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Leopoldo Alas alias Clarín Benedictino Concordancias (Hapax Legomena) |
Capitulo
1 2| separó para siempre por un abismo que se llama doña Tomasa 2 4| céntricas, de medio luto, acompañadas, a distancia, de una criada 3 3| pollos nuevos que se dignaban acordarse de ellas.~ ~La mayor, que 4 5| Y al acostarse, sonriendo entre satisfecho 5 4| poco pero ha de ser en el acto. Es cuestión de honra. Es 6 1| pollas, a quienes en la actualidad, ahora que ya no eran tan 7 4| los mejores tiempos. No se acuerda de sus desgracias. Parece 8 1| juntos, por las carreteras adelante, los dos algo encorvados, 9 3| que su amigo le veneraba y admiraba. ~ ~Aquel frasco, más otro 10 3| Y al incorporarse para admirar, quedó en cuclillas como 11 3| alegría le dio esta vez por adular como vil cortesano.~ ~Abel, 12 2| aquellos ataques, y aquel afán de apretarse el talle... 13 3| que era su delicia, única afición poética que se le conocía. 14 3| para ella voluptuoso, de aflojarse mucho la ropa, de dejar 15 1| cualquier soledad de las afueras. Caín llevaba generalmente 16 3| Abel, ciego de vanidad y agradecido, exclamó:~ ~-Lo que falta... 17 3| decidía a echar una cana al aire, solía escoger por pareja 18 | ajena 19 | ajenas 20 3| Sesostris, entre bandas de paja, alambre, tela lacrada, sabio artificio 21 3| Mediaron el frasco.~ ~Se alegraron; es decir, Abel, como Andrómaca, 22 3| entristeciéndose.~ ~A Caín, la alegría le dio esta vez por adular 23 3| Abel, como Andrómaca, se alegró entristeciéndose.~ ~A Caín, 24 | alguno 25 | algunos 26 3| vestir a aquellas muchachas y alimentarlas bien para presentarlas en 27 | allí 28 4| negro, muy pálidas, apiñadas alrededor de la tía caduca, volvían 29 3| mayor se le figuraba que aludía exclusivamente a la suya... 30 3| anticuadas y risibles..., y las amaba más, y las tenía una lástima 31 3| imposibles. Prefería el disgusto amargo y escondido de quedarse 32 2| por las yemas los dedos de ambas manos). No es milagro. ¿ 33 3| precioso de las injurias del ambiente.~ ~-¡El benedictino! exclamó 34 4| del día, de los escándalos amorosos. Caín le suelta un piropo 35 2| tú una hija como Nieves, amparo seguro de tu vejez?~ ~Caín, 36 3| blanquísima (eso sí) a sus anchas, como en desquite de lo 37 3| alegraron; es decir, Abel, como Andrómaca, se alegró entristeciéndose.~ ~ 38 1| realmente un hueso de un animal, pero rodeado de mucha carne, 39 2| ya no me la llevan.~ ~-Ánimo, hombre; sí te la llevarán... 40 3| solemnes. Los paseos, como antaño, aunque ahora el primero 41 | ante 42 3| momento ridículas, feas por anticuadas y risibles..., y las amaba 43 4| naturaleza. Tal vez sería antigua inclinación mutua, disparatada... ; 44 3| en el mismo salón de sus antiguos triunfos, parecía una extranjera 45 3| sin saber más que bailar y apergaminarse. ¡Lo que le había costado 46 4| expresión. Podía aparecer apetitosa a uno de esos gustos extraviados 47 4| de negro, muy pálidas, apiñadas alrededor de la tía caduca, 48 1| eso que eran tan amigos, y apóstoles. No se separaban porque 49 3| que inútilmente se había apretado cuando era delgada.~ ~-«¡ 50 4| No faltan jamás en las apreturas de las novenas famosas y 51 4| multitud hombruna. Nieves aprovechaba la moda de las faldas ceñidas 52 2| Abel! Ahora que la vejez se aproxima, envidias mi suerte, mi 53 4| peculio y de su egoísmo a las apuradas huérfanas, había ido olvidándolas, 54 | Aquello 55 3| inmóviles parecían de un árbol-estatua, Caín y Abel merendaron 56 5| aturdirse, y pedirme algo que la arrancara el pensamiento... y.. ¡diablo 57 2| botella, que no hay quien te arranque de las manos, y yo me caso 58 1| y era que Abel iba como arrastrado, porque a él le gustaba 59 1| llevaba por Occidente, cuesta arriba, por el gusto de oírle toser, 60 4| que pide y Nieves se le arroja en los brazos, sollozando 61 4| cuestión de honra. Es para arrojárselo a la cara a un miserable... 62 3| pasos, más vaporosa, pero arrugada, seca, pálida; los años 63 4| Ella luce todo su antiguo arsenal de coqueterías escultóricas. 64 1| regalaba, y Caín contaba con el arte de su cocinera de solterón 65 4| de los hombres y de las artesanas.~ ~Caín tropieza con ella 66 3| alambre, tela lacrada, sabio artificio de la ciencia misteriosa 67 4| mira con ojos de fuego y le asegura muy seria que está como 68 2| Cargo yo con ella... y asesino a mi suegra. Nada, trato 69 | así 70 3| brillaban cada día como astros de menor magnitud; es decir, 71 3| a manos de Trujillo, era asunto de una historia que parecía 72 4| brazos, sollozando y con un ataque de nervios no del todo fingido.~ ~ 73 2| aquellos nervios y aquellos ataques, y aquel afán de apretarse 74 1| frescas y guapetonas como años atrás, llamaban los murmuradores 75 4| criada. Se la ve al oscurecer atravesar a menudo el paseo de los 76 2| pellizcaba él nunca; no se atrevía, la tenía un respeto raro, 77 3| habían dicho todos los pollos atrevidos e instruidos de su tiempo 78 5| después del lance, y querer aturdirse, y pedirme algo que la arrancara 79 4| en él un renacimiento de aventurero galante. Estaba encantado. ¿ 80 4| ha desvanecido el gesto avinagrado de solterona rebelde. Está 81 2| lo creo! Dímelo a mí, que ayer por darla un pellizco salí 82 2| cantando) Nieves...~ ~-Bah, la Nieves segura está. 83 4| locuela..., enseñando los bajos blanquísimos, y el pie primoroso.~ ~ 84 3| del matrimonio. Y todo en balde. Ahora..., él mismo veía 85 4| consejo de que «se dejaran de bambollas... y cosieran para fuera». 86 3| momia de Sesostris, entre bandas de paja, alambre, tela lacrada, 87 3| Excelente! ¡Eres un barbián! Excelentísimo señor benedictino, ¡ 88 4| tan pobre como ellas, a un barrio de los más humildes. Por 89 3| Siempre en la brecha. Se había batido en retirada, pero siempre 90 3| exclamó:~ ~-Lo que falta... lo beberemos mañana. El otro frasco... 91 5| Bebió ella. ¡Cómo se puso! Bebí yo... ¿qué remedio? obligado.~ ~«¡ 92 3| habían estrechado su cintura, bebido su aliento, contemplado 93 3| Excelentísimo señor benedictino, ¡bendita sea la Orden! Son unos sabios 94 1| hicieron San Pablo y San Bernabé, y eso que eran tan amigos, 95 5| Ocurrírsele cogerme la llave de la biblioteca... y dar precisamente con 96 2| hija menor de su amigo, de blanco, escotada, con media negra, 97 4| No sé si tienes dura o blanda la carne. -Nieves le pega 98 3| dejar a la carne invasora y blanquísima (eso sí) a sus anchas, como 99 4| Enseñaba el pie, las enaguas blanquísimas que resaltaban bajo la falda 100 4| enseñando los bajos blanquísimos, y el pie primoroso.~ ~Al 101 1| llevaba generalmente los bocados y Abel los tragos, porque 102 2| dándoles hijas que pueden hacer bodas disparatadas, un fortunón... ¿ 103 3| mérito extraordinario de esos botellines.~ ~Y aquel día también había 104 3| brisa, cuando cogidos del brazo y no muy seguros de piernas, 105 4| Nieves se le arroja en los brazos, sollozando y con un ataque 106 3| la palabra. Siempre en la brecha. Se había batido en retirada, 107 1| eso que eran aquellos dos buenos mozos del año sesenta, inseparables 108 2| todas tus cosas.~ ~-No te burles, libertino. La mayor nació... 109 3| la pedía con los ojillos burlones llenos de chispas.~ ~A la 110 1| personas para sí, y, si cabía, para reírse de las debilidades 111 4| apiñadas alrededor de la tía caduca, volvían a presentarse en 112 2| fortunón... ¿Eh? viejo verde, calaverón eterno. ¿Cuándo tendrás 113 4| varias tardes en una y otra calle solitaria. La saluda de 114 3| se había marchitado sin cambiar, no había engordado, era 115 1| siempre era suya, y el que caminaba detrás iba haciendo gestos 116 3| hablaron más en todo el camino. La brisa les despejaba 117 1| pastores de don Quijote, a campo raso, y chupándose los dedos, 118 3| trasnochado se decidía a echar una cana al aire, solía escoger por 119 2| Hola -murmuró Caín -; ¿ya cantamos en la mayor? Jumera segura... 120 3| y tibia de otoño, oyendo cantar un ruiseñor en un negrillo, 121 2| Tus esperanzas? Yo te las cantaré: La (cantando) Nieves...~ ~- 122 4| iglesia de monjas con un capellán muy elegante, de quien Caín 123 4| Es para arrojárselo a la cara a un miserable... que no 124 2| para qué están los amigos? Cargo yo con ella... y asesino 125 2| un pellizco en aquellas carnes fuera una traición a la 126 1| negrillos que orlaban la carretera de Galicia, solía exclamar 127 1| siempre juntos, por las carreteras adelante, los dos algo encorvados, 128 5| años y años para el día que casara a su hija!... ¡No fue mala 129 2| Nieves -prosiguió Abel - se casará cuando quiera; siempre es 130 2| desde el momento que te casaste eres hombre muerto; quisiste 131 5| pensamiento... y.. ¡diablo de casualidad! ¡Ocurrírsele cogerme la 132 4| lamentado mucho todas aquellas catástrofes, y que había socorrido con 133 3| exclamó:~ ~-¡Ver y creer! Catemos, eso, y se verá si es paparrucha 134 1| porque estaba seguro de que cedería el compinche; y por eso 135 4| aprovechaba la moda de las faldas ceñidas para lucir las líneas esculturales 136 3| jamás enérgico, siempre de cera, en aquella ocasión supo 137 3| pernil mejor que dio de sí cerdo alguno nacido en Teberga. 138 1| y si quería pitillos y cerillas tenía que comprarlos muchas 139 3| Pasaron algunos; Abel estuvo cesante una temporada y Joaquín 140 2| quejara...~ ~-Hombre, eres un chiquillo; le ves a uno serio contándote 141 4| desaparecieron del gran mundo, tan chiquitín, de su pueblo. Lo notaron 142 3| ojillos burlones llenos de chispas.~ ~A la luz de las primeras 143 2| treinta años con el mismo chiste... de mal género. Ya sabes 144 1| algo encorvados, los dos de chistera y levita, Caín siempre delante, 145 1| Quijote, a campo raso, y chupándose los dedos, en cualquier 146 1| propia persona. Cuando algún chusco veía pasar a los dos vejetes, 147 3| como vil cortesano.~ ~Abel, ciego de vanidad y agradecido, 148 3| lacrada, sabio artificio de la ciencia misteriosa de conservar 149 | cierto 150 3| primogénita se soltaba las cintas y se hundía en un sofá a 151 3| que habían estrechado su cintura, bebido su aliento, contemplado 152 3| despedirse hasta la hora de la cita, exclamó:~ ~-Bueno, pues 153 1| primero y segundo del gobierno civil desde tiempo inmemorial ( 154 5| estaba ya perdida. ¡Oh, es claro! En este particular no puedo 155 3| eran ya de octava o novena clase, invisibles a simple vista, 156 1| contaba con el arte de su cocinera de solterón sibarita. Los 157 4| transeúntes con los ojos. Daban codazos a la multitud hombruna. 158 3| entre una multitud que la codeaba sin verla...~ ~Tan excelente 159 5| casualidad! ¡Ocurrírsele cogerme la llave de la biblioteca... 160 3| aliento de la brisa, cuando cogidos del brazo y no muy seguros 161 2| dando vueltas por el salón colgada de Pacorro... A Nieves no 162 4| día le para ella. Se lo come con los ojos. Caín se turba. 163 5| pasan a veces como en las comedias, para que tengan más pimienta, 164 1| Abel tenía un cuñado que comerciaba en vinos y licores, y eso 165 1| mucho más servicio que la cómoda y la mesilla de noche juntas. 166 1| de cien instrumentos de comodidad para su propia persona. 167 1| seguro de que cedería el compinche; y por eso iba sonriendo: 168 1| pitillos y cerillas tenía que comprarlos muchas veces, pues Abel 169 4| las novenas famosas y muy concurridas. Primero salen todas juntas, 170 4| céntricas, en los paseos no muy concurridos. Devoraban a los transeúntes 171 1| de burro, y siempre bien condimentada. Cosa rica. Merendaban casi 172 2| de dulces piscolabis lo confiesas; y, ¿a quién mejor que a 173 | conmigo 174 3| jóvenes nuevos ya no la conocían, no sabían lo que había 175 4| antes en poder del sanísimo consejo de que «se dejaran de bambollas... 176 1| Caín tampoco hubiera consentido en la separación, en pasear 177 4| virilidad y demostrar que la conservaba. Parecía cada día menos 178 4| ajena si quiere ser feliz y conservarse?~ ~Las de Trujillo, de negro, 179 1| enamorado hasta el punto de considerar grandes hombres a los diputados 180 | consigo 181 3| de una semana a los dos constantes amigos. Porque Abel, jamás 182 4| Se echa a llorar. Caín la consuela. Le da el dinero que pide 183 1| eso le regalaba, y Caín contaba con el arte de su cocinera 184 4| vio el peligro de aquel contacto. «No hubo malicia por parte 185 2| chiquillo; le ves a uno serio contándote sus cuitas y sus esperanzas... 186 3| la tumba en que él ya se contemplaba.~ ~Caín pensaba en las pobres 187 3| cintura, bebido su aliento, contemplado su escote virginal... etc., ¿ 188 1| llamaban los murmuradores Las Contenciosas-administrativas por lo mucho que hablaba 189 1| que eran magistrados de lo contencioso..., etc. El mote, según 190 1| que hablaba su padre de lo contencioso-administrativo, que le tenía enamorado 191 4| de los estragos del deseo contenido o mal satisfecho.~ ~Murió 192 4| de sus desgracias. Parece contenta de su suerte. No habla más 193 3| el canto del ruiseñor, y contento de la creación, de la amistad, 194 2| pernil.)~ ~-No envidio tal -contestaba Abel, que en frente de su 195 2| de tu vejez?~ ~Caín, sin contestar a aquel majadero, que tan 196 2| si hablara consigo mismo continuó mirando a la tierra:~ ~- 197 3| benedictino estaba allí, en la copa reluciente, de modo misterioso 198 4| solterona rebelde. Está alegre, coquetea como en los mejores tiempos. 199 4| todo su antiguo arsenal de coqueterías escultóricas. Le mira con 200 2| mayor.~ ~-Eres un hombre sin corazón... un Lovelace.~ ~-¡Ay, 201 3| que la estallaba sobre el corpachón y sobre el vientre. ¿No 202 3| apasionada del vals, más correcta en sus pasos, más vaporosa, 203 4| pañuelo en los ojos y echa a correr como una locuela..., enseñando 204 3| quedaba. Se permitía, como corta recompensa a su renuncia, 205 3| sus triunfos, paseaba sin corte entre una multitud que la 206 4| que había socorrido con la cortedad propia de su peculio y de 207 3| vez por adular como vil cortesano.~ ~Abel, ciego de vanidad 208 4| dejaran de bambollas... y cosieran para fuera». Caín se olvidó 209 3| apergaminarse. ¡Lo que le había costado a él de sudores y trabajo 210 3| ruiseñor, y contento de la creación, de la amistad, por un momento, 211 3| oírla, exclamó:~ ~-¡Ver y creer! Catemos, eso, y se verá 212 4| trastornarse como ella, que creyéndose más frío, menos joven de 213 3| sofá a leer periódicos, crímenes y viajes de hombres públicos. 214 3| segunda luchaba con la edad de Cristo y se dejaba sacrificar por 215 | cual 216 | cualquier 217 | Cuándo 218 4| hora. Súbame usted a su cuarto. Le necesito. -Suben y le 219 4| debe de gustarles a más de cuatro que no están para escoger 220 3| voluntario en la guerra de Cuba, hicieron café..., y al 221 3| periódico, que era la primera cubierta, apareció un frasco, como 222 3| incorporarse para admirar, quedó en cuclillas como un idólatra ante un 223 3| misteriosa de conservar los cuerpos santos incólumes; de guardar 224 4| ha de ser en el acto. Es cuestión de honra. Es para arrojárselo 225 2| uno serio contándote sus cuitas y sus esperanzas... y tú 226 1| tragos, porque Abel tenía un cuñado que comerciaba en vinos 227 3| demasiada.»~ ~Cuando el cura hablaba, desde el púlpito, 228 3| ruiseñor en un negrillo, cuyas hojas inmóviles parecían 229 4| cuando ella era chica y él le daba pellizcos.~ ~-¿A ti, yo? ¡ 230 4| transeúntes con los ojos. Daban codazos a la multitud hombruna. 231 2| escotada, con media negra, dando vueltas por el salón colgada 232 2| honrados, fieles al decálogo, dándoles hijas que pueden hacer bodas 233 5| llave de la biblioteca... y dar precisamente con el recuerdo 234 2| Dímelo a mí, que ayer por darla un pellizco salí con una 235 2| Nada, trato hecho; tú me das en dote esa botella, que 236 4| insinuante. «Aquel jamón debe de gustarles a más de cuatro 237 1| detrás iba haciendo gestos de débil protesta y de relativo disgusto. 238 1| cabía, para reírse de las debilidades ajenas, sobre todo si eran 239 4| reflexiona que él mismo debió de trastornarse como ella, 240 2| sosos, honrados, fieles al decálogo, dándoles hijas que pueden 241 3| Contenciosas, «las de Trujillo» decían los pocos pollos nuevos 242 3| solterón trasnochado se decidía a echar una cana al aire, 243 4| que le molestaba. Se había dedicado a no envejecer, a conservar 244 2| segunda, Rita, todavía se defiende.~ ~-¡Ya lo creo! Dímelo 245 3| con la edad de Cristo y se dejaba sacrificar por el vestido 246 4| menudo. Poco a poco fue dejándolo, sin saber por qué. Nieves 247 | dejar 248 4| ido olvidándolas, no sin dejarlas antes en poder del sanísimo 249 1| día solo, en muchos años, dejaron de reñir al emprender su 250 3| había apretado cuando era delgada.~ ~-«¡La carne! Como el 251 2| en fin, aunque no está delicada... se ha descompuesto; ya 252 3| del ruiseñor, que era su delicia, única afición poética que 253 | demás 254 | demasiada 255 4| conservar la virilidad y demostrar que la conservaba. Parecía 256 4| en rigor era todavía por dentro, no vio el peligro de aquel 257 4| humildes. Por algún tiempo desaparecieron del gran mundo, tan chiquitín, 258 4| Murió la tía también. Nueva desaparición. A los pocos meses las de 259 2| no está delicada... se ha descompuesto; ya no es lo que era, ya 260 4| apasionada, de los estragos del deseo contenido o mal satisfecho.~ ~ 261 4| encantado. ¿Quién piensa en la desgracia ajena si quiere ser feliz 262 4| tiempos. No se acuerda de sus desgracias. Parece contenta de su suerte. 263 3| había renunciado a la lucha desigual con el tiempo y al martirio 264 3| tomó una resolución, y al despedirse hasta la hora de la cita, 265 3| el camino. La brisa les despejaba la cabeza y los viejos meditaban. 266 4| antes. Después empiezan a desperdigarse. A Nieves se la ve muchas 267 3| sí) a sus anchas, como en desquite de lo mucho que inútilmente 268 3| Caín jubilado y Abel en el destino antiguo de Caín. Las meriendas 269 4| ya no envejece y se le ha desvanecido el gesto avinagrado de solterona 270 4| que encuentra a Nieves la detiene ya sin escrúpulo. Ella luce 271 4| paseos no muy concurridos. Devoraban a los transeúntes con los 272 3| de este, y que habían de devorar juntos de tarde en la Fuente 273 2| efecto raro, peligroso, diabólico... Y la chica era la única 274 3| pero no faltaban las de días solemnes. Los paseos, como 275 3| resignado, reveló su secreto, diciendo:~ ~-Estos frascos... este 276 2| hombre muerto; quisiste tener digna esposa y sólo has hecho 277 3| pocos pollos nuevos que se dignaban acordarse de ellas.~ ~La 278 3| en el mundo, era néctar digno de los dioses. Cómo había 279 3| café, lleva tú puros; no te digo más.~ ~Y aquella tarde, 280 2| Como bailar.. baila bien -dijo Caín muy grave.~ ~-Sí, hombre; 281 2| defiende.~ ~-¡Ya lo creo! Dímelo a mí, que ayer por darla 282 3| era néctar digno de los dioses. Cómo había ido a parar 283 1| considerar grandes hombres a los diputados provinciales que eran magistrados 284 3| sido el primero de la única discordia duradera que separó por 285 5| sonriendo entre satisfecho y disgustado, se decía el solterón empedernido:~ ~- 286 4| antigua inclinación mutua, disparatada... ; pero poderosa..., latente.»~ ~ ~ ~ 287 2| hijas que pueden hacer bodas disparatadas, un fortunón... ¿Eh? viejo 288 1| solterón sibarita. Los dos disponían de algo más que el sueldo, 289 4| medio luto, acompañadas, a distancia, de una criada más joven 290 3| aquel par de frascos casi divinos a manos de Trujillo, era 291 2| por un abismo que se llama doña Tomasa Gómez, viuda de Trujillo? 292 | donde 293 5| último pensamiento de Caín al dormirse ya no fue para la menor 294 2| trato hecho; tú me das en dote esa botella, que no hay 295 3| perdida; gran hermosura, sin duda, persistente... pero inútil. 296 2| y tú con tus bromas de dudoso gusto...~ ~-¿Tus esperanzas? 297 2| momentos de expansión y de dulces piscolabis lo confiesas; 298 4| hermanas sí. No sé si tienes dura o blanda la carne. -Nieves 299 3| primero de la única discordia duradera que separó por más de una 300 3| La segunda luchaba con la edad de Cristo y se dejaba sacrificar 301 3| otro frasco; y se lo llevó efectivamente.~ ~* ~ ~ 302 2| disparatadas, un fortunón... ¿Eh? viejo verde, calaverón 303 3| haciendo dinero, otros en el ejército sabe Dios dónde; los pocos 304 4| monjas con un capellán muy elegante, de quien Caín sospechaba 305 | Ello 306 | ellos 307 1| Abel siempre detrás, nunca emparejados; y era que Abel iba como 308 5| disgustado, se decía el solterón empedernido:~ ~-De todas maneras la 309 3| mayor. Porque lo natural era empezar por la primera. Era lo justo. 310 4| joven que ellas. Se las empieza a ver en todas partes. No 311 4| juntas, como antes. Después empiezan a desperdigarse. A Nieves 312 2| perla del casino cuando la emprende con el vals corrido, sobre 313 1| años, dejaron de reñir al emprender su viaje vespertino; pero 314 3| muy seguros de piernas, emprendieron la vuelta de casa, Abel, 315 4| pierna. Enseñaba el pie, las enaguas blanquísimas que resaltaban 316 1| contencioso-administrativo, que le tenía enamorado hasta el punto de considerar 317 4| gustos extraviados que se enamoran de las ruinas de la mujer 318 4| aventurero galante. Estaba encantado. ¿Quién piensa en la desgracia 319 1| carreteras adelante, los dos algo encorvados, los dos de chistera y levita, 320 1| la madre. Era su natural enemigo, su rival pudiera decirse. 321 3| amigos. Porque Abel, jamás enérgico, siempre de cera, en aquella 322 4| esculturales de su hermosa pierna. Enseñaba el pie, las enaguas blanquísimas 323 4| correr como una locuela..., enseñando los bajos blanquísimos, 324 3| Abel el pernil que Caín le enseñó en casa de este, y que habían 325 4| mayoría, como si las hubieran enterrado con su padre y su madre. 326 | entonces 327 1| tos de Abel!» Le quería entrañablemente, sólo que hay entrañas de 328 1| entrañablemente, sólo que hay entrañas de muchas maneras, y Caín 329 3| como Andrómaca, se alegró entristeciéndose.~ ~A Caín, la alegría le 330 3| Mari-Cuchilla, que Trujillo, entusiasmado, tomó una resolución, y 331 4| ha parado también, ya no envejece y se le ha desvanecido el 332 3| tragedia del tiempo. Había envejecido más que sus hermanas; envejecer 333 2| que es un pernil.)~ ~-No envidio tal -contestaba Abel, que 334 2| olvidándose de las tonterías epigramáticas de su amigo, sumiendo en 335 | esas 336 3| meditaban. Abel tembló. Fue un escalofrío de la miseria futura de 337 4| novedades del día, de los escándalos amorosos. Caín le suelta 338 3| aquel líquido singular, tan escaso en el mundo, era néctar 339 1| ustedes? Es aquel bulto que esconde debajo de la levita.~ ~El 340 3| Prefería el disgusto amargo y escondido de quedarse en casa, de 341 2| de su amigo, de blanco, escotada, con media negra, dando 342 3| aliento, contemplado su escote virginal... etc., ¿dónde 343 4| Nieves la detiene ya sin escrúpulo. Ella luce todo su antiguo 344 4| antiguo arsenal de coqueterías escultóricas. Le mira con ojos de fuego 345 4| ceñidas para lucir las líneas esculturales de su hermosa pierna. Enseñaba 346 | ese 347 4| casa del propio Caín.~ ~-Le espero a usted hace una hora. Súbame 348 2| muerto; quisiste tener digna esposa y sólo has hecho una viuda...~ ~- 349 3| virginal... etc., ¿dónde estaban? Unos de jueces de término 350 3| sacrificar por el vestido que la estallaba sobre el corpachón y sobre 351 | estas 352 4| mujer apasionada, de los estragos del deseo contenido o mal 353 3| aquellos hombres que habían estrechado su cintura, bebido su aliento, 354 3| A la luz de las primeras estrellas, al primer aliento de la 355 1| ridículos, y tenía en ellos un estuche de cien instrumentos de 356 3| Pasaron algunos; Abel estuvo cesante una temporada y 357 2| viejo verde, calaverón eterno. ¿Cuándo tendrás tú una 358 3| Excelente! ¡Eres un barbián! Excelentísimo señor benedictino, ¡bendita 359 2| mi sistema, mi filosofía -exclamaba don Joaquín, sentado en 360 1| carretera de Galicia, solía exclamar riendo:~ ~-Hoy le mata, 361 3| se le figuraba que aludía exclusivamente a la suya... Salían sus 362 1| El bulto, en efecto, existía. Solía ser realmente un 363 2| tal; en estos momentos de expansión y de dulces piscolabis lo 364 3| Faltaba algo; faltaba una explicación. Caín la pedía con los ojillos 365 3| Y no había querido jamás explicar qué día era aquel.~ ~Caín, 366 4| Una hora después, para explicarse lo sucedido, para matar 367 4| manto recobraban fuerza, expresión. Podía aparecer apetitosa 368 3| miramientos, refinamientos y modos exquisitos, que bien se podía decir 369 3| antiguos triunfos, parecía una extranjera insignificante. No se hablaba 370 3| paparrucha lo del mérito extraordinario de esos botellines.~ ~Y 371 4| apetitosa a uno de esos gustos extraviados que se enamoran de las ruinas 372 3| fragmento de un tesoro único fabricado por los ilustres Padres 373 4| blanquísimas que resaltaban bajo la falda negra. Sus ojos grandes, 374 4| aprovechaba la moda de las faldas ceñidas para lucir las líneas 375 4| Trujillo; al año siguiente falleció la viuda de Trujillo. Las 376 3| agradecido, exclamó:~ ~-Lo que falta... lo beberemos mañana. 377 3| menudeaban menos, pero no faltaban las de días solemnes. Los 378 3| vientre. ¿No había tenido fama de hermosa? ¿No le habían 379 2| melancólicos de su vida de padre de familia con pocos recursos. Y como 380 4| apreturas de las novenas famosas y muy concurridas. Primero 381 3| era Joaquín, porque ya le fatigaba la cuesta. Las Contenciosas 382 3| aquel momento ridículas, feas por anticuadas y risibles..., 383 3| esbelta como antes, ligera, felina, ondulante; bailaba, si 384 3| como un idólatra ante un fetiche.~ ~-El benedictino -repitió 385 2| hombres sosos, honrados, fieles al decálogo, dándoles hijas 386 3| carne, a la mayor se le figuraba que aludía exclusivamente 387 4| no sabe ella lo que se ha figurado. Se echa a llorar. Caín 388 2| un poco pálido. Sus ojos fijos veían a la hija menor de 389 4| ataque de nervios no del todo fingido.~ ~Una hora después, para 390 3| ir a bailes ni teatros, fingiendo gran filosofía, reconociéndose 391 3| hombres públicos. Ya no leía folletines.~ ~La segunda luchaba con 392 3| iban al baile a probar fortuna, y la primogénita se soltaba 393 2| hacer bodas disparatadas, un fortunón... ¿Eh? viejo verde, calaverón 394 3| selección de lo selecto, fragmento de un tesoro único fabricado 395 1| mata, hoy es el día del fratricidio. Le lleva a paseo y le da 396 3| bailaba, si había con quién, frenética, cada día mas apasionada 397 2| contestaba Abel, que en frente de su amigo, en igual postura, 398 1| ahora que ya no eran tan frescas y guapetonas como años atrás, 399 4| está como nuevo; más sano y fresco que cuando ella era chica 400 4| ella, que creyéndose más frío, menos joven de lo que en 401 4| escultóricas. Le mira con ojos de fuego y le asegura muy seria que 402 | fueran 403 4| Trujillo. Las huérfanas se fueron a vivir con una tía, tan 404 4| bajo el manto recobraban fuerza, expresión. Podía aparecer 405 3| escalofrío de la miseria futura de sus hijas, cuando él 406 4| renacimiento de aventurero galante. Estaba encantado. ¿Quién 407 1| orlaban la carretera de Galicia, solía exclamar riendo:~ ~- 408 3| filosofía, reconociéndose gallina, aunque otra le quedaba. 409 1| las afueras. Caín llevaba generalmente los bocados y Abel los tragos, 410 2| el mismo chiste... de mal género. Ya sabes que a Tomasa no 411 4| se le ha desvanecido el gesto avinagrado de solterona 412 1| caminaba detrás iba haciendo gestos de débil protesta y de relativo 413 4| le recibe como si fuera gloria. Una tarde, a la oración, 414 2| baila bien -dijo Caín muy grave.~ ~-Sí, hombre; no tiene 415 3| del oscurecer de una tarde gris y tibia de otoño, oyendo 416 1| ya no eran tan frescas y guapetonas como años atrás, llamaban 417 5| de benedictino le había guardado su padre años y años para 418 3| amigos -había dicho - los guardo yo para en su día. -Y no 419 3| pariente, voluntario en la guerra de Cuba, hicieron café..., 420 1| solía él decirse: «¡No me gusta nada la tos de Abel!» Le 421 1| arrastrado, porque a él le gustaba pasear hacia Oriente, y 422 2| que dice Tomasa que no le gustan esas bromas, que las chicas 423 3| a pesar de todo, seguía gustándole, seguía haciéndole efecto...~ ~ 424 4| insinuante. «Aquel jamón debe de gustarles a más de cuatro que no están 425 1| sonriendo: no porque le gustase oír la tos del otro. No, 426 4| apetitosa a uno de esos gustos extraviados que se enamoran 427 3| y al sacar Caín dos habanos peseteros..., apareció la 428 4| contenta de su suerte. No habla más que de las novedades 429 4| oración, la ve de lejos, hablando en el postigo de una iglesia 430 2| pocos recursos. Y como si hablara consigo mismo continuó mirando 431 3| llevas el otro frasco.~ ~Y no hablaron más en todo el camino. La 432 | hacer 433 5| este particular no puedo hacerme ilusiones. Lo peor fue lo 434 5| fue lo otro. Aquello de hacerse la loca después del lance, 435 | hacia 436 3| seguía gustándole, seguía haciéndole efecto...~ ~Y pensaba además 437 | has 438 3| matrimonio. Sin embargo, he aguardado, aguardado..., 439 2| el polvo con un puñado de heno.~ ~-Sí, envidias tal; en 440 3| infinito, pero, como su hermana, la segunda, no faltaba 441 3| Trujillo, era asunto de una historia que parecía novela y que 442 3| ruiseñor en un negrillo, cuyas hojas inmóviles parecían de un 443 2| tierra:~ ~-La mayor...~ ~-Hola -murmuró Caín -; ¿ya cantamos 444 4| Daban codazos a la multitud hombruna. Nieves aprovechaba la moda 445 4| el acto. Es cuestión de honra. Es para arrojárselo a la 446 2| premia a los hombres sosos, honrados, fieles al decálogo, dándoles 447 1| no estaba a mano en las horas de mayor urgencia.~ ~* ~ ~ 448 4| de quien Caín sospechaba horrores. -Desde entonces sigue la 449 4| la mayoría, como si las hubieran enterrado con su padre y 450 4| peligro de aquel contacto. «No hubo malicia por parte de ella 451 3| tempestades que dejaran huella en su rostro, en todo su 452 1| Solía ser realmente un hueso de un animal, pero rodeado 453 3| vuelta de casa, Abel, triste, humilde, resignado, reveló su secreto, 454 4| a un barrio de los más humildes. Por algún tiempo desaparecieron 455 3| soltaba las cintas y se hundía en un sofá a leer periódicos, 456 3| Salían sus hermanas, iban al baile a probar fortuna, 457 3| quedó en cuclillas como un idólatra ante un fetiche.~ ~-El benedictino - 458 4| hablando en el postigo de una iglesia de monjas con un capellán 459 2| en frente de su amigo, en igual postura, hacía saltar el 460 3| único fabricado por los ilustres Padres para un regalo de 461 3| que pedía restauraciones imposibles. Prefería el disgusto amargo 462 3| Caín en un tono religioso impropio de su volterianismo. Y al 463 4| naturaleza. Tal vez sería antigua inclinación mutua, disparatada... ; 464 3| conservar los cuerpos santos incólumes; de guardar lo precioso 465 3| de su volterianismo. Y al incorporarse para admirar, quedó en cuclillas 466 2| la llevarán... No faltan indianos... Y en último caso... ¿ 467 3| la veía pasar con respeto indiferente; se reconocía que bailaba 468 2| amigo verdadero desde la infancia hasta el infausto día de 469 2| desde la infancia hasta el infausto día de tu boda, que nos 470 3| y las tenía una lástima infinita desde la tumba en que él 471 3| y qué? Nieves padecía infinito, pero, como su hermana, 472 3| guardar lo precioso de las injurias del ambiente.~ ~-¡El benedictino! 473 1| gobierno civil desde tiempo inmemorial (don Joaquín el primero, 474 3| un negrillo, cuyas hojas inmóviles parecían de un árbol-estatua, 475 2| mimosa! ¡Y qué miradonas inocentes... pero que se metían en 476 1| buenos mozos del año sesenta, inseparables amigos desde la juventud, 477 3| parecía una extranjera insignificante. No se hablaba de ella ni 478 4| la solterona, esbelta e insinuante. «Aquel jamón debe de gustarles 479 1| desde la juventud, alegre o insípida, según se trate de don Joaquín 480 3| todos los pollos atrevidos e instruidos de su tiempo que ella era 481 1| ellos un estuche de cien instrumentos de comodidad para su propia 482 2| los viejos, aunque fueran íntimos de su padre. «¡Padrino, 483 3| duda, persistente... pero inútil. Y demasiada.»~ ~Cuando 484 3| desquite de lo mucho que inútilmente se había apretado cuando 485 3| ropa, de dejar a la carne invasora y blanquísima (eso sí) a 486 3| de octava o novena clase, invisibles a simple vista, ya nadie 487 4| esbelta e insinuante. «Aquel jamón debe de gustarles a más 488 3| misma... en ruinas. Los jóvenes nuevos ya no la conocían, 489 3| que quedaba en casa, eran joyas riquísimas y raras, selección 490 3| juntarse en su pueblo, Caín jubilado y Abel en el destino antiguo 491 3| dónde estaban? Unos de jueces de término a cien leguas: 492 2| ya cantamos en la mayor? Jumera segura... tristona como 493 2| segura está. Los tiene así (juntando por las yemas los dedos 494 3| otra provincia. Volvieron a juntarse en su pueblo, Caín jubilado 495 1| otro. No, ni mucho menos; justamente solía él decirse: «¡No me 496 1| inseparables amigos desde la juventud, alegre o insípida, según 497 3| bandas de paja, alambre, tela lacrada, sabio artificio de la ciencia 498 2| postura, hacía saltar el lacre de una botella y le limpiaba 499 1| y tomar cada cual por su lado, como hicieron San Pablo 500 4| gracia. Caín, que había lamentado mucho todas aquellas catástrofes, 501 5| hacerse la loca después del lance, y querer aturdirse, y pedirme 502 3| lo que quería, que era: lasciate ogni speranza. -En fin, ¿ 503 4| negra. Sus ojos grandes, lascivos, bajo el manto recobraban 504 3| amaba más, y las tenía una lástima infinita desde la tumba 505 4| disparatada... ; pero poderosa..., latente.»~ ~ ~ ~ 506 1| y llevar la cuenta de la lavandera, y si quería pitillos y 507 3| y se hundía en un sofá a leer periódicos, crímenes y viajes 508 3| jueces de término a cien leguas: otros en Ultramar haciendo 509 3| hombres públicos. Ya no leía folletines.~ ~La segunda 510 3| priori.~ ~Pasó el solterón la lengua por los labios, volvió a 511 1| etc. El mote, según malas lenguas, se lo había puesto a las 512 2| cosas.~ ~-No te burles, libertino. La mayor nació... sí, justo; 513 1| que comerciaba en vinos y licores, y eso le regalaba, y Caín 514 3| era esbelta como antes, ligera, felina, ondulante; bailaba, 515 2| lacre de una botella y le limpiaba el polvo con un puñado de 516 4| faldas ceñidas para lucir las líneas esculturales de su hermosa 517 3| se podía decir que aquel líquido singular, tan escaso en 518 2| siempre por un abismo que se llama doña Tomasa Gómez, viuda 519 5| Ocurrírsele cogerme la llave de la biblioteca... y dar 520 3| perdonar, que no sabía, llegó a olvidarse del benedictino.~ ~ 521 3| con los ojillos burlones llenos de chispas.~ ~A la luz de 522 1| de su Abel; se le había llevado de la posada donde antes 523 2| era, ya no... ya no me la llevan.~ ~-Ánimo, hombre; sí te 524 1| que guardar su ropa, y llevar la cuenta de la lavandera, 525 2| Ánimo, hombre; sí te la llevarán... No faltan indianos... 526 3| Y pensaba además en llevarse el otro frasco; y se lo 527 3| algo bueno, una sorpresa. Llevo la manga de café, lleva 528 3| el otro frasco; y se lo llevó efectivamente.~ ~* ~ ~ 529 4| se ha figurado. Se echa a llorar. Caín la consuela. Le da 530 5| otro. Aquello de hacerse la loca después del lance, y querer 531 2| era la única para volver locos a los viejos, aunque fueran 532 4| y echa a correr como una locuela..., enseñando los bajos 533 4| detiene ya sin escrúpulo. Ella luce todo su antiguo arsenal 534 3| talle había renunciado a la lucha desigual con el tiempo y 535 3| folletines.~ ~La segunda luchaba con la edad de Cristo y 536 4| las faldas ceñidas para lucir las líneas esculturales 537 4| calles céntricas, de medio luto, acompañadas, a distancia, 538 3| llenos de chispas.~ ~A la luz de las primeras estrellas, 539 1| diputados provinciales que eran magistrados de lo contencioso..., etc. 540 3| día como astros de menor magnitud; es decir, no brillaban; 541 2| Caín, sin contestar a aquel majadero, que tan feliz se las prometía, 542 5| casara a su hija!... ¡No fue mala boda!» Y el último pensamiento 543 1| etc. El mote, según malas lenguas, se lo había puesto 544 3| que falta... lo beberemos mañana. El otro frasco... es tuyo; 545 1| veces, pues Abel no estaba a mano en las horas de mayor urgencia.~ ~* ~ ~ 546 4| grandes, lascivos, bajo el manto recobraban fuerza, expresión. 547 3| es la palabra: se había marchitado sin cambiar, no había engordado, 548 3| desigual con el tiempo y al martirio de un tocado que pedía restauraciones 549 | mas 550 1| exclamar riendo:~ ~-Hoy le mata, hoy es el día del fratricidio. 551 4| explicarse lo sucedido, para matar los remordimientos que le 552 3| a su renuncia, el placer material, y para ella voluptuoso, 553 4| Caín y otros pocos. Para la mayoría, como si las hubieran enterrado 554 2| de blanco, escotada, con media negra, dando vueltas por 555 3| Excelente!~ ~Abel bebió también. Mediaron el frasco.~ ~Se alegraron; 556 4| las calles céntricas, de medio luto, acompañadas, a distancia, 557 3| despejaba la cabeza y los viejos meditaban. Abel tembló. Fue un escalofrío 558 4| alegre, coquetea como en los mejores tiempos. No se acuerda de 559 2| pensamiento en los recuerdos melancólicos de su vida de padre de familia 560 3| antiguo de Caín. Las meriendas menudeaban menos, pero no faltaban 561 3| para presentarlas en el mercado del matrimonio. Y todo en 562 1| condimentada. Cosa rica. Merendaban casi todas las tardes como 563 3| árbol-estatua, Caín y Abel merendaron el pernil mejor que dio 564 3| destino antiguo de Caín. Las meriendas menudeaban menos, pero no 565 3| si es paparrucha lo del mérito extraordinario de esos botellines.~ ~ 566 4| desaparición. A los pocos meses las de Trujillo vuelven 567 1| servicio que la cómoda y la mesilla de noche juntas. Ahora tenía 568 2| inocentes... pero que se metían en casa! El diablo que pellizcara 569 3| en el pueblo, retraídos, metidos en casa o en la sala de 570 2| Padrino, baila conmigo!» ¡Qué miel en la voz mimosa! ¡Y qué 571 2| dedos de ambas manos). No es milagro. ¿Hay chica más esbelta 572 2| secretario del gobierno militar, Pacorro?~ ~Caín se había 573 2| conmigo!» ¡Qué miel en la voz mimosa! ¡Y qué miradonas inocentes... 574 4| coqueterías escultóricas. Le mira con ojos de fuego y le asegura 575 2| en la voz mimosa! ¡Y qué miradonas inocentes... pero que se 576 3| regalo de rey, con tales miramientos, refinamientos y modos exquisitos, 577 2| hablara consigo mismo continuó mirando a la tierra:~ ~-La mayor...~ ~- 578 4| arrojárselo a la cara a un miserable... que no sabe ella lo que 579 3| Fue un escalofrío de la miseria futura de sus hijas, cuando 580 | misma 581 1| había puesto a las chicas el mismísimo Caín, que las quería mucho, 582 3| artificio de la ciencia misteriosa de conservar los cuerpos 583 3| copa reluciente, de modo misterioso que Caín, triunfante, llevaba 584 4| Nieves se había dado a la mística, y las demás no tenían gracia. 585 1| decirse. Le había quitado la mitad de su Abel; se le había 586 4| hombruna. Nieves aprovechaba la moda de las faldas ceñidas para 587 3| Abel, procurando aparecer modesto y sencillo en aquel momento 588 3| en la copa reluciente, de modo misterioso que Caín, triunfante, 589 3| miramientos, refinamientos y modos exquisitos, que bien se 590 1| hacia Oriente, y Caín, por moler, le llevaba por Occidente, 591 4| chicas como de todo lo que le molestaba. Se había dedicado a no 592 2| envidias tal; en estos momentos de expansión y de dulces 593 3| un frasco, como podía la momia de Sesostris, entre bandas 594 4| postigo de una iglesia de monjas con un capellán muy elegante, 595 1| contencioso..., etc. El mote, según malas lenguas, se 596 1| eran aquellos dos buenos mozos del año sesenta, inseparables 597 | mucha 598 3| trabajo el vestir a aquellas muchachas y alimentarlas bien para 599 | muchísima 600 2| que te casaste eres hombre muerto; quisiste tener digna esposa 601 3| de sus hijas, cuando él muriera, cuando quedaran solas en 602 1| años atrás, llamaban los murmuradores Las Contenciosas-administrativas 603 2| La mayor...~ ~-Hola -murmuró Caín -; ¿ya cantamos en 604 4| sería antigua inclinación mutua, disparatada... ; pero poderosa..., 605 3| que dio de sí cerdo alguno nacido en Teberga. Después, en 606 2| burles, libertino. La mayor nació... sí, justo; va para veintiocho, 607 3| invisibles a simple vista, ya nadie hablaba de ellas, ni para 608 4| respondo. Fue cosa de la naturaleza. Tal vez sería antigua inclinación 609 1| muy poco más; y eso que lo necesitaba mucho, porque tenía mujer 610 4| Súbame usted a su cuarto. Le necesito. -Suben y le pide dinero, 611 3| ocasión supo resistir y negó a Caín el placer de saborear 612 3| cantar un ruiseñor en un negrillo, cuyas hojas inmóviles parecían 613 1| perderse a lo lejos, entre los negrillos que orlaban la carretera 614 4| conservarse?~ ~Las de Trujillo, de negro, muy pálidas, apiñadas alrededor 615 | nos 616 4| los ojos. Caín se turba. Nota que Nieves se ha parado 617 4| chiquitín, de su pueblo. Lo notaron Caín y otros pocos. Para 618 4| No habla más que de las novedades del día, de los escándalos 619 3| una historia que parecía novela y que Caín conocía muy bien 620 3| rigor eran ya de octava o novena clase, invisibles a simple 621 4| en las apreturas de las novenas famosas y muy concurridas. 622 3| pierden con el tiempo y los noviazgos..., guardaba los frascos..., 623 3| no faltaba a un baile. ¡Novio!... ¡Quién soñaba ya con 624 3| engordado mucho y ya no tenía novios, por no apretarse el talle 625 4| Murió la tía también. Nueva desaparición. A los pocos 626 4| muy seria que está como nuevo; más sano y fresco que cuando 627 5| Bebí yo... ¿qué remedio? obligado.~ ~«¡Quién le hubiera dicho 628 3| siempre de cera, en aquella ocasión supo resistir y negó a Caín 629 1| por moler, le llevaba por Occidente, cuesta arriba, por el gusto 630 3| brillaban; en rigor eran ya de octava o novena clase, invisibles 631 2| que siempre se le estaba ocurriendo echar la cuenta de los años 632 1| solo día tampoco se les ocurrió separarse y tomar cada cual 633 5| diablo de casualidad! ¡Ocurrírsele cogerme la llave de la biblioteca... 634 1| pasar a los dos vejetes, oficiales primero y segundo del gobierno 635 3| quería, que era: lasciate ogni speranza. -En fin, ¿cómo 636 3| Momento solemne. Caín no oía siquiera el canto del ruiseñor, 637 3| el día en que, después de oírla, exclamó:~ ~-¡Ver y creer! 638 1| arriba, por el gusto de oírle toser, según Abel, que tenía 639 3| explicación. Caín la pedía con los ojillos burlones llenos de chispas.~ ~ 640 4| apuradas huérfanas, había ido olvidándolas, no sin dejarlas antes en 641 2| exclamó don Abel, y suspiró, olvidándose de las tonterías epigramáticas 642 3| perdonar, que no sabía, llegó a olvidarse del benedictino.~ ~Y habían 643 4| cosieran para fuera». Caín se olvidó de las chicas como de todo 644 3| como antes, ligera, felina, ondulante; bailaba, si había con quién, 645 3| benedictino, ¡bendita sea la Orden! Son unos sabios estos reverendos. ¡ 646 2| un pellizco salí con una oreja rota.~ ~-Sí, ya sé. Por 647 2| pierdo yo, que pierdo las orejas, y dile también que si la 648 1| entre los negrillos que orlaban la carretera de Galicia, 649 3| una tarde gris y tibia de otoño, oyendo cantar un ruiseñor 650 3| tarde gris y tibia de otoño, oyendo cantar un ruiseñor en un 651 1| lado, como hicieron San Pablo y San Bernabé, y eso que 652 3| bien, pero, ¿y qué? Nieves padecía infinito, pero, como su 653 3| fabricado por los ilustres Padres para un regalo de rey, con 654 2| fueran íntimos de su padre. «¡Padrino, baila conmigo!» ¡Qué miel 655 3| Sesostris, entre bandas de paja, alambre, tela lacrada, 656 3| vaporosa, pero arrugada, seca, pálida; los años para ella habían 657 4| Trujillo, de negro, muy pálidas, apiñadas alrededor de la 658 2| quedado serio y un poco pálido. Sus ojos fijos veían a 659 4| Nieves le pega con el pañuelo en los ojos y echa a correr 660 3| Catemos, eso, y se verá si es paparrucha lo del mérito extraordinario 661 3| él mismo veía el triste papel que sus hijas hacían ya 662 3| había ido a parar aquel par de frascos casi divinos 663 4| turba. Nota que Nieves se ha parado también, ya no envejece 664 3| dioses. Cómo había ido a parar aquel par de frascos casi 665 4| acuerda de sus desgracias. Parece contenta de su suerte. No 666 3| verla...~ ~Tan excelente le pareció a don Abel el pernil que 667 3| aire, solía escoger por pareja a Nieves. Se la veía pasar 668 3| Trujillo había regalado un pariente, voluntario en la guerra 669 4| contacto. «No hubo malicia por parte de ella ni por la mía. De 670 4| las empieza a ver en todas partes. No faltan jamás en las 671 5| Oh, es claro! En este particular no puedo hacerme ilusiones. 672 3| benedictino.~ ~Y habían pasado todos aquellos años, muchos, 673 5| estas cosas del pecado, pasan a veces como en las comedias, 674 3| Pasaron algunos; Abel estuvo cesante 675 3| aquel salón de sus triunfos, paseaba sin corte entre una multitud 676 3| relamiéndose a priori.~ ~Pasó el solterón la lengua por 677 3| vals, más correcta en sus pasos, más vaporosa, pero arrugada, 678 1| todas las tardes como los pastores de don Quijote, a campo 679 5| Oh! sí; estas cosas del pecado, pasan a veces como en las 680 4| la cortedad propia de su peculio y de su egoísmo a las apuradas 681 5| lance, y querer aturdirse, y pedirme algo que la arrancara el 682 4| blanda la carne. -Nieves le pega con el pañuelo en los ojos 683 4| todavía por dentro, no vio el peligro de aquel contacto. «No hubo 684 2| a Caín, un efecto raro, peligroso, diabólico... Y la chica 685 2| Pacorro... A Nieves no la pellizcaba él nunca; no se atrevía, 686 2| metían en casa! El diablo que pellizcara a la chica. Valiente tentación 687 2| y dile también que si la pellizcase a ella puede que no se quejara...~ ~- 688 2| en el cuerpo, se puso a pensar, que siempre se le estaba 689 5| puedo hacerme ilusiones. Lo peor fue lo otro. Aquello de 690 1| siempre delante), y los veían perderse a lo lejos, entre los negrillos 691 3| día era aquel.~ ~Caín, sin perdonar, que no sabía, llegó a olvidarse 692 3| Todo era ojos. Debajo de un periódico, que era la primera cubierta, 693 3| hundía en un sofá a leer periódicos, crímenes y viajes de hombres 694 2| pueblo? ¿Y bailar? ¿No es la perla del casino cuando la emprende 695 3| aunque otra le quedaba. Se permitía, como corta recompensa a 696 3| gran hermosura, sin duda, persistente... pero inútil. Y demasiada.»~ ~ 697 1| comodidad para su propia persona. Cuando algún chusco veía 698 1| maneras, y Caín quería a las personas para sí, y, si cabía, para 699 3| y se decía que Nieves, a pesar de todo, seguía gustándole, 700 3| al sacar Caín dos habanos peseteros..., apareció la sorpresa 701 4| Estaba encantado. ¿Quién piensa en la desgracia ajena si 702 4| esculturales de su hermosa pierna. Enseñaba el pie, las enaguas 703 2| tentación había sacado él de pila...~ ~-Nieves -prosiguió 704 5| comedias, para que tengan más pimienta, más picardía... Bebió ella. ¡ 705 4| suelta un piropo como un pimiento, y ella le recibe como si 706 4| amorosos. Caín le suelta un piropo como un pimiento, y ella 707 2| de expansión y de dulces piscolabis lo confiesas; y, ¿a quién 708 4| Desde entonces sigue la pista a la solterona, esbelta 709 1| la lavandera, y si quería pitillos y cerillas tenía que comprarlos 710 3| contemplaba.~ ~Caín pensaba en las pobres Contenciosas también, y 711 | poca 712 4| no sin dejarlas antes en poder del sanísimo consejo de 713 4| mutua, disparatada... ; pero poderosa..., latente.»~ ~ ~ ~ 714 3| su delicia, única afición poética que se le conocía. Todo 715 1| tenía mujer y tres hijas pollas, a quienes en la actualidad, 716 2| botella y le limpiaba el polvo con un puñado de heno.~ ~- 717 4| oración, se la encuentra en el portal de su casa, de la casa del 718 1| se le había llevado de la posada donde antes le hacía mucho 719 4| de lejos, hablando en el postigo de una iglesia de monjas 720 2| frente de su amigo, en igual postura, hacía saltar el lacre de 721 2| Joaquín, sentado en la verde pradera, con un llacón entre las 722 3| incólumes; de guardar lo precioso de las injurias del ambiente.~ ~-¡ 723 5| de la biblioteca... y dar precisamente con el recuerdo de su padre, 724 3| restauraciones imposibles. Prefería el disgusto amargo y escondido 725 2| la casa.~ ~-Ya ves, Dios premia a los hombres sosos, honrados, 726 3| Bueno, pues yo también te preparo algo bueno, una sorpresa. 727 3| y alimentarlas bien para presentarlas en el mercado del matrimonio. 728 4| la tía caduca, volvían a presentarse en las calles céntricas, 729 3| las primeras estrellas, al primer aliento de la brisa, cuando 730 3| chispas.~ ~A la luz de las primeras estrellas, al primer aliento 731 3| baile a probar fortuna, y la primogénita se soltaba las cintas y 732 4| bajos blanquísimos, y el pie primoroso.~ ~Al día siguiente, también 733 4| su madre. Don Joaquín al principio las visitaba a menudo. Poco 734 3| los labios, relamiéndose a priori.~ ~Pasó el solterón la lengua 735 3| hermanas, iban al baile a probar fortuna, y la primogénita 736 3| benedictino -repitió Abel, procurando aparecer modesto y sencillo 737 2| de Abel; porque Nieves le producía a él, a Caín, un efecto 738 2| majadero, que tan feliz se las prometía, en teniendo un poco de 739 2| él de pila...~ ~-Nieves -prosiguió Abel - se casará cuando 740 1| haciendo gestos de débil protesta y de relativo disgusto. 741 3| Joaquín de secretario en otra provincia. Volvieron a juntarse en 742 1| hombres a los diputados provinciales que eran magistrados de 743 3| crímenes y viajes de hombres públicos. Ya no leía folletines.~ ~ 744 1| natural enemigo, su rival pudiera decirse. Le había quitado 745 3| Abel sacudió la cabeza y no pudo decir lo que quería, que 746 2| si la pellizcase a ella puede que no se quejara...~ ~- 747 2| decálogo, dándoles hijas que pueden hacer bodas disparatadas, 748 5| claro! En este particular no puedo hacerme ilusiones. Lo peor 749 3| el cura hablaba, desde el púlpito, de la carne, a la mayor 750 2| limpiaba el polvo con un puñado de heno.~ ~-Sí, envidias 751 1| tenía enamorado hasta el punto de considerar grandes hombres 752 4| los remordimientos que le punzan, Caín reflexiona que él 753 3| manga de café, lleva tú puros; no te digo más.~ ~Y aquella 754 3| Dios dónde; los pocos que quedaban en el pueblo, retraídos, 755 2| Pacorro?~ ~Caín se había quedado serio y un poco pálido. 756 3| cuando él muriera, cuando quedaran solas en el mundo, sin saber 757 3| disgusto amargo y escondido de quedarse en casa, de no ir a bailes 758 3| incorporarse para admirar, quedó en cuclillas como un idólatra 759 2| pellizcase a ella puede que no se quejara...~ ~-Hombre, eres un chiquillo; 760 | querer 761 3| para en su día. -Y no había querido jamás explicar qué día era 762 | quienes 763 2| Abel - se casará cuando quiera; siempre es la reina de 764 4| en la desgracia ajena si quiere ser feliz y conservarse?~ ~ 765 1| lleva a paseo y le da con la quijada del burro. ¿No se la ven 766 1| como los pastores de don Quijote, a campo raso, y chupándose 767 2| casaste eres hombre muerto; quisiste tener digna esposa y sólo 768 1| pudiera decirse. Le había quitado la mitad de su Abel; se 769 3| eran joyas riquísimas y raras, selección de lo selecto, 770 1| de don Quijote, a campo raso, y chupándose los dedos, 771 1| efecto, existía. Solía ser realmente un hueso de un animal, pero 772 4| avinagrado de solterona rebelde. Está alegre, coquetea como 773 4| como un pimiento, y ella le recibe como si fuera gloria. Una 774 4| lascivos, bajo el manto recobraban fuerza, expresión. Podía 775 3| Se permitía, como corta recompensa a su renuncia, el placer 776 3| respeto indiferente; se reconocía que bailaba bien, pero, ¿ 777 3| fingiendo gran filosofía, reconociéndose gallina, aunque otra le 778 5| dar precisamente con el recuerdo de su padre, con el frasco 779 2| y el pensamiento en los recuerdos melancólicos de su vida 780 2| padre de familia con pocos recursos. Y como si hablara consigo 781 3| con tales miramientos, refinamientos y modos exquisitos, que 782 4| remordimientos que le punzan, Caín reflexiona que él mismo debió de trastornarse 783 1| vinos y licores, y eso le regalaba, y Caín contaba con el arte 784 3| manga que a Trujillo había regalado un pariente, voluntario 785 2| cuando quiera; siempre es la reina de los salones; a lo menos, 786 1| para sí, y, si cabía, para reírse de las debilidades ajenas, 787 3| triunfante, llevaba a los labios, relamiéndose a priori.~ ~Pasó el solterón 788 1| gestos de débil protesta y de relativo disgusto. Ni un día solo, 789 3| exclamó Caín en un tono religioso impropio de su volterianismo. 790 3| estaba allí, en la copa reluciente, de modo misterioso que 791 5| se puso! Bebí yo... ¿qué remedio? obligado.~ ~«¡Quién le 792 5| Abel, ni para el propio remordimiento. Fue para los socios viejos 793 4| sucedido, para matar los remordimientos que le punzan, Caín reflexiona 794 4| y eso que había en él un renacimiento de aventurero galante. Estaba 795 1| muchos años, dejaron de reñir al emprender su viaje vespertino; 796 3| como corta recompensa a su renuncia, el placer material, y para 797 3| fetiche.~ ~-El benedictino -repitió Abel, procurando aparecer 798 2| gracia...~ ~-Pues por eso me repito.~ ~-¡Cerca de treinta años! - 799 4| enaguas blanquísimas que resaltaban bajo la falda negra. Sus 800 3| Abel, triste, humilde, resignado, reveló su secreto, diciendo:~ ~- 801 3| en aquella ocasión supo resistir y negó a Caín el placer 802 3| entusiasmado, tomó una resolución, y al despedirse hasta la 803 4| ni por la mía. De la mía respondo. Fue cosa de la naturaleza. 804 3| martirio de un tocado que pedía restauraciones imposibles. Prefería el 805 3| brecha. Se había batido en retirada, pero siempre en su puesto.~ ~ 806 3| que quedaban en el pueblo, retraídos, metidos en casa o en la 807 3| triste, humilde, resignado, reveló su secreto, diciendo:~ ~- 808 3| Orden! Son unos sabios estos reverendos. ¡Excelente!~ ~Abel bebió 809 1| bien condimentada. Cosa rica. Merendaban casi todas las 810 3| aguardado..., pero ya es ridículo..., ya... -Abel sacudió 811 1| gracia, le parecían muy ridículos, y tenía en ellos un estuche 812 1| Galicia, solía exclamar riendo:~ ~-Hoy le mata, hoy es 813 3| quedaba en casa, eran joyas riquísimas y raras, selección de lo 814 3| ridículas, feas por anticuadas y risibles..., y las amaba más, y las 815 2| era ese?~ ~-La segunda, Rita, todavía se defiende.~ ~-¡ 816 1| Era su natural enemigo, su rival pudiera decirse. Le había 817 1| hueso de un animal, pero rodeado de mucha carne, y no de 818 3| que dejaran huella en su rostro, en todo su cuerpo; se parecía 819 2| pellizco salí con una oreja rota.~ ~-Sí, ya sé. Por cierto 820 3| nuevos ya no la conocían, no sabían lo que había sido aquella 821 3| alambre, tela lacrada, sabio artificio de la ciencia 822 3| bendita sea la Orden! Son unos sabios estos reverendos. ¡Excelente!~ ~ 823 3| negó a Caín el placer de saborear el néctar de aquellos frascos.~ ~- 824 2| Valiente tentación había sacado él de pila...~ ~-Nieves - 825 3| hicieron café..., y al sacar Caín dos habanos peseteros..., 826 3| edad de Cristo y se dejaba sacrificar por el vestido que la estallaba 827 3| ridículo..., ya... -Abel sacudió la cabeza y no pudo decir 828 3| metidos en casa o en la sala de tresillo. Nieves, en 829 4| muy concurridas. Primero salen todas juntas, como antes. 830 2| ayer por darla un pellizco salí con una oreja rota.~ ~-Sí, 831 3| exclusivamente a la suya... Salían sus hermanas, iban al baile 832 2| siempre es la reina de los salones; a lo menos, por lo que 833 2| en igual postura, hacía saltar el lacre de una botella 834 4| otra calle solitaria. La saluda de lejos. Un día le para 835 4| dejarlas antes en poder del sanísimo consejo de que «se dejaran 836 4| que está como nuevo; más sano y fresco que cuando ella 837 3| de conservar los cuerpos santos incólumes; de guardar lo 838 | sea 839 3| vaporosa, pero arrugada, seca, pálida; los años para ella 840 3| humilde, resignado, reveló su secreto, diciendo:~ ~-Estos frascos... 841 1| vejetes, oficiales primero y segundo del gobierno civil desde 842 3| cogidos del brazo y no muy seguros de piernas, emprendieron 843 3| joyas riquísimas y raras, selección de lo selecto, fragmento 844 3| y raras, selección de lo selecto, fragmento de un tesoro 845 3| que separó por más de una semana a los dos constantes amigos. 846 3| procurando aparecer modesto y sencillo en aquel momento solemne 847 3| un barbián! Excelentísimo señor benedictino, ¡bendita sea 848 2| exclamaba don Joaquín, sentado en la verde pradera, con 849 3| mujer que dice mucho a los sentidos?~ ~Pues no había renunciado 850 1| amigos, y apóstoles. No se separaban porque Abel cedía siempre.~ ~ 851 1| hubiera consentido en la separación, en pasear sin el amigo; 852 1| día tampoco se les ocurrió separarse y tomar cada cual por su 853 4| de fuego y le asegura muy seria que está como nuevo; más 854 4| de la naturaleza. Tal vez sería antigua inclinación mutua, 855 1| antes le hacía mucho más servicio que la cómoda y la mesilla 856 1| dos buenos mozos del año sesenta, inseparables amigos desde 857 3| como podía la momia de Sesostris, entre bandas de paja, alambre, 858 1| su cocinera de solterón sibarita. Los dos disponían de algo 859 4| horrores. -Desde entonces sigue la pista a la solterona, 860 3| novena clase, invisibles a simple vista, ya nadie hablaba 861 3| decir que aquel líquido singular, tan escaso en el mundo, 862 2| envidias mi suerte, mi sistema, mi filosofía -exclamaba 863 5| remordimiento. Fue para los socios viejos del Casino que le 864 4| catástrofes, y que había socorrido con la cortedad propia de 865 3| cintas y se hundía en un sofá a leer periódicos, crímenes 866 4| Nieves se la ve muchas veces sola con la criada. Se la ve 867 3| muriera, cuando quedaran solas en el mundo, sin saber más 868 1| los dedos, en cualquier soledad de las afueras. Caín llevaba 869 3| no faltaban las de días solemnes. Los paseos, como antaño, 870 4| tardes en una y otra calle solitaria. La saluda de lejos. Un 871 4| le arroja en los brazos, sollozando y con un ataque de nervios 872 3| fortuna, y la primogénita se soltaba las cintas y se hundía en 873 3| bendita sea la Orden! Son unos sabios estos reverendos. ¡ 874 3| baile. ¡Novio!... ¡Quién soñaba ya con eso! Todos aquellos 875 2| Dios premia a los hombres sosos, honrados, fieles al decálogo, 876 4| elegante, de quien Caín sospechaba horrores. -Desde entonces 877 3| que era: lasciate ogni speranza. -En fin, ¿cómo ha de ser?- 878 4| espero a usted hace una hora. Súbame usted a su cuarto. Le necesito. - 879 4| su cuarto. Le necesito. -Suben y le pide dinero, poco pero 880 4| después, para explicarse lo sucedido, para matar los remordimientos 881 3| le había costado a él de sudores y trabajo el vestir a aquellas 882 2| con ella... y asesino a mi suegra. Nada, trato hecho; tú me 883 1| disponían de algo más que el sueldo, aunque lo de Abel era muy 884 4| escándalos amorosos. Caín le suelta un piropo como un pimiento, 885 2| epigramáticas de su amigo, sumiendo en el cuerpo un trago de 886 3| cera, en aquella ocasión supo resistir y negó a Caín el 887 1| Joaquín el primero, por supuesto; siempre delante), y los 888 | tales 889 3| casa, de no ir a bailes ni teatros, fingiendo gran filosofía, 890 3| sí cerdo alguno nacido en Teberga. Después, en la manga que 891 3| bandas de paja, alambre, tela lacrada, sabio artificio 892 3| los viejos meditaban. Abel tembló. Fue un escalofrío de la 893 2| respeto raro, y además, temía que un pellizco en aquellas 894 3| para ella habían sido como tempestades que dejaran huella en su 895 3| Abel estuvo cesante una temporada y Joaquín de secretario 896 2| calaverón eterno. ¿Cuándo tendrás tú una hija como Nieves, 897 | tener 898 5| en las comedias, para que tengan más pimienta, más picardía... 899 4| mística, y las demás no tenían gracia. Caín, que había 900 3| sobre el vientre. ¿No había tenido fama de hermosa? ¿No le 901 2| feliz se las prometía, en teniendo un poco de Priorato en el 902 2| pellizcara a la chica. Valiente tentación había sacado él de pila...~ ~- 903 3| estaban? Unos de jueces de término a cien leguas: otros en 904 3| selecto, fragmento de un tesoro único fabricado por los 905 | ti 906 3| oscurecer de una tarde gris y tibia de otoño, oyendo cantar 907 4| coquetea como en los mejores tiempos. No se acuerda de sus desgracias. 908 4| tus hermanas sí. No sé si tienes dura o blanda la carne. - 909 2| mismo continuó mirando a la tierra:~ ~-La mayor...~ ~-Hola - 910 3| a esa por lo visto no la tira el matrimonio. Sin embargo, 911 2| a lo menos, por lo que toca a bailar...~ ~-Como bailar.. 912 3| tiempo y al martirio de un tocado que pedía restauraciones 913 3| aunque ahora el primero que tomaba por Oriente era Joaquín, 914 | tomar 915 3| Trujillo, entusiasmado, tomó una resolución, y al despedirse 916 3| benedictino! exclamó Caín en un tono religioso impropio de su 917 2| suspiró, olvidándose de las tonterías epigramáticas de su amigo, 918 1| arriba, por el gusto de oírle toser, según Abel, que tenía su 919 3| costado a él de sudores y trabajo el vestir a aquellas muchachas 920 3| puesto.~ ~Nieves... era una tragedia del tiempo. Había envejecido 921 2| sumiendo en el cuerpo un trago de vino del Priorato y el 922 1| generalmente los bocados y Abel los tragos, porque Abel tenía un cuñado 923 2| aquellas carnes fuera una traición a la amistad de Abel; porque 924 4| concurridos. Devoraban a los transeúntes con los ojos. Daban codazos 925 1| pellizcos. Con quien él no transigía era con la madre. Era su 926 3| mal; cuando algún solterón trasnochado se decidía a echar una cana 927 4| reflexiona que él mismo debió de trastornarse como ella, que creyéndose 928 1| alegre o insípida, según se trate de don Joaquín o de don 929 2| asesino a mi suegra. Nada, trato hecho; tú me das en dote 930 1| mucho, porque tenía mujer y tres hijas pollas, a quienes 931 3| en casa o en la sala de tresillo. Nieves, en aquel salón 932 2| mayor? Jumera segura... tristona como todas tus cosas.~ ~- 933 3| modo misterioso que Caín, triunfante, llevaba a los labios, relamiéndose 934 4| de las artesanas.~ ~Caín tropieza con ella varias tardes en 935 3| lástima infinita desde la tumba en que él ya se contemplaba.~ ~ 936 4| come con los ojos. Caín se turba. Nota que Nieves se ha parado 937 | tuyo 938 3| puso muy serio Caín.~ ~-Mi última esperanza era Nieves..., 939 3| a cien leguas: otros en Ultramar haciendo dinero, otros en 940 3| fragmento de un tesoro único fabricado por los ilustres 941 1| mano en las horas de mayor urgencia.~ ~* ~ ~ 942 | ustedes 943 2| mayor nació... sí, justo; va para veintiocho, y la pobre, 944 2| que pellizcara a la chica. Valiente tentación había sacado él 945 3| cortesano.~ ~Abel, ciego de vanidad y agradecido, exclamó:~ ~- 946 3| correcta en sus pasos, más vaporosa, pero arrugada, seca, pálida; 947 | varias 948 2| nació... sí, justo; va para veintiocho, y la pobre, con aquellos 949 1| chusco veía pasar a los dos vejetes, oficiales primero y segundo 950 1| quijada del burro. ¿No se la ven ustedes? Es aquel bulto 951 3| sabía él que su amigo le veneraba y admiraba. ~ ~Aquel frasco, 952 3| creer! Catemos, eso, y se verá si es paparrucha lo del 953 2| mejor que a mí, tu amigo verdadero desde la infancia hasta 954 1| reñir al emprender su viaje vespertino; pero ni un solo día tampoco 955 3| dejaba sacrificar por el vestido que la estallaba sobre el 956 3| de sudores y trabajo el vestir a aquellas muchachas y alimentarlas 957 1| de reñir al emprender su viaje vespertino; pero ni un solo 958 3| leer periódicos, crímenes y viajes de hombres públicos. Ya 959 1| picardía, satisfecho de la victoria que siempre era suya, y 960 2| recuerdos melancólicos de su vida de padre de familia con 961 3| el corpachón y sobre el vientre. ¿No había tenido fama de 962 3| esta vez por adular como vil cortesano.~ ~Abel, ciego 963 2| en el cuerpo un trago de vino del Priorato y el pensamiento 964 1| cuñado que comerciaba en vinos y licores, y eso le regalaba, 965 4| era todavía por dentro, no vio el peligro de aquel contacto. « 966 3| aliento, contemplado su escote virginal... etc., ¿dónde estaban? 967 4| envejecer, a conservar la virilidad y demostrar que la conservaba. 968 4| Joaquín al principio las visitaba a menudo. Poco a poco fue 969 3| clase, invisibles a simple vista, ya nadie hablaba de ellas, 970 3| Nieves..., y a esa por lo visto no la tira el matrimonio. 971 4| Las huérfanas se fueron a vivir con una tía, tan pobre como 972 3| religioso impropio de su volterianismo. Y al incorporarse para 973 1| se lo parecían. La poca voluntad y el poco egoísmo de su 974 3| había regalado un pariente, voluntario en la guerra de Cuba, hicieron 975 3| placer material, y para ella voluptuoso, de aflojarse mucho la ropa, 976 2| chica era la única para volver locos a los viejos, aunque 977 4| alrededor de la tía caduca, volvían a presentarse en las calles 978 3| secretario en otra provincia. Volvieron a juntarse en su pueblo, 979 3| la lengua por los labios, volvió a oír el canto del ruiseñor, 980 2| conmigo!» ¡Qué miel en la voz mimosa! ¡Y qué miradonas 981 3| piernas, emprendieron la vuelta de casa, Abel, triste, humilde, 982 2| con media negra, dando vueltas por el salón colgada de 983 4| pocos meses las de Trujillo vuelven a las calles céntricas, 984 2| tiene así (juntando por las yemas los dedos de ambas manos).