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D. Juan E. Vecchi SDB
Diseñar de nuevo las presencias: criterios, persp., restruct.

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2. Criterios para diseñar de nuevo las presencias

En el momento de diseñar de nuevo "las presencias" y "la presencia" nos preguntamos con razón por los criterios que debe seguir ese movimiento.

2.1 La originalidad carismática
Aunque se dé por descontado es imposible no referirse en primer lugar a la originalidad carismática.

Los carismas son únicos. La originalidad toca todos los aspectos de la presencia: la vida de la comunidad, el servicio de caridad, la preferencia por determinadas colocaciones, la espiritualidad, las mediaciones. Emigrar hacia formas que, nacidas posteriormente, parecen responder mejor a determinadas sensibilidades o tener mayor éxito puede ser una tentación. En cambio es necesario volver a descubrir el núcleo de la inspiración evangélica del proprio carisma, volverlo a comprender a la luz de los desafíos y posibilidades actuales, liberar sus potencialidades.

Así mismo, el movimiento para diseñar de nuevo no puede ser genérico, una especie de "reductio ad unum" de diversas expresiones de vida consagrada, en lo que respecta a las formas comunitarias, las características de la misión o de la secuela. La fidelidad creativa con el "proprio don" es lo que realmente puede enriquecer a la Iglesia de hoy.

Destaco sin embargo dos características de esta "relectura" de la inspiración evangélica del carisma.

Debe ser compartida comunitariamente. La interpretación de la originalidad evangélica y su traducción hoy suscita, por lo general, acalorados enfrentamientos y polarizaciones. Para algunas personas la poca visibilidad actual de la vida religiosa debe atribuirse al abandono de aquellas formas que otros juzgan obsoletas y como un peso inútil.

Para diseñar de nuevo las presencias, la comunidad debe haber logrado una visión compartida del carisma mediante diversos momentos de diálogo, maduración de la mentalidad y decisión.

Posteriormente, en la realización concreta, se puede aprovechar de las capacidades innovadoras de los pioneros y dar así inicio a "algunas presencias ejemplares" de vanguardia. No es necesario que todos se involucren directamente en ellas pero sí es necesario que éstas, en primer lugar, logren hablar a todos cuantos se reconocen como portadores del carisma.

La segunda característica es la continuidad: la atención a la originalidad, para relanzarla, no es el esfuerzo extraordinario de un momento, sino que debe ser propuesta continuamente con nuevas visiones y a la luz de nuevos estímulos o dones que surgen en la comunidad.

2.2 La capacidad de ser signos
Es la capacidad de hacerse entender, de provocar, de proponer interrogantes, de involucrar, de colocar ante alternativas radicales, de obligar a decidirse, por lo menos internamente, de erigirse en señal y voz, excluyendo cualquier teatralidad o forma de protagonismo.

El criterio de la capacidad de ser signos resume diversas características típicas de la vida consagrada, así como recomendaciones muy destacadas últimamente: el carácter profético, la capacidad de testimonio, la transparencia del mensaje, la radicalidad, la colocación en las fronteras de la evangelización y de la caridad. Recuerda la expresión de Pablo VI sobre los religiosos: "Su apostolado está frecuentemente marcado por una originalidad y una imaginación que suscita admiración… Se les encuentra no raras veces en la vanguardia de la misión y afrontando los más grandes riesgos para su salud y su propia vida".

En la raíz del criterio de la capacidad de ser signos hay algunos presupuestos. El Reino es anunciado y se difunde por medio de "signos", es decir, por acciones que producen efectos inmediatamente limitados pero que son capaces de abrir nuevas perspectivas de existencia a quien los acoge y activar un cambio de mentalidad y de actitudes. Este es el resultado principal.

Así actuó Jesús. Los "signos" servían para dar una visión nueva de la vida y como noticia llegada de lejos. El anuncio evangélico no alcanza directamente a cada persona, ni cubre materialmente todos los espacios y actividades en los que el hombre desarrolla su vida. Se coloca en ellos como una levadura, una luz, una ciudad ubicada en la cima de una montaña. Hoy, más que nunca, se hace necesaria una pastoral de los "signos". La propia Iglesia se presenta como un "signo" del Reino, del mensaje evangélico, de la Resurrección de Jesús.

De este criterio emana una consecuencia muy practica: la urgencia de optar en conformidad con la eficacia del signo. Todas las presencias correspondientes a un carisma son útiles y quizás también legitimas. Pero dada su ubicación y su modalidad de intervención, no todas hablan hoy con la misma intensidad ni la misma claridad.

Adentrándonos más en la aplicación del criterio de la capacidad de ser signos nos damos cuenta que presupone la atención prioritaria a algunos factores que son clave para diseñar de nuevo la presencia y, consecuentemente, también las correspondientes operaciones de reestructuración.

El primero de estos factores es la persona del consagrado. El tipo de formación inicial y permanente de vida y trabajo, deben favorecer el crecimiento en la propia vocación que va unido a una identidad serena y abierta a la confrontación, capaz de diálogo constante con el evangelio y con la cultura de su tiempo.

Las potencialidades de su consagración y preparación espiritual deben ser valorizadas al máximo, en vez de cargarlo de funciones organizativas y administrativas a causa, tal vez, de la disminución de las fuerzas y el aumento de los compromisos.

La calidad de la vida de los individuos requiere tiempo y atención. Hay que prevenir cansancios prematuros y caídas de tensión, confiando compromisos proporcionales en los que sea posible trabajar en profundidad y no se deba limitar a una evangelización superficial o a una acción de caridad solamente inmediata.

Un segundo factor para nuestra capacidad de ser signos es la comunidad: la unidad que resulta de la aceptación de las personas, la fraternidad que se vive y se difunde, la comunicación y corresponsabilidad en la acción; la vida cotidiana en la que emerge la acogida de quien busca apoyo y ayuda en ella y que evidencia la opción radical por Cristo.

Elemento en la capacidad de ser signos en lo que respecta a la comunidad es su colocación en un contexto y su inserción en el mismo; Es el propósito y la capacidad de agregar otras fuerzas para las cuales puede convertirse en centro de comunión y de participación. Se es significante cuando quien quiere comprometerse encuentra en nuestra comunidad invitación, apoyo y acogida. Algunas comunidades se han convertido en punto de referencia para iniciativas en el campo social, cultural y religioso. La gente sabe que puede acercarse y confiar en ellas para un confrontación aclaratoria, para una iniciativa común, para hacer madurar una mentalidad y moderar tendencias o hacer circular mensajes en el ambiente.

Agrego, como punto significativo sobre el cual discernir, los elementos que caracterizan la misión: los destinatarios, el servicio, y la mentalidad con la que se realiza.

2.3 Diálogo con la realidad
Resumo en este criterio una serie de palabras entre las que no se cuál escoger: atención a los signos, percepción por las urgencias, inserción, inculturación, sintonía eclesial y otras similares.

Hay macro-tendencias en la cultura, nuevos sujetos emergentes, preguntas inéditas. Los signos se dan en la Iglesia: las nuevas expresiones de la comunión, el crecimiento del laicado, la tensión hacia una nueva evangelización, el diálogo ecuménico y con las otras religiones, el diálogo con la cultura secular, el compromiso con la justicia.

Y se dan en el mundo. Hay que asumir algunas de ella para llevar los valores a su fuente y fundamento: la dignidad de la persona, la solidaridad, los derechos civiles, la libertad en sus diversas expresiones. Otras hay que contestarlas proféticamente: la competencia despiadada, el predominio de lo económico, el subjetivismo ético. De otras, ni buenas ni malas, hay que hacer uso: la comunicación social, los espacios virtuales, la posibilidad de sinergia más amplia.

En el conjunto es necesario tener en cuenta la complejidad: es decir las muchas posibilidades simultáneas que se ofrecen a una presencia, las muchas relaciones en la que se le encuentra, los múltiples mensajes que puede difundir, las múltiples sensibilidades que hay que cultivar.





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