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Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiasticas
Nuevas vocaciones para nueva Europa

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d) La pastoral vocacional es general y específica

La pastoral vocacional, en suma, parte necesariamente de un conceptoamplio de vocación (y de la consiguiente llamada dirigida a todos), para, después, restringirse y precisarse según la llamada de cada uno. En tal sentido, la pastoral vocacional es primero general y después específica, según un orden que no parece razonable invertir y que desaconseja, en general, la propuesta inmediata de una vocación particular, sin algún tipo de catequesis gradual.

Por otro lado, siempre según tal orden, la pastoral vocacional no se limita a subrayar de modo general el significado de la existencia, sino que estimula a un compromiso personal en una opción concreta. No es separación, y mucho menos contraste, entre una llamada que resalta los valores comunes y fundamentales de la existencia y una llamada a servir al Señor « según la medida de la gracia recibida ».

El animador vocacional, todo educador en la fe, no debe temer proponer opciones valientes y de entrega total, aunque sean difíciles y no conformes a la mentalidad del mundo.

Por tanto, si todo educador es animador vocacional, todo animador vocacional es educador, y educador de cada vocación, respetando de ella lo específico del carisma. Toda llamada, en efecto, va unida a otra, la presupone y la exige, mientras todas en conjunto remiten a la misma fuente y al mismo objetivo, que es la historia de la salvación. Pero cada una tiene su peculiaridad particular.

El verdadero educador vocacional no sólo señala las diferencias entre una y otra llamada, respetando las diferentes inclinaciones de cada uno de los llamados, sino que deja entrever y remite a aquellas « supremas posibilidades » de radicalidad y dedicación, que están abiertas a la vocación de cada uno e innatas en ella.

Educar en profundidad a los valores de la vida, por ejemplo, significa proponer (y aprender a proponer) un camino que naturalmente desemboca en el seguimiento de Cristo y que puede conducir a la opción del seguimiento típica del apóstol, del sacerdote o del religioso, del monje que abandona el mundo, o del laico consagrado en el mundo.

Por otra parte, proponer tal seguimiento calificado como objetivo de vida exige, por su naturaleza, una atención y una formación previa a los valores fundamentales de la vida, de la fe, del agradecimiento, de la imitación de Cristo exigidos a todo cristiano.

De ello resulta una estrategia vocacional teológicamente mejor fundamentada y también más eficaz en el plano pedagógico. Hay quien teme que la ampliación del concepto de vocación pueda perjudicar a la específica promoción de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada; en la realidad sucede exactamente lo contrario.

La gradación en el anuncio vocacional, en efecto, permite moverse de lo objetivo a lo subjetivo, de lo genérico a lo específico, sin anticipar ni quemar las propuestas, sino haciéndolas converger entre ellas y hacia la propuesta decisiva para la persona, para indicar el tiempo apropiado y paracalibrar con prudencia, según un ritmo que tenga en cuenta al destinatario en su situación concreta.

El orden armónico y gradual hace mucho más provocadora y accesible la propuesta decisiva a la persona. En concreto, cuanto más formado esté el joven para pasar con sencillez de la gratitud por el don recibido de la vida a la gratuidad del bien que se da, tanto más será posible proponerle la entrega radical de sí mismo a Dios como salida normal y para algunos ineludible.




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