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e) El « sí » al Espíritu Santo en la Confirmación
El sacramento de la Confirmación es el momento que expresa del modo más evidente y consciente el don y el encuentro con el Espíritu.
El confirmando ante Dios y su gesto de amor (« Recibe el sello del Espíritu Santo que te he dado en don »),(38) pero también ante la propia conciencia y la comunidad cristiana, responde « amén ». Es importante recuperar a nivel formativo y catequético el denso significado de este « amén ».(39)
Este « amén » quiere significar, ante todo, el « sí » al Espíritu Santo, y con El a Jesús. He aquí porqué la celebración del sacramento de la Confirmación prevé la renovación de las promesas bautismales y pide al confirmando el compromiso de renunciar al pecado y a las obras del maligno, siempre al quite para desfigurar la imagen cristiana; y pide, sobre todo, el compromiso de vivir el Evangelio de Jesús y en particular el gran mandamiento del amor. Se trata de confirmar y renovar la fidelidad vocacional a la propia identidad de hijos de Dios.
Este « amén » es un « sí » también a la Iglesia. En la Confirmación el joven declara que se hace cargo de la misión de Jesús continuada por la comunidad. Comprometiéndose en dos direcciones, para dar realidad a su « amén »: el testimonio y la misión. El confirmando sabe que la fe es un talento que hay que negociar; es un mensaje que transmitir a los otros con la vida, con el testimonio coherente de todo su ser; y con la palabra, con el valor misionero de difundir la buena nueva.
Y finalmente, este « amén » manifiesta la docilidad al Espíritu Santo en pensar y decidir el futuro según el designio de Dios. No sólo según las propias aspiraciones y aptitudes; no sólo en los tiempos puestos a disposición por el mundo; sino, sobre todo, en sintonía con el designio, siempre inédito e imprevisible, que Dios tiene sobre cada uno.