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Marcel Schwob El zueco Concordancias (Hapax Legomena) |
Pár.
1 19 | los cristales y el viento abatía las ramillas de la chimenea.~ ~ 2 11 | Grandes bandadas de cuervos se abatían sobre los campos, con roncos 3 11 | látigo a modo de saludo. Las abejarucos de cabeza azul piaban en 4 1 | de improviso avellanos y ablanedos dirigidos hacia el cielo. 5 2 | constantemente con su larga cola. Abría las avellanas con los cuernos, 6 30 | la falda de la pequeña y, abriendo unas grandes alas negras 7 17 | uno de los pescadores más acomodados de la comarca, pues tenía 8 29 | le dijo al diablo- te acompaño.~ ~ 9 19 | niños, arreglando redes, acostando al padre cuando volvía borracho 10 32 | donde un segador misterioso acude cada noche, con la luna 11 13 | caballo bretón con cabestro adornado de cascabeles y dos plumeros 12 12 | mirarla; las ranas verdes agachadas la contemplaban tragando 13 19 | chiquillos que aparecían agarrados a sus faldas cuando, en 14 2 | violeta oscuro, se hallaba agazapado bajo un matorral; sobre 15 19 | No era agraciado pues tenía una cara huesuda 16 18 | manos se le pusieron rojas y agrietadas, las muñecas arrugadas como 17 27 | volver a poner tu zueco. Ahora puedes elegir entre esa 18 20 | través de los cristales ahumados iluminaron una apagada chimenea 19 30 | volaban con suavidad por los aires. Eran los santos y santas 20 18 | el vertedor, limpiar las algas, lavar los chubasqueros, 21 | algunas 22 | allá 23 13 | anteojeras. Cuando llegó a la altura de la chica, ésta tendió 24 11 | con montones de sal que amarilleaban ante el cruce de las calzadas. 25 19 | huesuda y un tupé de cabellos amarillos entre dos orejas puntiagudas. 26 11 | sorprendida, se puso de nuevo a andar. Durmió bajo una coscoja 27 11 | el cruce de las calzadas. Andarríos y nevatillas picoteaban 28 21 | falda desgarrada, y con angustia exclamó:~ ~ 29 1 | de una cola en penacho, anidó entre sus brazos e introdujo 30 4 | el diablo? -contestó el animal levantándose.~ ~ 31 16 | cocodrilo o por un sourd; esos animales, que recorren los caminos 32 31 | valor que la de decenas de años; no tiene en cuenta el tiempo, 33 18 | conchas. De la chiquilla de antaño sólo quedaban dos ojos como 34 | ante 35 13 | plumeros colocados sobre los anteojeras. Cuando llegó a la altura 36 | antes 37 20 | ahumados iluminaron una apagada chimenea y una vieja moribunda. 38 19 | día de borrachera, Jeanne aparecía cubierta de moratones. Parió 39 19 | ristra de chiquillos que aparecían agarrados a sus faldas cuando, 40 1 | cuando una niña vagabunda apareció por la ruta principal del 41 | aquel 42 | aquellas 43 | aquellos 44 | aquí 45 30 | hacia la tierra como una araña al extremo de su hilo; la 46 18 | mejillones violetas que arañan la piel con el filo cortante 47 12 | le bañaba el cabello; las arañas rojas se deslizaban entre 48 1 | bajo los árboles, bajo los arcos que formaban las ramas entrelazadas 49 12 | camisa y continuó su camino arrastrando una pierna. Poco a poco 50 19 | monótonos, lavando a los niños, arreglando redes, acostando al padre 51 18 | hizo mayor, a fuerza de arreglar las redes, manipular los 52 12 | resbalaron por la pasarela del arroyo que cortaba la ruta: la 53 18 | agrietadas, las muñecas arrugadas como el cuello de un lagarto, 54 18 | pescozones cayeron sobre ella con asiduidad. Y cuando se hizo mayor, 55 32 | santa Magdalena, hacia un astro bermejo y desconocido donde 56 1 | pañuelo rojo a la cabeza atado bajo el mentón, una camisa 57 1 | pequeña; y después un cuerpo aterciopelado por completo, seguido de 58 13 | trataba de sobreponerse al aturdimiento. Luego, a lo lejos, se oyeron 59 30 | en torno a la cabeza un aureola de oro; las lágrimas de 60 20 | Y un día, al llegar la aurora, los rayos grises que entraron 61 13 | blusas azules. El charabán avanzaba con rapidez; delante trotaba 62 1 | que ya no tenía miedo, y avanzó hacia la luz.~ ~ 63 1 | donde surgían de improviso avellanos y ablanedos dirigidos hacia 64 14 | parece un chica que necesita ayuda. Detén el caballo, Jean, 65 10 | no tengas miedo. Voy a ayudarte. Ponte de nuevo el zueco 66 11 | bajo una lona mojada, le azotó las piernas con el látigo 67 11 | Las abejarucos de cabeza azul piaban en los setos de majuelo 68 6 | nasales y en sus orejas bailaban sobre su cara.~ ~ 69 14 | que no se mueva y pueda bajarme. ¡So! ¡so! ¡vamos pues! 70 17 | de pescador, cubierta de bálago; su propietario era uno 71 12 | El agua, susurrando, le bañaba el cabello; las arañas rojas 72 11 | hasta las landas pedregosas bañadas por un aire salado. Y más 73 11 | en la carretera. Grandes bandadas de cuervos se abatían sobre 74 11 | sol naciente que formaba bandas rojas y violetas por oriente, 75 1 | las hojas verdes con una barra sangre y oro, cuando una 76 18 | marineros, fue educada a base de golpes. Los maltratos 77 11 | flores blancas. La pequeña, bastante sorprendida, se puso de 78 23 | Has hecho bastantes progresos y eres libre de 79 12 | escudilla golpeando en su bastón se desvaneció por completo.~ ~ 80 18 | a pescar a la traína y a beber al regreso jarras de sidra 81 11 | conduciendo un grupo de becerros que mugían bajo una lona 82 32 | Magdalena, hacia un astro bermejo y desconocido donde se encuentran 83 32 | encuentran las islas de los Bienaventurados. Allí es donde un segador 84 7 | Sé bienvenida, niña -dijo el diablo-. 85 30 | campanadas de la iglesia de Blain, y de todos los campos oscuros 86 30 | santa cogió a la niña en sus blancos brazos y dijo:~ ~ 87 1 | pantorrillas doradas, redondas como bolillos, que se introducían en zuecos 88 19 | fuertes: tras cada día de borrachera, Jeanne aparecía cubierta 89 1 | camisa de paño gris con botones de cobre, una falda deshilachada, 90 1 | fondo de una de aquellas bóvedas negras, vio dos llamas muy 91 18 | llegó a convertirse en una bracera destinada al matrimonio. 92 18 | sólo quedaban dos ojos como brasas y una tez morena; con las 93 1 | las ramas entrelazadas con breñas picadas de endrinas de donde 94 13 | trotaba un pequeño caballo bretón con cabestro adornado de 95 11 | fresco de la mañana, con la bruma flotando aún por encima 96 7 | sencillas. Creo que eres una buena chica, pero no te sabes 97 8 | veces, cuando pasan damas o caballeros, me las compran por diez 98 12 | susurrando, le bañaba el cabello; las arañas rojas se deslizaban 99 13 | pequeño caballo bretón con cabestro adornado de cascabeles y 100 12 | que cortaba la ruta: la caída y el pánico hicieron que 101 10 | nuevo el zueco que se te ha caído.~ ~ 102 18 | endurecidos y llenos de callos por haber pasado mil veces 103 11 | amarilleaban ante el cruce de las calzadas. Andarríos y nevatillas 104 30 | repente, sonaron las doce campanadas de la iglesia de Blain, 105 16 | punto de morir, - susurró la campesina - ¡Pobre chiquilla! O es 106 11 | coscoja en un rincón del campo y al día siguiente prosiguió 107 21 | que una de esas bocanadas cantaba en su garganta, se oyó tocar 108 1 | granos verdes. Los grandes cardos cerraban sus flores violetas, 109 17 | mercado en el fondo de la carreta.~ ~ 110 11 | ni ardilla, ni diablo. Un carretero borracho que pasaba en aquel 111 16 | dañinos. Sujeta bien el carro, Jean, que no se mueva. 112 18 | sobre el matrimonio. Se casaron: el hombre se fue a pescar 113 11 | con su cola, y la ardilla cascaba otra. La pequeña introdujo 114 2 | cuernos, les quitaba las cáscaras con sus manos secas y peludas, 115 7 | pero no te sabes aún el catecismo. Cuando seas mayor tal vez 116 8 | me las compran por diez céntimos. Y por la noche, a veces, 117 | cerca 118 1 | verdes. Los grandes cardos cerraban sus flores violetas, la 119 18 | encorvada por las pesadas cestas de sardinas, llegó a convertirse 120 18 | marinero que pescaba en una chalupa. Retuvieron a la chica pensando 121 19 | moratones. Parió una ristra de chiquillos que aparecían agarrados 122 18 | limpiar las algas, lavar los chubasqueros, introducir los brazos en 123 7 | los hombres, pero verás claramente que eso no es cierto. Sólo 124 1 | paño gris con botones de cobre, una falda deshilachada, 125 16 | o ha sido mordida por un cocodrilo o por un sourd; esos animales, 126 32 | siembra en la noche.~ ~FIN~ ~Coeur double~ ~ ~ ~ 127 30 | extremo de su hilo; la santa cogió a la niña en sus blancos 128 30 | Haces de fuego rojo como cohetes surgieron de sus cuernos, 129 20 | Finalmente, se quedó sola, vieja, cojitranca, encogida, temblorosa y 130 30 | sus pies; la pequeña iba colgando inerte, como un pájaro herido. 131 13 | cascabeles y dos plumeros colocados sobre los anteojeras. Cuando 132 1 | a lo lejos reforzaba su color grisáceo bajo la niebla. 133 17 | pescadores más acomodados de la comarca, pues tenía con qué vivir 134 18 | Jean, y antes de que los comentarios del pueblo publicaran los 135 8 | Esta noche no he podido comer porque estamos en el bosque.~ ~ 136 2 | los dientes cuando se las comía. Al ver a la niña, dejó 137 | Cómo 138 8 | damas o caballeros, me las compran por diez céntimos. Y por 139 18 | el filo cortante de sus conchas. De la chiquilla de antaño 140 18 | Allí concluyó el viaje de la pequeña, 141 11 | aquel instante al galope conduciendo un grupo de becerros que 142 18 | los cubos de agua sucia, conducir el vertedor, limpiar las 143 5 | señor diablo. Yo no te conozco ¿sabes? ¡nunca he oído hablar 144 12 | ranas verdes agachadas la contemplaban tragando aire. Sin embargo, 145 4 | ves que soy el diablo? -contestó el animal levantándose.~ ~ 146 12 | su ennegrecida camisa y continuó su camino arrastrando una 147 30 | habían vertido se habían convertido en diamantes y rubíes que 148 18 | cestas de sardinas, llegó a convertirse en una bracera destinada 149 15 | le habían estrangulado el corazón dentro del pecho.~ ~ 150 1 | cayó mientras las lágrimas corrían entre sus dedos. Las ortigas 151 1 | suelo. Pero la niña había corrido tanto por los caminos que 152 1 | introdujo su nariz en la manga corta de paño. Entonces la niña 153 12 | pasarela del arroyo que cortaba la ruta: la caída y el pánico 154 18 | arañan la piel con el filo cortante de sus conchas. De la chiquilla 155 11 | a andar. Durmió bajo una coscoja en un rincón del campo y 156 17 | vez que una mosca le hacía cosquillas en la testera; la mujer 157 6 | los manojos de pelos que crecían en sus fosas nasales y en 158 20 | los ojos rojos. Los hijos crecieron y se fueron uno por aquí, 159 7 | las personas sencillas. Creo que eres una buena chica, 160 11 | que amarilleaban ante el cruce de las calzadas. Andarríos 161 1 | El bosque del Gâvre está cruzado por doce grandes senderos. 162 11 | salado. Y más lejos encontró cuadrados de tierra, cubiertos de 163 11 | en los setos de majuelo cuajados de flores blancas. La pequeña, 164 11 | encontró cuadrados de tierra, cubiertos de agua salina, con montones 165 18 | las redes, manipular los cubos de agua sucia, conducir 166 12 | viejo, el cuello surcado por cuerdas rígidas y retorcidas y los 167 1 | la pequeña; y después un cuerpo aterciopelado por completo, 168 11 | carretera. Grandes bandadas de cuervos se abatían sobre los campos, 169 30 | Eran los santos y santas cuya fiesta acababa de empezar; 170 2 | sus manos secas y peludas, cuyas palmas eran rosas y rechinaba 171 20 | levantaban sus harapos, mientras daba las últimas bocanadas.~ ~ 172 8 | y, a veces, cuando pasan damas o caballeros, me las compran 173 16 | caminos de noche, son bien dañinos. Sujeta bien el carro, Jean, 174 8 | negro. Yo, como puedes ver, deambulo a la luz del sol por la 175 8 | Eres malo; en tu casa todo debe estar negro. Yo, como puedes 176 31 | el mismo valor que la de decenas de años; no tiene en cuenta 177 11 | Y mientras decía esto, el diablo cogía una 178 1 | lágrimas corrían entre sus dedos. Las ortigas dejaban inclinarse 179 1 | entre sus dedos. Las ortigas dejaban inclinarse sus racimos de 180 2 | comía. Al ver a la niña, dejó de roer y se quedó mirándola, 181 13 | charabán avanzaba con rapidez; delante trotaba un pequeño caballo 182 | demasiado 183 13 | no podía mover el brazo derecho. Sentada sobre la pasarela, 184 20 | Luego el hombre desapareció en el mar; Jeanne lo lloró 185 32 | hacia un astro bermejo y desconocido donde se encuentran las 186 21 | su camisa gris y su falda desgarrada, y con angustia exclamó:~ ~ 187 1 | botones de cobre, una falda deshilachada, un par de pequeñas pantorrillas 188 30 | diáfanos. Y santa Magdalena deshizo sobre la pequeña sus cabellos 189 12 | cabello; las arañas rojas se deslizaban entre las hojas de los nenúfares 190 32 | de la noche, y dos alas deslumbrantes surgieron de sus hombros. 191 12 | el pánico hicieron que se desmayara. El agua, susurrando, le 192 13 | La pequeña se despertó bajo el intenso sol. Estaba 193 13 | divisar una toca blanca que destacaba entre dos blusas azules. 194 18 | convertirse en una bracera destinada al matrimonio. Fue prometida 195 12 | golpeando en su bastón se desvaneció por completo.~ ~ 196 14 | chica que necesita ayuda. Detén el caballo, Jean, voy a 197 30 | que salpicaban sus ropajes diáfanos. Y santa Magdalena deshizo 198 30 | se habían convertido en diamantes y rubíes que salpicaban 199 19 | marineros: a golpes. Los días transcurrían monótonos, 200 8 | caballeros, me las compran por diez céntimos. Y por la noche, 201 24 | Cómo?! -dijo- ¿No soy una pecadora y vas 202 20 | temblorosa y viviendo del poco dinero que le enviaba uno de los 203 19 | sus faldas cuando, en el dintel de la casa, raspaba la marmita 204 12 | brazos extendidos. Ella dio un grito; sus gruesos zuecos 205 31 | Para Dios, tu vida de un segundo tiene 206 1 | improviso avellanos y ablanedos dirigidos hacia el cielo. Y, al fondo 207 13 | del sol con la mano logró divisar una toca blanca que destacaba 208 15 | resplandor de la carretera y el dolor sordo que le producía el 209 13 | bajo el intenso sol. Estaba dolorida y no podía mover el brazo 210 | dónde 211 1 | de pequeñas pantorrillas doradas, redondas como bolillos, 212 8 | mujeres que me permiten dormir sobre su heno. Esta noche 213 32 | la noche.~ ~FIN~ ~Coeur double~ ~ ~ ~ 214 11 | se puso de nuevo a andar. Durmió bajo una coscoja en un rincón 215 | e 216 16 | que no se mueva. Ven a echarme una mano, Mathurin, para 217 6 | El diablo se echó a reír. Acercó su garra 218 18 | chicas de los marineros, fue educada a base de golpes. Los maltratos 219 19 | papillas. También éstos fueron educados como los chicos y chicas 220 27 | poner tu zueco. Ahora puedes elegir entre esa vida o el nuevo 221 | ellos 222 12 | contemplaban tragando aire. Sin embargo, el mendigo se rascó con 223 27 | durante el instante que empleaste en volver a poner tu zueco. 224 2 | extraordinario, con los ojos encendidos y la boca de un violeta 225 20 | sola, vieja, cojitranca, encogida, temblorosa y viviendo del 226 30 | cabellos rubios; el diablo se encogió y cayó hacia la tierra como 227 18 | pantorrillas torcidas, la espalda encorvada por las pesadas cestas de 228 1 | Cuando llegó a la gran encrucijada, al no saber hacia dónde 229 32 | bermejo y desconocido donde se encuentran las islas de los Bienaventurados. 230 1 | entrelazadas con breñas picadas de endrinas de donde surgían de improviso 231 18 | de un lagarto, los pies endurecidos y llenos de callos por haber 232 12 | lentitud el pecho bajo su ennegrecida camisa y continuó su camino 233 7 | Cuando seas mayor tal vez te enseñen que yo me llevo a los hombres, 234 20 | aurora, los rayos grises que entraron a través de los cristales 235 1 | arcos que formaban las ramas entrelazadas con breñas picadas de endrinas 236 20 | viviendo del poco dinero que le enviaba uno de los hijos que era 237 17 | tenía con qué vivir y podía enviar su pescado al mercado en 238 2 | matorral; sobre su cabeza se erguían dos cuernos puntiagudos 239 1 | El pelo de la ardilla se erizó; algo rechinó los dientes, 240 | esa 241 | esas 242 10 | Escucha, pequeña, no tengas miedo. 243 12 | Poco a poco el sonido de la escudilla golpeando en su bastón se 244 | eso 245 | esos 246 18 | pantorrillas torcidas, la espalda encorvada por las pesadas 247 18 | del pueblo publicaran los esponsales, Jean tomó un vale a cuenta 248 | ésta 249 8 | no he podido comer porque estamos en el bosque.~ ~ 250 | estar 251 | este 252 11 | nevatillas picoteaban el estiércol en la carretera. Grandes 253 | esto 254 | éstos 255 26 | Pero, Satanás ¡si estoy muerta!~ ~ 256 15 | el brazo dañado le habían estrangulado el corazón dentro del pecho.~ ~ 257 32 | praderas de gamonitas siega estrellas rutilantes que luego siembra 258 21 | desgarrada, y con angustia exclamó:~ ~ 259 12 | impidió el paso con sus brazos extendidos. Ella dio un grito; sus 260 30 | que resplandecían de forma extraña. Los santos tenían en torno 261 2 | Un ser extraordinario, con los ojos encendidos 262 19 | aparecían agarrados a sus faldas cuando, en el dintel de 263 28 | reflexionar. Recordó sus penas y fatigas, su vida triste y gris; 264 31 | valora el sufrimiento: ven a festejar con nosotros la fiesta de 265 18 | que arañan la piel con el filo cortante de sus conchas. 266 20 | por aquí, otro por allá. Finalmente, se quedó sola, vieja, cojitranca, 267 1 | repente, dos garras y un fino hocico se subieron a un 268 11 | la mañana, con la bruma flotando aún por encima de los prados. 269 30 | ellos, que resplandecían de forma extraña. Los santos tenían 270 11 | bajo un sol naciente que formaba bandas rojas y violetas 271 1 | árboles, bajo los arcos que formaban las ramas entrelazadas con 272 30 | campos oscuros subieron formas blancas, mujeres y hombres, 273 6 | pelos que crecían en sus fosas nasales y en sus orejas 274 12 | mendigo harapiento, con la frente vendada por un trapo viejo, 275 11 | por oriente, en el aire fresco de la mañana, con la bruma 276 30 | árboles del bosque. Haces de fuego rojo como cohetes surgieron 277 19 | puntiagudas. Pero tenía los puños fuertes: tras cada día de borrachera, 278 18 | cuando se hizo mayor, a fuerza de arreglar las redes, manipular 279 28 | triste y gris; se sintió sin fuerzas para volver a empezar.~ ~ 280 11 | pasaba en aquel instante al galope conduciendo un grupo de 281 32 | y entre las praderas de gamonitas siega estrellas rutilantes 282 21 | bocanadas cantaba en su garganta, se oyó tocar a maitines 283 6 | se echó a reír. Acercó su garra puntiaguda hacia la niña 284 20 | uno de los hijos que era gaviero. Y un día, al llegar la 285 22 | diablo y vienes a llevarme! -gimió santiguándose.~ ~ 286 19 | vecinas mientras la lluvia golpeaba los cristales y el viento 287 12 | el sonido de la escudilla golpeando en su bastón se desvaneció 288 30 | lágrimas de los santos y las gotas de sangre que habían vertido 289 1 | hierro. Cuando llegó a la gran encrucijada, al no saber 290 1 | inclinarse sus racimos de granos verdes. Los grandes cardos 291 18 | introducir los brazos en el agua grasienta y en el agua salada, sus 292 11 | sobre los campos, con roncos graznidos.~ ~ 293 1 | lejos reforzaba su color grisáceo bajo la niebla. De repente, 294 20 | llegar la aurora, los rayos grises que entraron a través de 295 12 | extendidos. Ella dio un grito; sus gruesos zuecos resbalaron 296 12 | Ella dio un grito; sus gruesos zuecos resbalaron por la 297 11 | al galope conduciendo un grupo de becerros que mugían bajo 298 32 | cada noche, con la luna por guadaña, y entre las praderas de 299 1 | se introducían en zuecos guarnecidos de hierro. Cuando llegó 300 2 | roer y se quedó mirándola, guiñando constantemente los ojos.~ ~ 301 7 | niña -dijo el diablo-. Me gustan las personas sencillas. 302 18 | endurecidos y llenos de callos por haber pasado mil veces sobre las 303 5 | conozco ¿sabes? ¡nunca he oído hablar de ti. ¿Eres malo?~ ~ 304 | Haces 305 5 | niña-. ¡Oh... oh... no me haga daño! No me hagas daño, 306 5 | no me haga daño! No me hagas daño, señor diablo. Yo no 307 12 | Una tarde halló sentado al margen del camino 308 12 | del camino a un mendigo harapiento, con la frente vendada por 309 | Has 310 | hasta 311 | hay 312 8 | permiten dormir sobre su heno. Esta noche no he podido 313 30 | colgando inerte, como un pájaro herido. Pero, de repente, sonaron 314 12 | ruta: la caída y el pánico hicieron que se desmayara. El agua, 315 1 | en zuecos guarnecidos de hierro. Cuando llegó a la gran 316 30 | una araña al extremo de su hilo; la santa cogió a la niña 317 18 | con asiduidad. Y cuando se hizo mayor, a fuerza de arreglar 318 1 | repente, dos garras y un fino hocico se subieron a un hombro 319 1 | hocico se subieron a un hombro de la pequeña; y después 320 32 | deslumbrantes surgieron de sus hombros. Y voló, entre santa María 321 19 | agraciado pues tenía una cara huesuda y un tupé de cabellos amarillos 322 30 | blanco con su boca violeta, hundió sus garras en la falda de 323 30 | de sus pies; la pequeña iba colgando inerte, como un 324 20 | de los cristales ahumados iluminaron una apagada chimenea y una 325 12 | llegar, se levantó y le impidió el paso con sus brazos extendidos. 326 1 | endrinas de donde surgían de improviso avellanos y ablanedos dirigidos 327 1 | dedos. Las ortigas dejaban inclinarse sus racimos de granos verdes. 328 30 | la pequeña iba colgando inerte, como un pájaro herido. 329 13 | pequeña se despertó bajo el intenso sol. Estaba dolorida y no 330 1 | redondas como bolillos, que se introducían en zuecos guarnecidos de 331 18 | lavar los chubasqueros, introducir los brazos en el agua grasienta 332 1 | al no saber hacia dónde ir, se sentó cerca de la señal 333 32 | donde se encuentran las islas de los Bienaventurados. 334 13 | chica, ésta tendió el brazo izquierdo suplicante. Una mujer gritó:~ ~ 335 18 | traína y a beber al regreso jarras de sidra y vasos de ron.~ ~ 336 19 | en algunas buenas tardes, jugando al tres-siete con las vecinas 337 1 | sentó cerca de la señal kilométrica y se puso a llorar. Y lloró 338 18 | arrugadas como el cuello de un lagarto, los pies endurecidos y 339 11 | andando, llegó hasta las landas pedregosas bañadas por un 340 2 | cogía constantemente con su larga cola. Abría las avellanas 341 11 | azotó las piernas con el látigo a modo de saludo. Las abejarucos 342 19 | transcurrían monótonos, lavando a los niños, arreglando 343 18 | vertedor, limpiar las algas, lavar los chubasqueros, introducir 344 12 | el mendigo se rascó con lentitud el pecho bajo su ennegrecida 345 | les 346 20 | Las rodillas puntiagudas levantaban sus harapos, mientras daba 347 4 | diablo? -contestó el animal levantándose.~ ~ 348 23 | bastantes progresos y eres libre de venir conmigo o no -dijo 349 18 | sucia, conducir el vertedor, limpiar las algas, lavar los chubasqueros, 350 1 | bóvedas negras, vio dos llamas muy rojas. El pelo de la 351 17 | que seguía muy pálida. Llegaron por fin a una casa de pescador, 352 18 | los pies endurecidos y llenos de callos por haber pasado 353 1 | ruta principal del este. Llevaba un pañuelo rojo a la cabeza 354 18 | que podía ser útil para llevar la casa. Como los chicos 355 22 | Eres el diablo y vienes a llevarme! -gimió santiguándose.~ ~ 356 7 | vez te enseñen que yo me llevo a los hombres, pero verás 357 1 | kilométrica y se puso a llorar. Y lloró durante tanto rato 358 19 | las vecinas mientras la lluvia golpeaba los cristales y 359 13 | ojos del sol con la mano logró divisar una toca blanca 360 11 | becerros que mugían bajo una lona mojada, le azotó las piernas 361 32 | acude cada noche, con la luna por guadaña, y entre las 362 21 | garganta, se oyó tocar a maitines y sus ojos se oscurecieron 363 11 | azul piaban en los setos de majuelo cuajados de flores blancas. 364 18 | educada a base de golpes. Los maltratos y los pescozones cayeron 365 11 | en el aire fresco de la mañana, con la bruma flotando aún 366 1 | introdujo su nariz en la manga corta de paño. Entonces 367 18 | fuerza de arreglar las redes, manipular los cubos de agua sucia, 368 6 | avellanas. Cuando se reía, los manojos de pelos que crecían en 369 20 | hombre desapareció en el mar; Jeanne lo lloró en la iglesia. 370 18 | morena; con las mejillas marchitas, las pantorrillas torcidas, 371 12 | Una tarde halló sentado al margen del camino a un mendigo 372 32 | hombros. Y voló, entre santa María y santa Magdalena, hacia 373 18 | blanca, la señora Mathô; el marido el marinero que pescaba 374 18 | señora Mathô; el marido el marinero que pescaba en una chalupa. 375 19 | dintel de la casa, raspaba la marmita de las papillas. También 376 18 | cofia blanca, la señora Mathô; el marido el marinero que 377 2 | hallaba agazapado bajo un matorral; sobre su cabeza se erguían 378 18 | una tez morena; con las mejillas marchitas, las pantorrillas 379 18 | del varec y las ristras de mejillones violetas que arañan la piel 380 1 | la cabeza atado bajo el mentón, una camisa de paño gris 381 17 | podía enviar su pescado al mercado en el fondo de la carreta.~ ~ 382 18 | callos por haber pasado mil veces sobre las pústulas 383 2 | dejó de roer y se quedó mirándola, guiñando constantemente 384 12 | hojas de los nenúfares para mirarla; las ranas verdes agachadas 385 | mismo 386 32 | Allí es donde un segador misterioso acude cada noche, con la 387 11 | piernas con el látigo a modo de saludo. Las abejarucos 388 11 | que mugían bajo una lona mojada, le azotó las piernas con 389 11 | pequeña introdujo su pie mojado dentro del zueco y, de repente, 390 19 | golpes. Los días transcurrían monótonos, lavando a los niños, arreglando 391 11 | cubiertos de agua salina, con montones de sal que amarilleaban 392 19 | Jeanne aparecía cubierta de moratones. Parió una ristra de chiquillos 393 16 | algo retrasada o ha sido mordida por un cocodrilo o por un 394 2 | cuernos puntiagudos y allí mordisqueaba las avellanas que cogía 395 18 | ojos como brasas y una tez morena; con las mejillas marchitas, 396 20 | apagada chimenea y una vieja moribunda. Las rodillas puntiagudas 397 16 | Parece que está a punto de morir, - susurró la campesina - ¡ 398 17 | sacudían cada vez que una mosca le hacía cosquillas en la 399 13 | Estaba dolorida y no podía mover el brazo derecho. Sentada 400 | mucho 401 26 | Pero, Satanás ¡si estoy muerta!~ ~ 402 11 | un grupo de becerros que mugían bajo una lona mojada, le 403 18 | rojas y agrietadas, las muñecas arrugadas como el cuello 404 30 | unas grandes alas negras de murciélago, subió con rapidez por encima 405 11 | carretera principal bajo un sol naciente que formaba bandas rojas 406 1 | sus brazos e introdujo su nariz en la manga corta de paño. 407 6 | que crecían en sus fosas nasales y en sus orejas bailaban 408 14 | Vaya! parece un chica que necesita ayuda. Detén el caballo, 409 8 | tu casa todo debe estar negro. Yo, como puedes ver, deambulo 410 12 | deslizaban entre las hojas de los nenúfares para mirarla; las ranas 411 11 | las calzadas. Andarríos y nevatillas picoteaban el estiércol 412 1 | su color grisáceo bajo la niebla. De repente, dos garras 413 19 | monótonos, lavando a los niños, arreglando redes, acostando 414 | nosotros 415 | nunca 416 14 | pues! Vamos a ver qué le ocurre.~ ~ 417 27 | o el nuevo viaje que te ofrezco.~ ~ 418 5 | conozco ¿sabes? ¡nunca he oído hablar de ti. ¿Eres malo?~ ~ 419 11 | bandas rojas y violetas por oriente, en el aire fresco de la 420 1 | corrían entre sus dedos. Las ortigas dejaban inclinarse sus racimos 421 21 | a maitines y sus ojos se oscurecieron de repente: sintió que se 422 2 | y la boca de un violeta oscuro, se hallaba agazapado bajo 423 30 | Blain, y de todos los campos oscuros subieron formas blancas, 424 13 | aturdimiento. Luego, a lo lejos, se oyeron los cascabeles de un caballo; 425 21 | cantaba en su garganta, se oyó tocar a maitines y sus ojos 426 19 | arreglando redes, acostando al padre cuando volvía borracho y, 427 15 | chiquilla había vuelto al país de los sueños. El sol le 428 30 | colgando inerte, como un pájaro herido. Pero, de repente, 429 17 | chiquilla, que seguía muy pálida. Llegaron por fin a una 430 30 | acababa de empezar; el cielo pálido estaba repleto de ellos, 431 2 | manos secas y peludas, cuyas palmas eran rosas y rechinaba los 432 12 | cortaba la ruta: la caída y el pánico hicieron que se desmayara. 433 19 | raspaba la marmita de las papillas. También éstos fueron educados 434 1 | una falda deshilachada, un par de pequeñas pantorrillas 435 19 | aparecía cubierta de moratones. Parió una ristra de chiquillos 436 12 | rígidas y retorcidas y los párpados vueltos. Cuando la vio llegar, 437 18 | viaje de la pequeña, pues a partir de entonces permaneció en 438 14 | Jean, voy a ver qué le pasa. Sujétalo bien para que 439 11 | Un carretero borracho que pasaba en aquel instante al galope 440 18 | llenos de callos por haber pasado mil veces sobre las pústulas 441 8 | flores y, a veces, cuando pasan damas o caballeros, me las 442 12 | levantó y le impidió el paso con sus brazos extendidos. 443 20 | lo lloró en la iglesia. Pasó mucho tiempo con la cara 444 24 | Cómo?! -dijo- ¿No soy una pecadora y vas a quemarme?~ ~ 445 11 | llegó hasta las landas pedregosas bañadas por un aire salado. 446 1 | dos llamas muy rojas. El pelo de la ardilla se erizó; 447 6 | se reía, los manojos de pelos que crecían en sus fosas 448 2 | cáscaras con sus manos secas y peludas, cuyas palmas eran rosas 449 1 | seguido de una cola en penacho, anidó entre sus brazos 450 28 | reflexionar. Recordó sus penas y fatigas, su vida triste 451 18 | chalupa. Retuvieron a la chica pensando que podía ser útil para 452 1 | deshilachada, un par de pequeñas pantorrillas doradas, redondas 453 18 | pues a partir de entonces permaneció en la casa de aquellos pescadores. 454 8 | hay buenas mujeres que me permiten dormir sobre su heno. Esta 455 7 | el diablo-. Me gustan las personas sencillas. Creo que eres 456 18 | espalda encorvada por las pesadas cestas de sardinas, llegó 457 18 | el marido el marinero que pescaba en una chalupa. Retuvieron 458 17 | vivir y podía enviar su pescado al mercado en el fondo de 459 17 | Llegaron por fin a una casa de pescador, cubierta de bálago; su 460 18 | casaron: el hombre se fue a pescar a la traína y a beber al 461 18 | golpes. Los maltratos y los pescozones cayeron sobre ella con asiduidad. 462 11 | abejarucos de cabeza azul piaban en los setos de majuelo 463 1 | entrelazadas con breñas picadas de endrinas de donde surgían 464 11 | Andarríos y nevatillas picoteaban el estiércol en la carretera. 465 11 | La pequeña introdujo su pie mojado dentro del zueco 466 18 | mejillones violetas que arañan la piel con el filo cortante de 467 12 | su camino arrastrando una pierna. Poco a poco el sonido de 468 11 | lona mojada, le azotó las piernas con el látigo a modo de 469 16 | susurró la campesina - ¡Pobre chiquilla! O es algo retrasada 470 8 | su heno. Esta noche no he podido comer porque estamos en 471 27 | que empleaste en volver a poner tu zueco. Ahora puedes elegir 472 21 | del Gâvre; que acababa de ponerse su zueco; que el diablo 473 10 | tengas miedo. Voy a ayudarte. Ponte de nuevo el zueco que se 474 | porque 475 32 | por guadaña, y entre las praderas de gamonitas siega estrellas 476 11 | flotando aún por encima de los prados. Ya no había ni bosque, 477 15 | y el dolor sordo que le producía el brazo dañado le habían 478 23 | Has hecho bastantes progresos y eres libre de venir conmigo 479 18 | destinada al matrimonio. Fue prometida a Jean, y antes de que los 480 17 | cubierta de bálago; su propietario era uno de los pescadores 481 11 | campo y al día siguiente prosiguió su camino. Andando, andando, 482 13 | el rodar de un vehículo. Protegiéndose los ojos del sol con la 483 18 | los comentarios del pueblo publicaran los esponsales, Jean tomó 484 18 | que los comentarios del pueblo publicaran los esponsales, 485 14 | bien para que no se mueva y pueda bajarme. ¡So! ¡so! ¡vamos 486 19 | puntiagudas. Pero tenía los puños fuertes: tras cada día de 487 30 | extremo de sus alas y de las puntas de sus pies; la pequeña 488 6 | a reír. Acercó su garra puntiaguda hacia la niña y le lanzó 489 2 | cabeza se erguían dos cuernos puntiagudos y allí mordisqueaba las 490 16 | Parece que está a punto de morir, - susurró la campesina - ¡ 491 18 | salada, sus manos se le pusieron rojas y agrietadas, las 492 18 | pasado mil veces sobre las pústulas del varec y las ristras 493 18 | chiquilla de antaño sólo quedaban dos ojos como brasas y una 494 24 | soy una pecadora y vas a quemarme?~ ~ 495 | Quién 496 7 | Sólo vendrás conmigo si quieres.~ ~ 497 8 | Pero, yo no quiero -dijo la niña-. Eres malo; 498 2 | avellanas con los cuernos, les quitaba las cáscaras con sus manos 499 1 | ortigas dejaban inclinarse sus racimos de granos verdes. Los grandes 500 1 | los arcos que formaban las ramas entrelazadas con breñas 501 19 | cristales y el viento abatía las ramillas de la chimenea.~ ~ 502 12 | nenúfares para mirarla; las ranas verdes agachadas la contemplaban 503 12 | Sin embargo, el mendigo se rascó con lentitud el pecho bajo 504 19 | en el dintel de la casa, raspaba la marmita de las papillas. 505 1 | llorar. Y lloró durante tanto rato que la noche cayó mientras 506 1 | Todos los Santos, el sol rayaba aún las hojas verdes con 507 20 | al llegar la aurora, los rayos grises que entraron a través 508 2 | cuyas palmas eran rosas y rechinaba los dientes cuando se las 509 1 | la ardilla se erizó; algo rechinó los dientes, y la ardilla 510 8 | del sol por la carretera; recojo flores y, a veces, cuando 511 28 | y se puso a reflexionar. Recordó sus penas y fatigas, su 512 16 | sourd; esos animales, que recorren los caminos de noche, son 513 1 | pequeñas pantorrillas doradas, redondas como bolillos, que se introducían 514 28 | con una mano y se puso a reflexionar. Recordó sus penas y fatigas, 515 1 | carretera gris a lo lejos reforzaba su color grisáceo bajo la 516 18 | a la traína y a beber al regreso jarras de sidra y vasos 517 6 | sus avellanas. Cuando se reía, los manojos de pelos que 518 6 | El diablo se echó a reír. Acercó su garra puntiaguda 519 27 | No -repitió el diablo-. Es cierto que 520 30 | el cielo pálido estaba repleto de ellos, que resplandecían 521 12 | grito; sus gruesos zuecos resbalaron por la pasarela del arroyo 522 30 | estaba repleto de ellos, que resplandecían de forma extraña. Los santos 523 15 | demasiado los ojos, el blanco resplandor de la carretera y el dolor 524 12 | surcado por cuerdas rígidas y retorcidas y los párpados vueltos. 525 16 | Pobre chiquilla! O es algo retrasada o ha sido mordida por un 526 18 | pescaba en una chalupa. Retuvieron a la chica pensando que 527 12 | cuello surcado por cuerdas rígidas y retorcidas y los párpados 528 11 | Durmió bajo una coscoja en un rincón del campo y al día siguiente 529 19 | de moratones. Parió una ristra de chiquillos que aparecían 530 18 | pústulas del varec y las ristras de mejillones violetas que 531 13 | caballo; y poco después el rodar de un vehículo. Protegiéndose 532 20 | una vieja moribunda. Las rodillas puntiagudas levantaban sus 533 2 | Al ver a la niña, dejó de roer y se quedó mirándola, guiñando 534 21 | con su cola y la ardilla roía otra. Gritó sorprendida 535 20 | la cara triste y los ojos rojos. Los hijos crecieron y se 536 18 | jarras de sidra y vasos de ron.~ ~ 537 11 | abatían sobre los campos, con roncos graznidos.~ ~ 538 30 | rubíes que salpicaban sus ropajes diáfanos. Y santa Magdalena 539 2 | peludas, cuyas palmas eran rosas y rechinaba los dientes 540 30 | convertido en diamantes y rubíes que salpicaban sus ropajes 541 30 | la pequeña sus cabellos rubios; el diablo se encogió y 542 32 | gamonitas siega estrellas rutilantes que luego siembra en la 543 1 | gran encrucijada, al no saber hacia dónde ir, se sentó 544 17 | sus dos plumeros que se sacudían cada vez que una mosca le 545 11 | salina, con montones de sal que amarilleaban ante el 546 18 | agua grasienta y en el agua salada, sus manos se le pusieron 547 11 | pedregosas bañadas por un aire salado. Y más lejos encontró cuadrados 548 11 | tierra, cubiertos de agua salina, con montones de sal que 549 30 | en diamantes y rubíes que salpicaban sus ropajes diáfanos. Y 550 1 | los dientes, y la ardilla saltó al suelo. Pero la niña había 551 11 | con el látigo a modo de saludo. Las abejarucos de cabeza 552 30 | aires. Eran los santos y santas cuya fiesta acababa de empezar; 553 22 | vienes a llevarme! -gimió santiguándose.~ ~ 554 18 | por las pesadas cestas de sardinas, llegó a convertirse en 555 26 | Pero, Satanás ¡si estoy muerta!~ ~ 556 7 | Sé bienvenida, niña -dijo el 557 7 | aún el catecismo. Cuando seas mayor tal vez te enseñen 558 2 | las cáscaras con sus manos secas y peludas, cuyas palmas 559 32 | Bienaventurados. Allí es donde un segador misterioso acude cada noche, 560 17 | hacia la chiquilla, que seguía muy pálida. Llegaron por 561 1 | aterciopelado por completo, seguido de una cola en penacho, 562 31 | Para Dios, tu vida de un segundo tiene el mismo valor que 563 1 | ir, se sentó cerca de la señal kilométrica y se puso a 564 7 | Me gustan las personas sencillas. Creo que eres una buena 565 1 | cruzado por doce grandes senderos. La víspera de Todos los 566 18 | mujer de la cofia blanca, la señora Mathô; el marido el marinero 567 13 | mover el brazo derecho. Sentada sobre la pasarela, trataba 568 12 | Una tarde halló sentado al margen del camino a un 569 1 | saber hacia dónde ir, se sentó cerca de la señal kilométrica 570 11 | cabeza azul piaban en los setos de majuelo cuajados de flores 571 16 | O es algo retrasada o ha sido mordida por un cocodrilo 572 18 | beber al regreso jarras de sidra y vasos de ron.~ ~ 573 32 | las praderas de gamonitas siega estrellas rutilantes que 574 32 | estrellas rutilantes que luego siembra en la noche.~ ~FIN~ ~Coeur 575 11 | rincón del campo y al día siguiente prosiguió su camino. Andando, 576 17 | traqueteando; el pequeño caballo siguió trotando con sus dos plumeros 577 17 | mujer de la cofia blanca, situada entre las dos blusas azules, 578 13 | la pasarela, trataba de sobreponerse al aturdimiento. Luego, 579 20 | allá. Finalmente, se quedó sola, vieja, cojitranca, encogida, 580 16 | recorren los caminos de noche, son bien dañinos. Sujeta bien 581 30 | herido. Pero, de repente, sonaron las doce campanadas de la 582 12 | una pierna. Poco a poco el sonido de la escudilla golpeando 583 15 | la carretera y el dolor sordo que le producía el brazo 584 16 | por un cocodrilo o por un sourd; esos animales, que recorren 585 30 | transparentes, que volaban con suavidad por los aires. Eran los 586 30 | alas negras de murciélago, subió con rapidez por encima de 587 16 | una mano, Mathurin, para subirla.~ ~ 588 18 | manipular los cubos de agua sucia, conducir el vertedor, limpiar 589 1 | dientes, y la ardilla saltó al suelo. Pero la niña había corrido 590 15 | había vuelto al país de los sueños. El sol le había dañado 591 31 | el tiempo, pero valora el sufrimiento: ven a festejar con nosotros 592 16 | noche, son bien dañinos. Sujeta bien el carro, Jean, que 593 14 | voy a ver qué le pasa. Sujétalo bien para que no se mueva 594 13 | tendió el brazo izquierdo suplicante. Una mujer gritó:~ ~ 595 12 | un trapo viejo, el cuello surcado por cuerdas rígidas y retorcidas 596 1 | picadas de endrinas de donde surgían de improviso avellanos y 597 30 | El diablo lanzó un surtidor de vapor blanco con su boca 598 12 | que se desmayara. El agua, susurrando, le bañaba el cabello; las 599 16 | está a punto de morir, - susurró la campesina - ¡Pobre chiquilla! 600 | tal 601 28 | Entonces la chiquilla se tapó los ojos con una mano y 602 12 | Una tarde halló sentado al margen 603 19 | veces, en algunas buenas tardes, jugando al tres-siete con 604 20 | vieja, cojitranca, encogida, temblorosa y viviendo del poco dinero 605 13 | altura de la chica, ésta tendió el brazo izquierdo suplicante. 606 10 | Escucha, pequeña, no tengas miedo. Voy a ayudarte. Ponte 607 30 | forma extraña. Los santos tenían en torno a la cabeza un 608 17 | le hacía cosquillas en la testera; la mujer de la cofia blanca, 609 [Título]| Texto~ ~ 610 18 | dos ojos como brasas y una tez morena; con las mejillas 611 | ti 612 13 | la mano logró divisar una toca blanca que destacaba entre 613 21 | cantaba en su garganta, se oyó tocar a maitines y sus ojos se 614 | toda 615 | todo 616 18 | publicaran los esponsales, Jean tomó un vale a cuenta sobre el 617 18 | marchitas, las pantorrillas torcidas, la espalda encorvada por 618 30 | extraña. Los santos tenían en torno a la cabeza un aureola de 619 12 | agachadas la contemplaban tragando aire. Sin embargo, el mendigo 620 18 | hombre se fue a pescar a la traína y a beber al regreso jarras 621 19 | marineros: a golpes. Los días transcurrían monótonos, lavando a los 622 30 | mujeres y hombres, de alas transparentes, que volaban con suavidad 623 12 | la frente vendada por un trapo viejo, el cuello surcado 624 17 | El charabán la fue traqueteando; el pequeño caballo siguió 625 13 | Sentada sobre la pasarela, trataba de sobreponerse al aturdimiento. 626 20 | rayos grises que entraron a través de los cristales ahumados 627 19 | buenas tardes, jugando al tres-siete con las vecinas mientras 628 13 | avanzaba con rapidez; delante trotaba un pequeño caballo bretón 629 17 | el pequeño caballo siguió trotando con sus dos plumeros que 630 19 | tenía una cara huesuda y un tupé de cabellos amarillos entre 631 20 | harapos, mientras daba las últimas bocanadas.~ ~ 632 | unas 633 18 | chica pensando que podía ser útil para llevar la casa. Como 634 32 | también cayeron los zuecos al vacío de la noche, y dos alas 635 1 | sangre y oro, cuando una niña vagabunda apareció por la ruta principal 636 18 | esponsales, Jean tomó un vale a cuenta sobre el matrimonio. 637 31 | un segundo tiene el mismo valor que la de decenas de años; 638 31 | en cuenta el tiempo, pero valora el sufrimiento: ven a festejar 639 30 | diablo lanzó un surtidor de vapor blanco con su boca violeta, 640 18 | veces sobre las pústulas del varec y las ristras de mejillones 641 24 | dijo- ¿No soy una pecadora y vas a quemarme?~ ~ 642 18 | regreso jarras de sidra y vasos de ron.~ ~ 643 14 | Vaya! parece un chica que necesita 644 19 | jugando al tres-siete con las vecinas mientras la lluvia golpeaba 645 13 | poco después el rodar de un vehículo. Protegiéndose los ojos 646 12 | harapiento, con la frente vendada por un trapo viejo, el cuello 647 7 | que eso no es cierto. Sólo vendrás conmigo si quieres.~ ~ 648 23 | progresos y eres libre de venir conmigo o no -dijo el diablo.~ ~ 649 25 | diablo-, puedes vivir o venirte conmigo.~ ~ 650 7 | llevo a los hombres, pero verás claramente que eso no es 651 21 | otra. Gritó sorprendida al verse de pequeña, con su pañuelo 652 18 | agua sucia, conducir el vertedor, limpiar las algas, lavar 653 30 | gotas de sangre que habían vertido se habían convertido en 654 4 | No ves que soy el diablo? -contestó 655 12 | frente vendada por un trapo viejo, el cuello surcado por cuerdas 656 22 | Oh! ¡Eres el diablo y vienes a llevarme! -gimió santiguándose.~ ~ 657 19 | golpeaba los cristales y el viento abatía las ramillas de la 658 1 | doce grandes senderos. La víspera de Todos los Santos, el 659 20 | encogida, temblorosa y viviendo del poco dinero que le enviaba 660 30 | alas transparentes, que volaban con suavidad por los aires. 661 32 | surgieron de sus hombros. Y voló, entre santa María y santa 662 15 | acercó, la chiquilla había vuelto al país de los sueños. El 663 12 | retorcidas y los párpados vueltos. Cuando la vio llegar, se