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| Amedeo Cencini, FDCC Caminos de ref. del carisma en los nuevos itin. formativos IntraText CT - Texto |
3 - Formador y estrategia educativa
3.1 - Estilo educativo
Mediación indispensable y estratégica para la transmisión fiel del Cr y
para la comprensión del sentido correcto de su interpretación dinámica es la
figura del formador. Estratégica y decisiva es sobre todo su mentalidad, su
ponerse frente a su identidad descubierta y continuamente redescubierta en el
Cr, y por tanto también la interpretación de su rol. Puede ser un educador que
transmite fielmente, muy fielmente el contenido carismático, repitiendo
sencillamente y un poco rutinaria aquello que le han transmitido, sin inyectar
ningún dinamismo reinterpretativo, o puede ser un educador más bien enérgico y
vago, que forma en vista de un ideal no claramente marcado y caracterizado por
el talante carismático específico, y por consiguiente que no prepara o provoca
en el sentido de la interpretación original y personal del mismo.
El formador tendría que contentarse no sólo con reiterar el contenido carismático, sino que debería intentar activar en el joven aquel dinamismo creativo que es condición indispensable para una correcta interpretación del mismo.
Es obvio que este aspecto va unido al camino personal del educador, y a la fidelidad creativa con la que vive su carisma (o a la libertad interior con la que interpreta su misma formación permanente). Hoy parece como si ciertos formadores tienen miedo a provocar esta actitud propositiva, o dan una formación en la que el carisma no se reconoce casi en su originalidad: en ambos casos faltará la tensión para revitalizar el contenido carismático.
3.2 - Una metodología carismática
La presentación del Cr no pasa sólo a través de contenidos teológico-espirituales
originales y sólidos, sino que necesita además de una metodología típica y
estrechamente unida a esos contenidos, como una aplicación práctica de los
mismos.
Es sólo así que el Cr puede aprenderse y gustarse, personalizarse y vivirse, hasta el punto de introducir en el corazón del joven un deseo o tensión natural e irresistible de novedad interpretativa, o de ponerlo en condición de descubrir aspectos nuevos e inéditos del carisma mismo.
Es el problema de tener Ratio formationis bien hechas, capaces de introducir la riqueza teológica de nuestros carismas en recorridos pedagógicos auténticos y consecuentes y esto porque un Cr no es sólo altura mística, sino iter pedagógico que conduce a esas alturas, camino recurrible por toda persona llamada para experimentar en su propia piel el don del Espíritu.
¿En qué punto estamos en esta traducción pedagógica de nuestros carismas? Hay que admitir que nuestras muy numerosas Ratio son genéricas y pobres desde el punto de vista pedagógico y, por consiguiente, faltas de sabor educativo, aproximativas, o con ausencia sustancial de un recorrido pedagógico preciso que sea realmente carismático. Hay todavía quienes creen que la pedagogía sea una asignatura débil o el pariente pobre y muy lejano de la espiritualidad (que sería noble).
En realidad es su vertiente concreta e indispensable, me atrevería a decir que un carisma es sobretodo pedagogía de la experiencia de Dios. Proponer, entonces, un camino coherente y bien articulado quiere decir no solamente ofrecer una referencia sólida también a nivel práctico e al mismo tiempo impulsar la creatividad del joven en una determinada dirección.
3.3 - El elemento del compartir y la circularidad
carismática
Para formar en el joven una mentalidad y una cultura abiertas a la idea de
la Rc es muy importante activar en él una cierta actitud a compartir. Compartir
como estilo de relaciones fraternas en la comunidad, para poder luego revivir
el mismo estilo fuera de la fraternidad. El Cr no es propiedad de nadie, y
nadie puede pretender comprenderlo él a solas, solamente con sus fuerzas
interpretativas, es don que procede de lo Alto, dado a todos, que puede
comprenderse sólo juntos, cada cual dando al otro y al grupo la aportación
irremplazable de su inspiración; por esto, es la comunidad la verdadera
depositaria e intérprete del carisma mismo. El joven tiene que aprender, por
encima de todo, a recibir y a dar, y a gustar aquel enriquecimiento o aquella
novedad interpretativa que puede nacer sólo del compartir, sobre todo cuando el
compartir se ha convertido en estilo de vida fraterna.
Tendrá que aprender a practicar la misma lógica, decíamos antes, también fuera de la comunidad, aprendiendo no sólo a decir su don en términos fáciles y sencillos, sino también dejándose instruir y evangelizar por aquellos a los que ha transmitido su don, por los laicos que le pueden desvelar, gracias a su experiencia y cultura secular y a su don personal del Espíritu, aspectos originales e inéditos del Cr. Es el principio de la circularidad carismática, gracias a la cual, cuando un carisma se comparte con la Iglesia y con el mundo, es como si volviese a sus raíces o hacia su destinación final, y por consiguiente puede volver a nosotros enriquecido, rico de una sabiduría nueva e insospechada, que es realmente garantía de vitalidad del Cr y que podría renovar nuestros institutos.
Y aquí entra en juego una indicación metodológica precisa y preciosa que ofrece la misma sugerencia de fondo para la vida comunitaria y la apostólica, pero de la cual podrían desprenderse muchas otras indicaciones importantes para la formación del joven siempre en relación con la Rc, y que aquí sugerimos apenas: