu.