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Si los hombres
no ven milagros tantos
|
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como se vieron
en la edad pasada,
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es causa haber
agora pocos santos,
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y estar la ley
cristiana autorizada:
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y así de
cualquier cosa hacen espantos
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5
|
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que sobre el
natural uso es obrada;
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|
y no sólo al
Autor no dan creencia,
|
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mas ponen en su
crédito dolencia.
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|
Que si al
enfermo quiere Dios sanarle,
|
|
|
por su
costumbre y tiempo convalece:
|
10
|
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si al bajo
miserable levantarle,
|
|
|
por modos
ordinarios le engrandece,
|
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|
si al soberbio
hinchado derribarle,
|
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|
por naturales
términos se ofrece:
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|
de suerte que
las cosas de esta vida
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15
|
|
van por su
natural curso y medida.
|
[166]
|
|
Por do vemos
que Dios quiere y procura
|
|
|
hacer su
voluntad naturalmente,
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|
sirviendo de
instrumento la Natura,
|
|
|
sobre la cual
él solo es el potente;
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20
|
|
y así los que
creyeron por fe pura
|
|
|
merecen más que
si palpablemente
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|
viesen lo que,
después de ya visible,
|
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|
sacarlos de que
fue sería imposible.
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|
|
En contar una
cosa estoy dudoso,
|
25
|
|
que soy de
poner dudas enemigo,
|
|
|
y es un extraño
caso milagroso,
|
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|
que fue todo un
ejército testigo:
|
|
|
aunque yo soy
en esto escrupuloso,
|
|
|
por lo que
dello arriba, Señor, digo,
|
30
|
|
no dejaré en
efeto de contarlo,
|
|
|
pues los indios no dejan de
afirmarlo.
|
|
|
Y manifiesto
vemos hoy en día
|
|
|
que, porque la
Ley sacra se extendiese,
|
|
|
nuestro Dios
los milagros permitía
|
35
|
|
y que el
natural orden se excediese:
|
|
|
presumirse
podrá por esta vía
|
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|
que, para que a
la fe se redujese
|
|
|
la bárbara
costumbre y ciega gente,
|
|
|
usase de
milagros claramente.
|
40
|
|
Ya dije que el
ejército araucano
|
|
|
de la Imperial
tres leguas se alojaba,
|
|
|
en un dispuesto
asiento y campo llano
|
|
|
y que
Caupolicán determinaba
|
|
|
entrar el
pueblo con armada mano:
|
45
|
|
también como el
castigo dilataba
|
|
|
Dios a su
pueblo ingrato y sin emienda,
|
|
|
usando de
clemencia y larga rienda.
|
[167]
|
|
Estaba la
Imperial desbastecida
|
|
|
de armas, de
munición y vitualla;
|
50
|
|
bien que la
gente della era escogida,
|
|
|
pero muy poca
para dar batalla;
|
|
|
fuera por los
cimientos destruïda,
|
|
|
cualquier
fuerza bastara a arruinalla;
|
|
|
y persona de
dentro no escapara
|
55
|
|
si a vista el
pueblo bárbaro llegara.
|
|
|
Cuando el campo
de allí quería mudarse,
|
|
|
que ya la
trompa a caminar tocaba,
|
|
|
súbito comenzó
el aire a turbarse,
|
|
|
y de prodigios
triste se espesaba:
|
60
|
|
nubes con nubes
vienen a cerrarse,
|
|
|
turbulento
rumor se levantaba;
|
|
|
que con airados
ímpetus violentos
|
|
|
mostraban su
furor los cuatro vientos.
|
|
|
Agua recia,
granizo, piedra espesa
|
65
|
|
las intricadas nubes despedían:
|
|
|
rayos, truenos, relámpagos a
priesa
|
|
|
rompen
los cielos y la tierra abrían:
|
|
|
hacen los
vientos ásperos represa,
|
|
|
que en su
entera violencia competían:
|
70
|
|
cuanto topa
arrebata el torbellino,
|
|
|
alzándolo en
furioso remolino.
|
|
|
Un miedo igual
a todos atormenta:
|
|
|
no hay corazón,
no hay ánimo así entero
|
|
|
que en tanta
confusión, furia y tormenta
|
75
|
|
no temblase,
aunque más fuese de acero.
|
|
|
En esto
Eponamón se les presenta
|
|
|
en forma de un
dragón horrible y fiero,
|
|
|
con enroscada
cola, envuelto en fuego,
|
|
|
y en ronca y torpe voz les
habló luego,
|
80 [168]
|
|
diciéndoles:
que apriesa caminasen
|
|
|
sobre el pueblo
español amedrentado;
|
|
|
que por
cualquiera banda que llegasen
|
|
|
con gran
facilidad sería tomado;
|
|
|
y que al
cuchillo y fuego la entregasen
|
85
|
|
sin dejar
hombre a vida y muro alzado.
|
|
|
Esto dicho, que
todos lo entendieron,
|
|
|
en humo se
deshizo, y no lo vieron.
|
|
|
Al punto los
confusos elementos
|
|
|
fueron sus movimientos
aplacando,
|
90
|
|
y los
desenfrenados cuatro vientos
|
|
|
se van a sus
cavernas retirando:
|
|
|
las nubes se retraen a sus
asientos,
|
|
|
el cielo y
claro sol desocupando:
|
|
|
sólo el miedo
en el pecho más osado
|
95
|
|
no dejó su
lugar desocupado.
|
|
|
La tempestad
cesada, el raso cielo
|
|
|
vistió el
húmido campo de alegría;
|
|
|
cuando con
claro y presuroso vuelo
|
|
|
en una nube una
mujer venía
|
100
|
|
cubierta de un
hermoso y limpio velo,
|
|
|
con tanto
resplandor, que al mediodía
|
|
|
la claridad del
sol delante della
|
|
|
es la que cerca
dél tiene una estrella.
|
|
|
Desterrando el
temor la faz sagrada
|
105
|
|
a todos
confortó con su venida:
|
|
|
venía de un
viejo cano acompañada,
|
|
|
al parecer de
grave y santa vida:
|
|
|
con una blanda
voz y delicada
|
|
|
les dice:
«¿Adónde andáis gente perdida?
|
110
|
|
Volved, volved
el paso a vuestra tierra,
|
|
|
no vais a la
Imperial a mover guerra.
|
[169]
|
|
»Que Dios
quiere ayudar a sus cristianos
|
|
|
y darles sobre vos mando y
potencia;
|
|
|
pues ingratos,
rebeldes e inhumanos
|
115
|
|
así le habéis
negado la obediencia:
|
|
|
mirad, no vais allá, porque en
sus manos
|
|
|
pondrá Dios el
cuchillo y la sentencia.»
|
|
|
Diciendo esto,
y dejando el bajo suelo,
|
|
|
por el aire
espacioso subió al cielo.
|
120
|
|
Los araucanos
la visión gloriosa
|
|
|
de aquel velo
blanquísimo cubierta
|
|
|
siguen con
vista fija y codiciosa,
|
|
|
casi sin
alentar la boca abierta:
|
|
|
ya que
despareció fue extraña cosa
|
125
|
|
que, como quien
atónito despierta,
|
|
|
los unos a los
otros se miraban
|
|
|
y ninguna
palabra se hablaban.
|
|
|
Todos de un
corazón y pensamiento,
|
|
|
sin esperar mandato
ni otro ruego,
|
130
|
|
como si solo
aquel fuera su intento,
|
|
|
el camino de
Arauco toman luego;
|
|
|
Van sin orden,
ligeros como el viento,
|
|
|
paréceles que
de un sensible fuego
|
|
|
por detrás las espaldas se
encendían,
|
135
|
|
y así con mayor
ímpetu corrían.
|
|
|
Heme, Señor, de muchos
informado,
|
|
|
para no lo
escribir confusamente:
|
|
|
a veintitrés de
abril, que hoy es mediado,
|
|
|
hará cuatro
años cierta y justamente
|
140
|
|
que el caso
milagroso aquí contado
|
|
|
aconteció,
presente tanta gente,
|
|
|
el año de
quinientos y cincuenta
|
|
|
y cuatro sobre
mil por cierta cuenta.
|
[170]
|
|
Ya la verdad en
suma declarada,
|
145
|
|
según que de
los bárbaros se sabe,
|
|
|
y no de fingimientos adornada,
|
|
|
que es cosa que
en materia tal no cabe;
|
|
|
tienen ellos
por cosa averiguada
|
|
|
(que no es en
prueba desto poco grave)
|
150
|
|
que por esta
visión hubo en dos años
|
|
|
hambres, dolencias, muertes y
otros daños.
|
|
|
Que la mar,
reprimiendo sus vapores,
|
|
|
faltó la agua y
vertientes de la sierra,
|
|
|
talando el sol en tierna edad
las flores,
|
155
|
|
ayudado del
fuego de la guerra:
|
|
|
como creció la
seca y las calores,
|
|
|
por falta de
humidad la árida tierra
|
|
|
rompió banco y
alzose con los frutos
|
|
|
dejando de
acudir con sus tributos.
|
160
|
|
Causó que una
maldad se introdujese
|
|
|
en
el distrito y término araucano,
|
|
|
y fue que carne
humana se comiese,
|
|
|
(¡inorme
introdución, caso inhumano!)
|
|
|
y en parricidio
error se convirtiese
|
165
|
|
el hermano en
sustancia del hermano:
|
|
|
tal madre hubo,
que al hijo muy querido
|
|
|
al vientre le
volvió do había salido.
|
|
|
Digo, pues, que
los bárbaros llegando
|
|
|
al valle de
Purén, paterno suelo,
|
170
|
|
las armas por entonces
arrimando,
|
|
|
dieron lugar al
tempestuoso cielo.
|
|
|
En este tiempo,
en estas partes, cuando
|
|
|
el encogido
invierno con su hielo
|
|
|
del todo
apoderándose en la tierra
|
175
|
|
pone punto al
discurso de la guerra.
|
[171]
|
|
Espárcese y
derrámase la gente,
|
|
|
dejan el campo
y buscan los poblados,
|
|
|
cesa el fiero
ejercicio comúnmente,
|
|
|
la tierra
cubren húmidos nublados.
|
180
|
|
Mas cuando
enciende a Escorpio el sol ardiente
|
|
|
y la frígida
nieve los collados
|
|
|
sacuden de sus cimas levantadas
|
|
|
ya de la nueva
yerba coronadas,
|
|
|
en este tiempo
el bullicioso Marte
|
185
|
|
saca su carro
con horrible estruendo,
|
|
|
y ardiendo en
ira belicosa parte
|
|
|
por el
dispuesto Arauco discurriendo:
|
|
|
hace temblar la
tierra a cada parte,
|
|
|
los ferrados caballos
impeliendo,
|
190
|
|
y en la diestra
el sangriento hierro agudo
|
|
|
bate con la
siniestra el fuerte escudo.
|
|
|
Luego a furor movidos los
guerreros
|
|
|
toman las armas, dejan el
reposo;
|
|
|
acuden los remotos forasteros
|
195
|
|
al cebo de la
guerra codicioso:
|
|
|
de los hierros
renuevan los aceros;
|
|
|
templan la
cuerda al arco vigoroso;
|
|
|
el peso de las
mazas acrecientan,
|
|
|
y el duro
fresno de las astas tientan.
|
200
|
|
La gente andaba
ya desta manera,
|
|
|
con el son de
las armas y bullicio,
|
|
|
que codiciosa
comenzar espera
|
|
|
el deseado
bélico ejercicio:
|
|
|
juntáronse a la
usada borrachera
|
205
|
|
(orden antigua
y detestable vicio)
|
|
|
la más ilustre
gente y señalada
|
|
|
a dar
difinición en la jornada.
|
[172]
|
|
Tratando
en general concilio estaban
|
|
|
del bien y
aumentación de aquel estado,
|
210
|
|
cuando cuatro
soldados arribaban
|
|
|
con triste
muestra y paso apresurado,
|
|
|
haciéndoles saber cómo ya
andaban
|
|
|
en el sitio de
Penco arruïnado
|
|
|
cantidad de
españoles trabajando,
|
215
|
|
un grueso y
fuerte muro levantando;
|
|
|
diciéndoles:
«Venimos, oh guerreros,
|
|
|
de parte de los
pueblos comarcanos
|
|
|
con facultad
bastante a prometeros,
|
|
|
si desterráis
de nuevo a los cristianos
|
220
|
|
que pagarán con
suma de dineros
|
|
|
el trabajo y labor de vuestras
manos;
|
|
|
y no habiendo
el efeto deseado,
|
|
|
la tercia parte
hayáis de lo asentado.
|
|
|
»Viendo el poco
reparo y resistencia
|
225
|
|
que sin vuestro
favor todos tenemos,
|
|
|
les dimos
llanamente la obediencia
|
|
|
que en el
tiempo infelice dar solemos.
|
|
|
No fue por
opresión, no fue violencia;
|
|
|
pues, aunque
desdichados, entendemos
|
230
|
|
cuán breve es
el sospiro de la muerte,
|
|
|
que pone fin y
límite a la suerte:
|
|
|
»mas, porque
estando Arauco tan vecino,
|
|
|
y fija en su favor la instable
rueda,
|
|
|
la paz nos
pareció mejor camino
|
235
|
|
para que
remediar todo se pueda;
|
|
|
ya que lo
estrague el áspero destino,
|
|
|
tiempo para
morir después nos queda;
|
|
|
pues no estarán los brazos tan cansados
|
|
|
que no puedan
abrir nuestros costados.
|
240 [173]
|
|
»Y pues os es patente y
manifiesta
|
|
|
la embajada y
gran priesa que traemos,
|
|
|
en ella hora
tratada, que la respuesta
|
|
|
con la
resolución esperaremos:
|
|
|
brevedad os
pedimos, que con ésta
|
245
|
|
podrá ser que
sin riesgo derribemos
|
|
|
la soberbia
española y confianza,
|
|
|
antes que les
dé esfuerzo la tardanza.»
|
|
|
No se puede
decir el gran contento
|
|
|
que les dio a
los caciques la embajada:
|
250
|
|
de todos desde
allí en el pensamiento,
|
|
|
antes que se
acabase fue acetada:
|
|
|
pero tuvieron
freno y sufrimiento,
|
|
|
que la primera
voz estaba dada
|
|
|
al hijo de
Leocán, que, consultado,
|
255
|
|
así
responde en nombre del senado:
|
|
|
«Estamos con
razón maravillados
|
|
|
de lo que en
este caso hemos oído,
|
|
|
¿y es verdad que hay cristianos
tan osados
|
|
|
que quieren con
nosotros más ruïdo?
|
260
|
|
Sus, Sus, que
estos varones esforzados
|
|
|
acetan la
promesa y el partido:
|
|
|
no dando entero
fin a la jornada,
|
|
|
del trabajo no
quieren llevar nada.
|
|
|
»Bien os podéis
volver luego con esto,
|
265
|
|
que sin duda en
efeto lo pondremos,
|
|
|
y sobre los
cristianos, lo más presto
|
|
|
que se pueda
dar orden, llegaremos;
|
|
|
donde se
mostrará bien manifiesto
|
|
|
lo poco en que
nosotros los tenemos;
|
270
|
|
pero habéis de
advertir con sabio modo
|
|
|
que aviso se
nos dé siempre de todo.»
|
|