Pár.

  1    19   |           los cristales y el viento abatía las ramillas de la chimenea.~ ~
  2    11   |      Grandes bandadas de cuervos se abatían sobre los campos, con roncos
  3    11   |        látigo a modo de saludo. Las abejarucos de cabeza azul piaban en
  4     1   |            de improviso avellanos y ablanedos dirigidos hacia el cielo.
  5     2   |   constantemente con su larga cola. Abría las avellanas con los cuernos,
  6    30   |           la falda de la pequeña y, abriendo unas grandes alas negras
  7    17   |           uno de los pescadores más acomodados de la comarca, pues tenía
  8    29   |               le dijo al diablo- te acompaño.~ ~
  9    19   |            niños, arreglando redes, acostando al padre cuando volvía borracho
 10    32   |         donde un segador misterioso acude cada noche, con la luna
 11    13   |         caballo bretón con cabestro adornado de cascabeles y dos plumeros
 12    12   |           mirarla; las ranas verdes agachadas la contemplaban tragando
 13    19   |            chiquillos que aparecían agarrados a sus faldas cuando, en
 14     2   |          violeta oscuro, se hallaba agazapado bajo un matorral; sobre
 15    19   |                              No era agraciado pues tenía una cara huesuda
 16    18   |        manos se le pusieron rojas y agrietadas, las muñecas arrugadas como
 17    27   |            volver a poner tu zueco. Ahora puedes elegir entre esa
 18    20   |             través de los cristales ahumados iluminaron una apagada chimenea
 19    30   |        volaban con suavidad por los aires. Eran los santos y santas
 20    18   |            el vertedor, limpiar las algas, lavar los chubasqueros,
 21         | algunas
 22         | allá
 23    13   |       anteojeras. Cuando llegó a la altura de la chica, ésta tendió
 24    11   |             con montones de sal que amarilleaban ante el cruce de las calzadas.
 25    19   |       huesuda y un tupé de cabellos amarillos entre dos orejas puntiagudas.
 26    11   |     sorprendida, se puso de nuevo a andar. Durmió bajo una coscoja
 27    11   |           el cruce de las calzadas. Andarríos y nevatillas picoteaban
 28    21   |             falda desgarrada, y con angustia exclamó:~ ~
 29     1   |             de una cola en penacho, anidó entre sus brazos e introdujo
 30     4   |             el diablo? -contestó el animal levantándose.~ ~
 31    16   |      cocodrilo o por un sourd; esos animales, que recorren los caminos
 32    31   |          valor que la de decenas de años; no tiene en cuenta el tiempo,
 33    18   |         conchas. De la chiquilla de antaño sólo quedaban dos ojos como
 34         | ante
 35    13   |        plumeros colocados sobre los anteojeras. Cuando llegó a la altura
 36         | antes
 37    20   |             ahumados iluminaron una apagada chimenea y una vieja moribunda.
 38    19   |           día de borrachera, Jeanne aparecía cubierta de moratones. Parió
 39    19   |            ristra de chiquillos que aparecían agarrados a sus faldas cuando,
 40     1   |           cuando una niña vagabunda apareció por la ruta principal del
 41         | aquel
 42         | aquellas
 43         | aquellos
 44         | aquí
 45    30   |            hacia la tierra como una araña al extremo de su hilo; la
 46    18   |             mejillones violetas que arañan la piel con el filo cortante
 47    12   |           le bañaba el cabello; las arañas rojas se deslizaban entre
 48     1   |          bajo los árboles, bajo los arcos que formaban las ramas entrelazadas
 49    12   |         camisa y continuó su camino arrastrando una pierna. Poco a poco
 50    19   |     monótonos, lavando a los niños, arreglando redes, acostando al padre
 51    18   |             hizo mayor, a fuerza de arreglar las redes, manipular los
 52    12   |      resbalaron por la pasarela del arroyo que cortaba la ruta: la
 53    18   |             agrietadas, las muñecas arrugadas como el cuello de un lagarto,
 54    18   |   pescozones cayeron sobre ella con asiduidad. Y cuando se hizo mayor,
 55    32   |           santa Magdalena, hacia un astro bermejo y desconocido donde
 56     1   |            pañuelo rojo a la cabeza atado bajo el mentón, una camisa
 57     1   |        pequeña; y después un cuerpo aterciopelado por completo, seguido de
 58    13   |          trataba de sobreponerse al aturdimiento. Luego, a lo lejos, se oyeron
 59    30   |             en torno a la cabeza un aureola de oro; las lágrimas de
 60    20   |              Y un día, al llegar la aurora, los rayos grises que entraron
 61    13   |          blusas azules. El charabán avanzaba con rapidez; delante trotaba
 62     1   |            que ya no tenía miedo, y avanzó hacia la luz.~ ~
 63     1   |          donde surgían de improviso avellanos y ablanedos dirigidos hacia
 64    14   |        parece un chica que necesita ayuda. Detén el caballo, Jean,
 65    10   |              no tengas miedo. Voy a ayudarte. Ponte de nuevo el zueco
 66    11   |            bajo una lona mojada, le azotó las piernas con el látigo
 67    11   |            Las abejarucos de cabeza azul piaban en los setos de majuelo
 68     6   |             nasales y en sus orejas bailaban sobre su cara.~ ~
 69    14   |             que no se mueva y pueda bajarme. ¡So! ¡so! ¡vamos pues!
 70    17   |            de pescador, cubierta de bálago; su propietario era uno
 71    12   |             El agua, susurrando, le bañaba el cabello; las arañas rojas
 72    11   |         hasta las landas pedregosas bañadas por un aire salado. Y más
 73    11   |            en la carretera. Grandes bandadas de cuervos se abatían sobre
 74    11   |            sol naciente que formaba bandas rojas y violetas por oriente,
 75     1   |            las hojas verdes con una barra sangre y oro, cuando una
 76    18   |            marineros, fue educada a base de golpes. Los maltratos
 77    11   |         flores blancas. La pequeña, bastante sorprendida, se puso de
 78    23   |                           Has hecho bastantes progresos y eres libre de
 79    12   |           escudilla golpeando en su bastón se desvaneció por completo.~ ~
 80    18   |            a pescar a la traína y a beber al regreso jarras de sidra
 81    11   |             conduciendo un grupo de becerros que mugían bajo una lona
 82    32   |           Magdalena, hacia un astro bermejo y desconocido donde se encuentran
 83    32   |         encuentran las islas de los Bienaventurados. Allí es donde un segador
 84     7   |                                  Sé bienvenida, niña -dijo el diablo-.
 85    30   |         campanadas de la iglesia de Blain, y de todos los campos oscuros
 86    30   |        santa cogió a la niña en sus blancos brazos y dijo:~ ~
 87     1   | pantorrillas doradas, redondas como bolillos, que se introducían en zuecos
 88    19   |           fuertes: tras cada día de borrachera, Jeanne aparecía cubierta
 89     1   |             camisa de paño gris con botones de cobre, una falda deshilachada,
 90     1   |            fondo de una de aquellas bóvedas negras, vio dos llamas muy
 91    18   |          llegó a convertirse en una bracera destinada al matrimonio.
 92    18   |         sólo quedaban dos ojos como brasas y una tez morena; con las
 93     1   |          las ramas entrelazadas con breñas picadas de endrinas de donde
 94    13   |          trotaba un pequeño caballo bretón con cabestro adornado de
 95    11   |         fresco de la mañana, con la bruma flotando aún por encima
 96     7   |        sencillas. Creo que eres una buena chica, pero no te sabes
 97     8   |         veces, cuando pasan damas o caballeros, me las compran por diez
 98    12   |            susurrando, le bañaba el cabello; las arañas rojas se deslizaban
 99    13   |          pequeño caballo bretón con cabestro adornado de cascabeles y
100    12   |             que cortaba la ruta: la caída y el pánico hicieron que
101    10   |         nuevo el zueco que se te ha caído.~ ~
102    18   |             endurecidos y llenos de callos por haber pasado mil veces
103    11   |   amarilleaban ante el cruce de las calzadas. Andarríos y nevatillas
104    30   |           repente, sonaron las doce campanadas de la iglesia de Blain,
105    16   |        punto de morir, - susurró la campesina - ¡Pobre chiquilla! O es
106    11   |            coscoja en un rincón del campo y al día siguiente prosiguió
107    21   |           que una de esas bocanadas cantaba en su garganta, se oyó tocar
108     1   |          granos verdes. Los grandes cardos cerraban sus flores violetas,
109    17   |           mercado en el fondo de la carreta.~ ~
110    11   |           ni ardilla, ni diablo. Un carretero borracho que pasaba en aquel
111    16   |             dañinos. Sujeta bien el carro, Jean, que no se mueva.
112    18   |             sobre el matrimonio. Se casaron: el hombre se fue a pescar
113    11   |           con su cola, y la ardilla cascaba otra. La pequeña introdujo
114     2   |            cuernos, les quitaba las cáscaras con sus manos secas y peludas,
115     7   |             pero no te sabes aún el catecismo. Cuando seas mayor tal vez
116     8   |             me las compran por diez céntimos. Y por la noche, a veces,
117         | cerca
118     1   |          verdes. Los grandes cardos cerraban sus flores violetas, la
119    18   |           encorvada por las pesadas cestas de sardinas, llegó a convertirse
120    18   |         marinero que pescaba en una chalupa. Retuvieron a la chica pensando
121    19   |      moratones. Parió una ristra de chiquillos que aparecían agarrados
122    18   |        limpiar las algas, lavar los chubasqueros, introducir los brazos en
123     7   |             los hombres, pero verás claramente que eso no es cierto. Sólo
124     1   |            paño gris con botones de cobre, una falda deshilachada,
125    16   |            o ha sido mordida por un cocodrilo o por un sourd; esos animales,
126    32   |        siembra en la noche.~ ~FIN~ ~Coeur double~ ~ ~ ~
127    30   |        extremo de su hilo; la santa cogió a la niña en sus blancos
128    30   |            Haces de fuego rojo como cohetes surgieron de sus cuernos,
129    20   |   Finalmente, se quedó sola, vieja, cojitranca, encogida, temblorosa y
130    30   |            sus pies; la pequeña iba colgando inerte, como un pájaro herido.
131    13   |           cascabeles y dos plumeros colocados sobre los anteojeras. Cuando
132     1   |             a lo lejos reforzaba su color grisáceo bajo la niebla.
133    17   |     pescadores más acomodados de la comarca, pues tenía con qué vivir
134    18   |            Jean, y antes de que los comentarios del pueblo publicaran los
135     8   |             Esta noche no he podido comer porque estamos en el bosque.~ ~
136     2   |           los dientes cuando se las comía. Al ver a la niña, dejó
137         | Cómo
138     8   |          damas o caballeros, me las compran por diez céntimos. Y por
139    18   |             el filo cortante de sus conchas. De la chiquilla de antaño
140    18   |                                Allí concluyó el viaje de la pequeña,
141    11   |            aquel instante al galope conduciendo un grupo de becerros que
142    18   |            los cubos de agua sucia, conducir el vertedor, limpiar las
143     5   |              señor diablo. Yo no te conozco ¿sabes? ¡nunca he oído hablar
144    12   |           ranas verdes agachadas la contemplaban tragando aire. Sin embargo,
145     4   |             ves que soy el diablo? -contestó el animal levantándose.~ ~
146    12   |             su ennegrecida camisa y continuó su camino arrastrando una
147    30   |            habían vertido se habían convertido en diamantes y rubíes que
148    18   |         cestas de sardinas, llegó a convertirse en una bracera destinada
149    15   |           le habían estrangulado el corazón dentro del pecho.~ ~
150     1   |          cayó mientras las lágrimas corrían entre sus dedos. Las ortigas
151     1   |           suelo. Pero la niña había corrido tanto por los caminos que
152     1   |      introdujo su nariz en la manga corta de paño. Entonces la niña
153    12   |             pasarela del arroyo que cortaba la ruta: la caída y el pánico
154    18   |          arañan la piel con el filo cortante de sus conchas. De la chiquilla
155    11   |            a andar. Durmió bajo una coscoja en un rincón del campo y
156    17   |          vez que una mosca le hacía cosquillas en la testera; la mujer
157     6   |            los manojos de pelos que crecían en sus fosas nasales y en
158    20   |           los ojos rojos. Los hijos crecieron y se fueron uno por aquí,
159     7   |             las personas sencillas. Creo que eres una buena chica,
160    11   |            que amarilleaban ante el cruce de las calzadas. Andarríos
161     1   |            El bosque del Gâvre está cruzado por doce grandes senderos.
162    11   |        salado. Y más lejos encontró cuadrados de tierra, cubiertos de
163    11   |             en los setos de majuelo cuajados de flores blancas. La pequeña,
164    11   |       encontró cuadrados de tierra, cubiertos de agua salina, con montones
165    18   |            las redes, manipular los cubos de agua sucia, conducir
166    12   |        viejo, el cuello surcado por cuerdas rígidas y retorcidas y los
167     1   |            la pequeña; y después un cuerpo aterciopelado por completo,
168    11   |      carretera. Grandes bandadas de cuervos se abatían sobre los campos,
169    30   |            Eran los santos y santas cuya fiesta acababa de empezar;
170     2   |          sus manos secas y peludas, cuyas palmas eran rosas y rechinaba
171    20   |    levantaban sus harapos, mientras daba las últimas bocanadas.~ ~
172     8   |            y, a veces, cuando pasan damas o caballeros, me las compran
173    16   |          caminos de noche, son bien dañinos. Sujeta bien el carro, Jean,
174     8   |         negro. Yo, como puedes ver, deambulo a la luz del sol por la
175     8   |          Eres malo; en tu casa todo debe estar negro. Yo, como puedes
176    31   |            el mismo valor que la de decenas de años; no tiene en cuenta
177    11   |                          Y mientras decía esto, el diablo cogía una
178     1   |          lágrimas corrían entre sus dedos. Las ortigas dejaban inclinarse
179     1   |        entre sus dedos. Las ortigas dejaban inclinarse sus racimos de
180     2   |            comía. Al ver a la niña, dejó de roer y se quedó mirándola,
181    13   |      charabán avanzaba con rapidez; delante trotaba un pequeño caballo
182         | demasiado
183    13   |             no podía mover el brazo derecho. Sentada sobre la pasarela,
184    20   |                     Luego el hombre desapareció en el mar; Jeanne lo lloró
185    32   |            hacia un astro bermejo y desconocido donde se encuentran las
186    21   |           su camisa gris y su falda desgarrada, y con angustia exclamó:~ ~
187     1   |         botones de cobre, una falda deshilachada, un par de pequeñas pantorrillas
188    30   |         diáfanos. Y santa Magdalena deshizo sobre la pequeña sus cabellos
189    12   |        cabello; las arañas rojas se deslizaban entre las hojas de los nenúfares
190    32   |             de la noche, y dos alas deslumbrantes surgieron de sus hombros.
191    12   |           el pánico hicieron que se desmayara. El agua, susurrando, le
192    13   |                       La pequeña se despertó bajo el intenso sol. Estaba
193    13   |         divisar una toca blanca que destacaba entre dos blusas azules.
194    18   |          convertirse en una bracera destinada al matrimonio. Fue prometida
195    12   |           golpeando en su bastón se desvaneció por completo.~ ~
196    14   |           chica que necesita ayuda. Detén el caballo, Jean, voy a
197    30   |          que salpicaban sus ropajes diáfanos. Y santa Magdalena deshizo
198    30   |             se habían convertido en diamantes y rubíes que salpicaban
199    19   |            marineros: a golpes. Los días transcurrían monótonos,
200     8   |      caballeros, me las compran por diez céntimos. Y por la noche,
201    24   |                             Cómo?! -dijo- ¿No soy una pecadora y vas
202    20   |      temblorosa y viviendo del poco dinero que le enviaba uno de los
203    19   |            sus faldas cuando, en el dintel de la casa, raspaba la marmita
204    12   |             brazos extendidos. Ella dio un grito; sus gruesos zuecos
205    31   |                                Para Dios, tu vida de un segundo tiene
206     1   |     improviso avellanos y ablanedos dirigidos hacia el cielo. Y, al fondo
207    13   |           del sol con la mano logró divisar una toca blanca que destacaba
208    15   |     resplandor de la carretera y el dolor sordo que le producía el
209    13   |         bajo el intenso sol. Estaba dolorida y no podía mover el brazo
210         | dónde
211     1   |            de pequeñas pantorrillas doradas, redondas como bolillos,
212     8   |             mujeres que me permiten dormir sobre su heno. Esta noche
213    32   |             la noche.~ ~FIN~ ~Coeur double~ ~ ~ ~
214    11   |           se puso de nuevo a andar. Durmió bajo una coscoja en un rincón
215         | e
216    16   |              que no se mueva. Ven a echarme una mano, Mathurin, para
217     6   |                        El diablo se echó a reír. Acercó su garra
218    18   |        chicas de los marineros, fue educada a base de golpes. Los maltratos
219    19   |      papillas. También éstos fueron educados como los chicos y chicas
220    27   |        poner tu zueco. Ahora puedes elegir entre esa vida o el nuevo
221         | ellos
222    12   |     contemplaban tragando aire. Sin embargo, el mendigo se rascó con
223    27   |             durante el instante que empleaste en volver a poner tu zueco.
224     2   |        extraordinario, con los ojos encendidos y la boca de un violeta
225    20   |            sola, vieja, cojitranca, encogida, temblorosa y viviendo del
226    30   |       cabellos rubios; el diablo se encogió y cayó hacia la tierra como
227    18   |   pantorrillas torcidas, la espalda encorvada por las pesadas cestas de
228     1   |              Cuando llegó a la gran encrucijada, al no saber hacia dónde
229    32   |      bermejo y desconocido donde se encuentran las islas de los Bienaventurados.
230     1   |  entrelazadas con breñas picadas de endrinas de donde surgían de improviso
231    18   |             de un lagarto, los pies endurecidos y llenos de callos por haber
232    12   |           lentitud el pecho bajo su ennegrecida camisa y continuó su camino
233     7   |        Cuando seas mayor tal vez te enseñen que yo me llevo a los hombres,
234    20   |        aurora, los rayos grises que entraron a través de los cristales
235     1   |        arcos que formaban las ramas entrelazadas con breñas picadas de endrinas
236    20   |     viviendo del poco dinero que le enviaba uno de los hijos que era
237    17   |         tenía con qué vivir y podía enviar su pescado al mercado en
238     2   |        matorral; sobre su cabeza se erguían dos cuernos puntiagudos
239     1   |            El pelo de la ardilla se erizó; algo rechinó los dientes,
240         | esa
241         | esas
242    10   |                                     Escucha, pequeña, no tengas miedo.
243    12   |         Poco a poco el sonido de la escudilla golpeando en su bastón se
244         | eso
245         | esos
246    18   |           pantorrillas torcidas, la espalda encorvada por las pesadas
247    18   |           del pueblo publicaran los esponsales, Jean tomó un vale a cuenta
248         | ésta
249     8   |           no he podido comer porque estamos en el bosque.~ ~
250         | estar
251         | este
252    11   |            nevatillas picoteaban el estiércol en la carretera. Grandes
253         | esto
254         | éstos
255    26   |                   Pero, Satanás ¡si estoy muerta!~ ~
256    15   |           el brazo dañado le habían estrangulado el corazón dentro del pecho.~ ~
257    32   |         praderas de gamonitas siega estrellas rutilantes que luego siembra
258    21   |          desgarrada, y con angustia exclamó:~ ~
259    12   |      impidió el paso con sus brazos extendidos. Ella dio un grito; sus
260    30   |          que resplandecían de forma extraña. Los santos tenían en torno
261     2   |                              Un ser extraordinario, con los ojos encendidos
262    19   |           aparecían agarrados a sus faldas cuando, en el dintel de
263    28   |    reflexionar. Recordó sus penas y fatigas, su vida triste y gris;
264    31   |        valora el sufrimiento: ven a festejar con nosotros la fiesta de
265    18   |           que arañan la piel con el filo cortante de sus conchas.
266    20   |            por aquí, otro por allá. Finalmente, se quedó sola, vieja, cojitranca,
267     1   |            repente, dos garras y un fino hocico se subieron a un
268    11   |             la mañana, con la bruma flotando aún por encima de los prados.
269    30   |         ellos, que resplandecían de forma extraña. Los santos tenían
270    11   |            bajo un sol naciente que formaba bandas rojas y violetas
271     1   |         árboles, bajo los arcos que formaban las ramas entrelazadas con
272    30   |             campos oscuros subieron formas blancas, mujeres y hombres,
273     6   |            pelos que crecían en sus fosas nasales y en sus orejas
274    12   |          mendigo harapiento, con la frente vendada por un trapo viejo,
275    11   |             por oriente, en el aire fresco de la mañana, con la bruma
276    30   |        árboles del bosque. Haces de fuego rojo como cohetes surgieron
277    19   |   puntiagudas. Pero tenía los puños fuertes: tras cada día de borrachera,
278    18   |             cuando se hizo mayor, a fuerza de arreglar las redes, manipular
279    28   |        triste y gris; se sintió sin fuerzas para volver a empezar.~ ~
280    11   |         pasaba en aquel instante al galope conduciendo un grupo de
281    32   |             y entre las praderas de gamonitas siega estrellas rutilantes
282    21   |             bocanadas cantaba en su garganta, se oyó tocar a maitines
283     6   |           se echó a reír. Acercó su garra puntiaguda hacia la niña
284    20   |            uno de los hijos que era gaviero. Y un día, al llegar la
285    22   |        diablo y vienes a llevarme! -gimió santiguándose.~ ~
286    19   |          vecinas mientras la lluvia golpeaba los cristales y el viento
287    12   |           el sonido de la escudilla golpeando en su bastón se desvaneció
288    30   |        lágrimas de los santos y las gotas de sangre que habían vertido
289     1   |           hierro. Cuando llegó a la gran encrucijada, al no saber
290     1   |           inclinarse sus racimos de granos verdes. Los grandes cardos
291    18   |    introducir los brazos en el agua grasienta y en el agua salada, sus
292    11   |        sobre los campos, con roncos graznidos.~ ~
293     1   |            lejos reforzaba su color grisáceo bajo la niebla. De repente,
294    20   |         llegar la aurora, los rayos grises que entraron a través de
295    12   |             extendidos. Ella dio un grito; sus gruesos zuecos resbalaron
296    12   |              Ella dio un grito; sus gruesos zuecos resbalaron por la
297    11   |            al galope conduciendo un grupo de becerros que mugían bajo
298    32   |         cada noche, con la luna por guadaña, y entre las praderas de
299     1   |            se introducían en zuecos guarnecidos de hierro. Cuando llegó
300     2   |          roer y se quedó mirándola, guiñando constantemente los ojos.~ ~
301     7   |           niña -dijo el diablo-. Me gustan las personas sencillas.
302    18   |  endurecidos y llenos de callos por haber pasado mil veces sobre las
303     5   |      conozco ¿sabes? ¡nunca he oído hablar de ti. ¿Eres malo?~ ~
304         | Haces
305     5   |           niña-. ¡Oh... oh... no me haga daño! No me hagas daño,
306     5   |              no me haga daño! No me hagas daño, señor diablo. Yo no
307    12   |                           Una tarde halló sentado al margen del camino
308    12   |             del camino a un mendigo harapiento, con la frente vendada por
309         | Has
310         | hasta
311         | hay
312     8   |            permiten dormir sobre su heno. Esta noche no he podido
313    30   |     colgando inerte, como un pájaro herido. Pero, de repente, sonaron
314    12   |          ruta: la caída y el pánico hicieron que se desmayara. El agua,
315     1   |            en zuecos guarnecidos de hierro. Cuando llegó a la gran
316    30   |          una araña al extremo de su hilo; la santa cogió a la niña
317    18   |          con asiduidad. Y cuando se hizo mayor, a fuerza de arreglar
318     1   |       repente, dos garras y un fino hocico se subieron a un hombro
319     1   |             hocico se subieron a un hombro de la pequeña; y después
320    32   |      deslumbrantes surgieron de sus hombros. Y voló, entre santa María
321    19   |       agraciado pues tenía una cara huesuda y un tupé de cabellos amarillos
322    30   |         blanco con su boca violeta, hundió sus garras en la falda de
323    30   |             de sus pies; la pequeña iba colgando inerte, como un
324    20   |           de los cristales ahumados iluminaron una apagada chimenea y una
325    12   |             llegar, se levantó y le impidió el paso con sus brazos extendidos.
326     1   |        endrinas de donde surgían de improviso avellanos y ablanedos dirigidos
327     1   |          dedos. Las ortigas dejaban inclinarse sus racimos de granos verdes.
328    30   |             la pequeña iba colgando inerte, como un pájaro herido.
329    13   |         pequeña se despertó bajo el intenso sol. Estaba dolorida y no
330     1   |      redondas como bolillos, que se introducían en zuecos guarnecidos de
331    18   |             lavar los chubasqueros, introducir los brazos en el agua grasienta
332     1   |             al no saber hacia dónde ir, se sentó cerca de la señal
333    32   |             donde se encuentran las islas de los Bienaventurados.
334    13   |         chica, ésta tendió el brazo izquierdo suplicante. Una mujer gritó:~ ~
335    18   |         traína y a beber al regreso jarras de sidra y vasos de ron.~ ~
336    19   |           en algunas buenas tardes, jugando al tres-siete con las vecinas
337     1   |             sentó cerca de la señal kilométrica y se puso a llorar. Y lloró
338    18   |      arrugadas como el cuello de un lagarto, los pies endurecidos y
339    11   |            andando, llegó hasta las landas pedregosas bañadas por un
340     2   |         cogía constantemente con su larga cola. Abría las avellanas
341    11   |            azotó las piernas con el látigo a modo de saludo. Las abejarucos
342    19   |             transcurrían monótonos, lavando a los niños, arreglando
343    18   |        vertedor, limpiar las algas, lavar los chubasqueros, introducir
344    12   |             el mendigo se rascó con lentitud el pecho bajo su ennegrecida
345         | les
346    20   |            Las rodillas puntiagudas levantaban sus harapos, mientras daba
347     4   |         diablo? -contestó el animal levantándose.~ ~
348    23   |          bastantes progresos y eres libre de venir conmigo o no -dijo
349    18   |        sucia, conducir el vertedor, limpiar las algas, lavar los chubasqueros,
350     1   |             bóvedas negras, vio dos llamas muy rojas. El pelo de la
351    17   |              que seguía muy pálida. Llegaron por fin a una casa de pescador,
352    18   |              los pies endurecidos y llenos de callos por haber pasado
353     1   |            ruta principal del este. Llevaba un pañuelo rojo a la cabeza
354    18   |             que podía ser útil para llevar la casa. Como los chicos
355    22   |           Eres el diablo y vienes a llevarme! -gimió santiguándose.~ ~
356     7   |            vez te enseñen que yo me llevo a los hombres, pero verás
357     1   |             kilométrica y se puso a llorar. Y lloró durante tanto rato
358    19   |             las vecinas mientras la lluvia golpeaba los cristales y
359    13   |            ojos del sol con la mano logró divisar una toca blanca
360    11   |        becerros que mugían bajo una lona mojada, le azotó las piernas
361    32   |            acude cada noche, con la luna por guadaña, y entre las
362    21   |            garganta, se oyó tocar a maitines y sus ojos se oscurecieron
363    11   |         azul piaban en los setos de majuelo cuajados de flores blancas.
364    18   |       educada a base de golpes. Los maltratos y los pescozones cayeron
365    11   |             en el aire fresco de la mañana, con la bruma flotando aún
366     1   |            introdujo su nariz en la manga corta de paño. Entonces
367    18   |       fuerza de arreglar las redes, manipular los cubos de agua sucia,
368     6   |      avellanas. Cuando se reía, los manojos de pelos que crecían en
369    20   |            hombre desapareció en el mar; Jeanne lo lloró en la iglesia.
370    18   |            morena; con las mejillas marchitas, las pantorrillas torcidas,
371    12   |          Una tarde halló sentado al margen del camino a un mendigo
372    32   |        hombros. Y voló, entre santa María y santa Magdalena, hacia
373    18   |         blanca, la señora Mathô; el marido el marinero que pescaba
374    18   |          señora Mathô; el marido el marinero que pescaba en una chalupa.
375    19   |       dintel de la casa, raspaba la marmita de las papillas. También
376    18   |             cofia blanca, la señora Mathô; el marido el marinero que
377     2   |           hallaba agazapado bajo un matorral; sobre su cabeza se erguían
378    18   |             una tez morena; con las mejillas marchitas, las pantorrillas
379    18   |          del varec y las ristras de mejillones violetas que arañan la piel
380     1   |             la cabeza atado bajo el mentón, una camisa de paño gris
381    17   |          podía enviar su pescado al mercado en el fondo de la carreta.~ ~
382    18   |             callos por haber pasado mil veces sobre las pústulas
383     2   |             dejó de roer y se quedó mirándola, guiñando constantemente
384    12   |         hojas de los nenúfares para mirarla; las ranas verdes agachadas
385         | mismo
386    32   |            Allí es donde un segador misterioso acude cada noche, con la
387    11   |             piernas con el látigo a modo de saludo. Las abejarucos
388    11   |            que mugían bajo una lona mojada, le azotó las piernas con
389    11   |            pequeña introdujo su pie mojado dentro del zueco y, de repente,
390    19   |       golpes. Los días transcurrían monótonos, lavando a los niños, arreglando
391    11   |       cubiertos de agua salina, con montones de sal que amarilleaban
392    19   |         Jeanne aparecía cubierta de moratones. Parió una ristra de chiquillos
393    16   |            algo retrasada o ha sido mordida por un cocodrilo o por un
394     2   |          cuernos puntiagudos y allí mordisqueaba las avellanas que cogía
395    18   |          ojos como brasas y una tez morena; con las mejillas marchitas,
396    20   |        apagada chimenea y una vieja moribunda. Las rodillas puntiagudas
397    16   |          Parece que está a punto de morir, - susurró la campesina - ¡
398    17   |           sacudían cada vez que una mosca le hacía cosquillas en la
399    13   |          Estaba dolorida y no podía mover el brazo derecho. Sentada
400         | mucho
401    26   |             Pero, Satanás ¡si estoy muerta!~ ~
402    11   |            un grupo de becerros que mugían bajo una lona mojada, le
403    18   |             rojas y agrietadas, las muñecas arrugadas como el cuello
404    30   |         unas grandes alas negras de murciélago, subió con rapidez por encima
405    11   |     carretera principal bajo un sol naciente que formaba bandas rojas
406     1   |           sus brazos e introdujo su nariz en la manga corta de paño.
407     6   |            que crecían en sus fosas nasales y en sus orejas bailaban
408    14   |           Vaya! parece un chica que necesita ayuda. Detén el caballo,
409     8   |             tu casa todo debe estar negro. Yo, como puedes ver, deambulo
410    12   |   deslizaban entre las hojas de los nenúfares para mirarla; las ranas
411    11   |           las calzadas. Andarríos y nevatillas picoteaban el estiércol
412     1   |           su color grisáceo bajo la niebla. De repente, dos garras
413    19   |            monótonos, lavando a los niños, arreglando redes, acostando
414         | nosotros
415         | nunca
416    14   |            pues! Vamos a ver qué le ocurre.~ ~
417    27   |             o el nuevo viaje que te ofrezco.~ ~
418     5   |           conozco ¿sabes? ¡nunca he oído hablar de ti. ¿Eres malo?~ ~
419    11   |         bandas rojas y violetas por oriente, en el aire fresco de la
420     1   |        corrían entre sus dedos. Las ortigas dejaban inclinarse sus racimos
421    21   |            a maitines y sus ojos se oscurecieron de repente: sintió que se
422     2   |             y la boca de un violeta oscuro, se hallaba agazapado bajo
423    30   |        Blain, y de todos los campos oscuros subieron formas blancas,
424    13   | aturdimiento. Luego, a lo lejos, se oyeron los cascabeles de un caballo;
425    21   |          cantaba en su garganta, se oyó tocar a maitines y sus ojos
426    19   |      arreglando redes, acostando al padre cuando volvía borracho y,
427    15   |           chiquilla había vuelto al país de los sueños. El sol le
428    30   |            colgando inerte, como un pájaro herido. Pero, de repente,
429    17   |           chiquilla, que seguía muy pálida. Llegaron por fin a una
430    30   |        acababa de empezar; el cielo pálido estaba repleto de ellos,
431     2   |        manos secas y peludas, cuyas palmas eran rosas y rechinaba los
432    12   |      cortaba la ruta: la caída y el pánico hicieron que se desmayara.
433    19   |           raspaba la marmita de las papillas. También éstos fueron educados
434     1   |          una falda deshilachada, un par de pequeñas pantorrillas
435    19   |     aparecía cubierta de moratones. Parió una ristra de chiquillos
436    12   |          rígidas y retorcidas y los párpados vueltos. Cuando la vio llegar,
437    18   |         viaje de la pequeña, pues a partir de entonces permaneció en
438    14   |              Jean, voy a ver qué le pasa. Sujétalo bien para que
439    11   |           Un carretero borracho que pasaba en aquel instante al galope
440    18   |          llenos de callos por haber pasado mil veces sobre las pústulas
441     8   |           flores y, a veces, cuando pasan damas o caballeros, me las
442    12   |             levantó y le impidió el paso con sus brazos extendidos.
443    20   |             lo lloró en la iglesia. Pasó mucho tiempo con la cara
444    24   |           Cómo?! -dijo- ¿No soy una pecadora y vas a quemarme?~ ~
445    11   |              llegó hasta las landas pedregosas bañadas por un aire salado.
446     1   |            dos llamas muy rojas. El pelo de la ardilla se erizó;
447     6   |             se reía, los manojos de pelos que crecían en sus fosas
448     2   |      cáscaras con sus manos secas y peludas, cuyas palmas eran rosas
449     1   |              seguido de una cola en penacho, anidó entre sus brazos
450    28   |            reflexionar. Recordó sus penas y fatigas, su vida triste
451    18   |      chalupa. Retuvieron a la chica pensando que podía ser útil para
452     1   |             deshilachada, un par de pequeñas pantorrillas doradas, redondas
453    18   |           pues a partir de entonces permaneció en la casa de aquellos pescadores.
454     8   |           hay buenas mujeres que me permiten dormir sobre su heno. Esta
455     7   |           el diablo-. Me gustan las personas sencillas. Creo que eres
456    18   |           espalda encorvada por las pesadas cestas de sardinas, llegó
457    18   |           el marido el marinero que pescaba en una chalupa. Retuvieron
458    17   |             vivir y podía enviar su pescado al mercado en el fondo de
459    17   |      Llegaron por fin a una casa de pescador, cubierta de bálago; su
460    18   |         casaron: el hombre se fue a pescar a la traína y a beber al
461    18   |         golpes. Los maltratos y los pescozones cayeron sobre ella con asiduidad.
462    11   |           abejarucos de cabeza azul piaban en los setos de majuelo
463     1   |             entrelazadas con breñas picadas de endrinas de donde surgían
464    11   |              Andarríos y nevatillas picoteaban el estiércol en la carretera.
465    11   |             La pequeña introdujo su pie mojado dentro del zueco
466    18   |   mejillones violetas que arañan la piel con el filo cortante de
467    12   |           su camino arrastrando una pierna. Poco a poco el sonido de
468    11   |           lona mojada, le azotó las piernas con el látigo a modo de
469    16   |             susurró la campesina - ¡Pobre chiquilla! O es algo retrasada
470     8   |           su heno. Esta noche no he podido comer porque estamos en
471    27   |           que empleaste en volver a poner tu zueco. Ahora puedes elegir
472    21   |           del Gâvre; que acababa de ponerse su zueco; que el diablo
473    10   |       tengas miedo. Voy a ayudarte. Ponte de nuevo el zueco que se
474         | porque
475    32   |            por guadaña, y entre las praderas de gamonitas siega estrellas
476    11   |      flotando aún por encima de los prados. Ya no había ni bosque,
477    15   |             y el dolor sordo que le producía el brazo dañado le habían
478    23   |                 Has hecho bastantes progresos y eres libre de venir conmigo
479    18   |        destinada al matrimonio. Fue prometida a Jean, y antes de que los
480    17   |              cubierta de bálago; su propietario era uno de los pescadores
481    11   |            campo y al día siguiente prosiguió su camino. Andando, andando,
482    13   |            el rodar de un vehículo. Protegiéndose los ojos del sol con la
483    18   |          los comentarios del pueblo publicaran los esponsales, Jean tomó
484    18   |             que los comentarios del pueblo publicaran los esponsales,
485    14   |         bien para que no se mueva y pueda bajarme. ¡So! ¡so! ¡vamos
486    19   |         puntiagudas. Pero tenía los puños fuertes: tras cada día de
487    30   |        extremo de sus alas y de las puntas de sus pies; la pequeña
488     6   |             a reír. Acercó su garra puntiaguda hacia la niña y le lanzó
489     2   |       cabeza se erguían dos cuernos puntiagudos y allí mordisqueaba las
490    16   |                   Parece que está a punto de morir, - susurró la campesina - ¡
491    18   |             salada, sus manos se le pusieron rojas y agrietadas, las
492    18   |          pasado mil veces sobre las pústulas del varec y las ristras
493    18   |            chiquilla de antaño sólo quedaban dos ojos como brasas y una
494    24   |            soy una pecadora y vas a quemarme?~ ~
495         | Quién
496     7   |             Sólo vendrás conmigo si quieres.~ ~
497     8   |                         Pero, yo no quiero -dijo la niña-. Eres malo;
498     2   |      avellanas con los cuernos, les quitaba las cáscaras con sus manos
499     1   |      ortigas dejaban inclinarse sus racimos de granos verdes. Los grandes
500     1   |          los arcos que formaban las ramas entrelazadas con breñas
501    19   |    cristales y el viento abatía las ramillas de la chimenea.~ ~
502    12   |         nenúfares para mirarla; las ranas verdes agachadas la contemplaban
503    12   |          Sin embargo, el mendigo se rascó con lentitud el pecho bajo
504    19   |            en el dintel de la casa, raspaba la marmita de las papillas.
505     1   |       llorar. Y lloró durante tanto rato que la noche cayó mientras
506     1   |            Todos los Santos, el sol rayaba aún las hojas verdes con
507    20   |            al llegar la aurora, los rayos grises que entraron a través
508     2   |           cuyas palmas eran rosas y rechinaba los dientes cuando se las
509     1   |           la ardilla se erizó; algo rechinó los dientes, y la ardilla
510     8   |           del sol por la carretera; recojo flores y, a veces, cuando
511    28   |            y se puso a reflexionar. Recordó sus penas y fatigas, su
512    16   |           sourd; esos animales, que recorren los caminos de noche, son
513     1   |      pequeñas pantorrillas doradas, redondas como bolillos, que se introducían
514    28   |            con una mano y se puso a reflexionar. Recordó sus penas y fatigas,
515     1   |           carretera gris a lo lejos reforzaba su color grisáceo bajo la
516    18   |            a la traína y a beber al regreso jarras de sidra y vasos
517     6   |            sus avellanas. Cuando se reía, los manojos de pelos que
518     6   |                 El diablo se echó a reír. Acercó su garra puntiaguda
519    27   |                                 No -repitió el diablo-. Es cierto que
520    30   |              el cielo pálido estaba repleto de ellos, que resplandecían
521    12   |           grito; sus gruesos zuecos resbalaron por la pasarela del arroyo
522    30   |        estaba repleto de ellos, que resplandecían de forma extraña. Los santos
523    15   |       demasiado los ojos, el blanco resplandor de la carretera y el dolor
524    12   |       surcado por cuerdas rígidas y retorcidas y los párpados vueltos.
525    16   |          Pobre chiquilla! O es algo retrasada o ha sido mordida por un
526    18   |             pescaba en una chalupa. Retuvieron a la chica pensando que
527    12   |          cuello surcado por cuerdas rígidas y retorcidas y los párpados
528    11   |       Durmió bajo una coscoja en un rincón del campo y al día siguiente
529    19   |             de moratones. Parió una ristra de chiquillos que aparecían
530    18   |            pústulas del varec y las ristras de mejillones violetas que
531    13   |          caballo; y poco después el rodar de un vehículo. Protegiéndose
532    20   |            una vieja moribunda. Las rodillas puntiagudas levantaban sus
533     2   |           Al ver a la niña, dejó de roer y se quedó mirándola, guiñando
534    21   |            con su cola y la ardilla roía otra. Gritó sorprendida
535    20   |           la cara triste y los ojos rojos. Los hijos crecieron y se
536    18   |          jarras de sidra y vasos de ron.~ ~
537    11   |       abatían sobre los campos, con roncos graznidos.~ ~
538    30   |           rubíes que salpicaban sus ropajes diáfanos. Y santa Magdalena
539     2   |          peludas, cuyas palmas eran rosas y rechinaba los dientes
540    30   |           convertido en diamantes y rubíes que salpicaban sus ropajes
541    30   |             la pequeña sus cabellos rubios; el diablo se encogió y
542    32   |           gamonitas siega estrellas rutilantes que luego siembra en la
543     1   |             gran encrucijada, al no saber hacia dónde ir, se sentó
544    17   |             sus dos plumeros que se sacudían cada vez que una mosca le
545    11   |             salina, con montones de sal que amarilleaban ante el
546    18   |         agua grasienta y en el agua salada, sus manos se le pusieron
547    11   |      pedregosas bañadas por un aire salado. Y más lejos encontró cuadrados
548    11   |           tierra, cubiertos de agua salina, con montones de sal que
549    30   |           en diamantes y rubíes que salpicaban sus ropajes diáfanos. Y
550     1   |           los dientes, y la ardilla saltó al suelo. Pero la niña había
551    11   |             con el látigo a modo de saludo. Las abejarucos de cabeza
552    30   |            aires. Eran los santos y santas cuya fiesta acababa de empezar;
553    22   |           vienes a llevarme! -gimió santiguándose.~ ~
554    18   |           por las pesadas cestas de sardinas, llegó a convertirse en
555    26   |                               Pero, Satanás ¡si estoy muerta!~ ~
556     7   |                                      bienvenida, niña -dijo el
557     7   |            aún el catecismo. Cuando seas mayor tal vez te enseñen
558     2   |          las cáscaras con sus manos secas y peludas, cuyas palmas
559    32   |   Bienaventurados. Allí es donde un segador misterioso acude cada noche,
560    17   |             hacia la chiquilla, que seguía muy pálida. Llegaron por
561     1   |         aterciopelado por completo, seguido de una cola en penacho,
562    31   |            Para Dios, tu vida de un segundo tiene el mismo valor que
563     1   |            ir, se sentó cerca de la señal kilométrica y se puso a
564     7   |              Me gustan las personas sencillas. Creo que eres una buena
565     1   |            cruzado por doce grandes senderos. La víspera de Todos los
566    18   |        mujer de la cofia blanca, la señora Mathô; el marido el marinero
567    13   |             mover el brazo derecho. Sentada sobre la pasarela, trataba
568    12   |                     Una tarde halló sentado al margen del camino a un
569     1   |            saber hacia dónde ir, se sentó cerca de la señal kilométrica
570    11   |           cabeza azul piaban en los setos de majuelo cuajados de flores
571    16   |            O es algo retrasada o ha sido mordida por un cocodrilo
572    18   |          beber al regreso jarras de sidra y vasos de ron.~ ~
573    32   |           las praderas de gamonitas siega estrellas rutilantes que
574    32   |      estrellas rutilantes que luego siembra en la noche.~ ~FIN~ ~Coeur
575    11   |           rincón del campo y al día siguiente prosiguió su camino. Andando,
576    17   |    traqueteando; el pequeño caballo siguió trotando con sus dos plumeros
577    17   |           mujer de la cofia blanca, situada entre las dos blusas azules,
578    13   |             la pasarela, trataba de sobreponerse al aturdimiento. Luego,
579    20   |          allá. Finalmente, se quedó sola, vieja, cojitranca, encogida,
580    16   |      recorren los caminos de noche, son bien dañinos. Sujeta bien
581    30   |           herido. Pero, de repente, sonaron las doce campanadas de la
582    12   |          una pierna. Poco a poco el sonido de la escudilla golpeando
583    15   |             la carretera y el dolor sordo que le producía el brazo
584    16   |           por un cocodrilo o por un sourd; esos animales, que recorren
585    30   |      transparentes, que volaban con suavidad por los aires. Eran los
586    30   |          alas negras de murciélago, subió con rapidez por encima de
587    16   |            una mano, Mathurin, para subirla.~ ~
588    18   |         manipular los cubos de agua sucia, conducir el vertedor, limpiar
589     1   |      dientes, y la ardilla saltó al suelo. Pero la niña había corrido
590    15   |         había vuelto al país de los sueños. El sol le había dañado
591    31   |           el tiempo, pero valora el sufrimiento: ven a festejar con nosotros
592    16   |            noche, son bien dañinos. Sujeta bien el carro, Jean, que
593    14   |              voy a ver qué le pasa. Sujétalo bien para que no se mueva
594    13   |           tendió el brazo izquierdo suplicante. Una mujer gritó:~ ~
595    12   |           un trapo viejo, el cuello surcado por cuerdas rígidas y retorcidas
596     1   |        picadas de endrinas de donde surgían de improviso avellanos y
597    30   |                  El diablo lanzó un surtidor de vapor blanco con su boca
598    12   |          que se desmayara. El agua, susurrando, le bañaba el cabello; las
599    16   |            está a punto de morir, - susurró la campesina - ¡Pobre chiquilla!
600         | tal
601    28   |            Entonces la chiquilla se tapó los ojos con una mano y
602    12   |                                 Una tarde halló sentado al margen
603    19   |            veces, en algunas buenas tardes, jugando al tres-siete con
604    20   |        vieja, cojitranca, encogida, temblorosa y viviendo del poco dinero
605    13   |            altura de la chica, ésta tendió el brazo izquierdo suplicante.
606    10   |                Escucha, pequeña, no tengas miedo. Voy a ayudarte. Ponte
607    30   |           forma extraña. Los santos tenían en torno a la cabeza un
608    17   |           le hacía cosquillas en la testera; la mujer de la cofia blanca,
609 [Título]|                                     Texto~ ~
610    18   |          dos ojos como brasas y una tez morena; con las mejillas
611         | ti
612    13   |           la mano logró divisar una toca blanca que destacaba entre
613    21   |      cantaba en su garganta, se oyó tocar a maitines y sus ojos se
614         | toda
615         | todo
616    18   |     publicaran los esponsales, Jean tomó un vale a cuenta sobre el
617    18   |         marchitas, las pantorrillas torcidas, la espalda encorvada por
618    30   |       extraña. Los santos tenían en torno a la cabeza un aureola de
619    12   |           agachadas la contemplaban tragando aire. Sin embargo, el mendigo
620    18   |         hombre se fue a pescar a la traína y a beber al regreso jarras
621    19   |       marineros: a golpes. Los días transcurrían monótonos, lavando a los
622    30   |          mujeres y hombres, de alas transparentes, que volaban con suavidad
623    12   |            la frente vendada por un trapo viejo, el cuello surcado
624    17   |                  El charabán la fue traqueteando; el pequeño caballo siguió
625    13   |          Sentada sobre la pasarela, trataba de sobreponerse al aturdimiento.
626    20   |         rayos grises que entraron a través de los cristales ahumados
627    19   |           buenas tardes, jugando al tres-siete con las vecinas mientras
628    13   |       avanzaba con rapidez; delante trotaba un pequeño caballo bretón
629    17   |           el pequeño caballo siguió trotando con sus dos plumeros que
630    19   |         tenía una cara huesuda y un tupé de cabellos amarillos entre
631    20   |          harapos, mientras daba las últimas bocanadas.~ ~
632         | unas
633    18   |        chica pensando que podía ser útil para llevar la casa. Como
634    32   |       también cayeron los zuecos al vacío de la noche, y dos alas
635     1   |       sangre y oro, cuando una niña vagabunda apareció por la ruta principal
636    18   |            esponsales, Jean tomó un vale a cuenta sobre el matrimonio.
637    31   |           un segundo tiene el mismo valor que la de decenas de años;
638    31   |           en cuenta el tiempo, pero valora el sufrimiento: ven a festejar
639    30   |         diablo lanzó un surtidor de vapor blanco con su boca violeta,
640    18   |        veces sobre las pústulas del varec y las ristras de mejillones
641    24   |        dijo- ¿No soy una pecadora y vas a quemarme?~ ~
642    18   |           regreso jarras de sidra y vasos de ron.~ ~
643    14   |                                     Vaya! parece un chica que necesita
644    19   |       jugando al tres-siete con las vecinas mientras la lluvia golpeaba
645    13   |         poco después el rodar de un vehículo. Protegiéndose los ojos
646    12   |           harapiento, con la frente vendada por un trapo viejo, el cuello
647     7   |          que eso no es cierto. Sólo vendrás conmigo si quieres.~ ~
648    23   |           progresos y eres libre de venir conmigo o no -dijo el diablo.~ ~
649    25   |             diablo-, puedes vivir o venirte conmigo.~ ~
650     7   |           llevo a los hombres, pero verás claramente que eso no es
651    21   |          otra. Gritó sorprendida al verse de pequeña, con su pañuelo
652    18   |             agua sucia, conducir el vertedor, limpiar las algas, lavar
653    30   |          gotas de sangre que habían vertido se habían convertido en
654     4   |                                  No ves que soy el diablo? -contestó
655    12   |         frente vendada por un trapo viejo, el cuello surcado por cuerdas
656    22   |               Oh! ¡Eres el diablo y vienes a llevarme! -gimió santiguándose.~ ~
657    19   |         golpeaba los cristales y el viento abatía las ramillas de la
658     1   |           doce grandes senderos. La víspera de Todos los Santos, el
659    20   |              encogida, temblorosa y viviendo del poco dinero que le enviaba
660    30   |             alas transparentes, que volaban con suavidad por los aires.
661    32   |         surgieron de sus hombros. Y voló, entre santa María y santa
662    15   |          acercó, la chiquilla había vuelto al país de los sueños. El
663    12   |           retorcidas y los párpados vueltos. Cuando la vio llegar, se
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